• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Perkins Rocha

Un ideario

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La historia reporta a tres indómitos desobedientes que influyeron en los cambios sociales que han transformado el mundo. Uno de ellos fue Henry Thoreau (1817-1862), filósofo norteamericano que, para protestar contra la agresión que en 1846 su país desató contra México y, además, por el sistema de esclavitud imperante en esos días, se negó a pagar sus impuestos y fue encarcelado. Después de ser liberado, se dedicó a escribir las razones que motivaron su comportamiento, y en un trabajo que fuere publicado cuatro años después de su muerte, llamado Desobediencia civil, propone su idea central que parte de considerar que los gobiernos no deben tener más poder que el que los ciudadanos estén dispuestos a concederles y, en consecuencia, si alguien se niega razonadamente a colaborar con el poder, debe estar dispuesto a desobedecerlo legítimamente (recordemos las diferencias entre legitimidad y legalidad) y a asumir con orgullo la pena de cárcel que conlleve su no cooperación. Por otra parte, señalaba Thoreau que el gesto de ese ciudadano de no evadir el castigo que conlleva su principista contumacia, debería ser motivo para que la opinión pública y el propio gobierno se replantearan los valores en pugna.

Mahatma Gandhi (1869-1948) recogió las ideas de Thoreau y las dimensionó en una estrategia amplia de efectos sociales llamada “resistencia no violenta”, la cual aplicó contra leyes discriminatorias que, entre otras cosas, prohibían al hindú trasladarse con libertad. Digno es recordar cuando fue encarcelado en la India por negarse a acatar la orden de abandonar un terreno por el cual luchaban unos agricultores. Al ser llevado a juicio por ello, dijo: “He desobedecido la orden que se me hizo llegar no por querer faltar el respeto a la autoridad legal, sino en obediencia a la ley más importante de nuestra vida, la voz de la conciencia”. Leo esta anécdota en un libro autobiográfico de Gandhi cuyo título por sí solo es suficientemente evocador de lo que, considero, es el inicio de toda gesta civil como la que nos convoca ahora a los venezolanos: Mis experiencias con la verdad. Gandhi, con una profunda solvencia ética y un valiente espíritu creativo –tal como lo han demostrado no pocos de los que hoy protestan–, no violento y contrario a la injusticia, arrinconó al Imperio inglés con ayunos, marchas de más de 100 kilómetros, huelgas generales, boicots a productos ingleses, pero suspendiendo inmediatamente las protestas cuando tomaban un cariz violento.

Sin embargo, es en el ideario de Martin Luther King (1929-1968) donde encuentro mayores elementos de inspiración con lo que ocurre actualmente, pues este líder, utilizando la resistencia no violenta, luchó por el restablecimiento de los derechos civiles y políticos a favor de la población negra norteamericana, que, como le ocurre a nuestra población disidente, era excluida y tratada desigualmente frente a la ley. King denunció que, tal como actualmente pasa en nuestro país, el reconocimiento constitucional de un derecho en el texto supremo no es garantía suficiente de su aplicación, pues la interpretación discrecional que de su contenido haga el gobierno puede llegar a ser desvirtuado absolutamente por él o, como ocurre en nuestro caso, por los tribunales de la República, que descaradamente burlan sus propias doctrinas vinculantes.

Hoy nuestra lucha, como la de King, es de principios civiles contra una tiranía institucional mercenaria de un gobierno que no escatima en violar derechos humanos si su permanencia entra en juego. Nuestra fuerza, la razón; nuestra arma, la creatividad civil no violenta; nuestro cuerpo, solo los jóvenes estudiantes, por ahora.