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Edgar Cherubini

La Jihad, guerra a muerte contra cristianos y judíos

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Djihad, Yihad o Jihad se refiere al decreto religioso de guerra, basado en el llamado por parte del Corán para la propagación de la ley de Alá

Los actos terroristas de la Jihad, o Guerra Santa contra los infieles que pretende la creación de un califato mundial, no solo amenazan a los judíos, se han extendido por igual a los cristianos, quienes son el blanco de ataques en Irak, Egipto, Líbano, Pakistán, Nigeria, Kenia, solo para citar algunos países. Como bien lo afirma Thierry Desjardins (Le Figaro): “Este odio hacia los cristianos ya no se trata de una cuestión de fe, atacando las iglesias, a sacerdotes y fieles, los islamistas pretenden destruir la civilización occidental, la democracia, lo que ellos llaman el ‘neocolonialismo’, los derechos del hombre, la igualdad entre hombres y mujeres, el progreso como nosotros lo concebimos”.

La reciente ofensiva jihadista contra los cristianos caldeos y católicos de Irak ha sido implacable en Mossoul y otras ciudades, forzando el éxodo de decenas de miles de creyentes hacia el Kurdistán. Entre las diversas ramas del cristianismo que se practican en el Medio Oriente, se encuentran los caldeos, cuyos rituales están considerados como los más antiguos del cristianismo, ya que llegaron a Irak de la mano del apóstol santo Tomás y aún cultivan el arameo, que era la lengua hablada en los tiempos de Jesús. Los jihadistas destruyeron sus templos.

En Nigeria ya se han hecho cotidianos los ataques contra iglesias y escuelas cristianas efectuados por el grupo terrorista islámico denominado Boko Haram. Lo mismo sucede en Kenya y otros países africanos. Es tal la preocupación del Vaticano, que ha lanzado una alerta a la opinión pública sobre “la creciente intolerancia, la feroz persecución y las matanzas a las que están siendo sometidos los cristianos en el Medio Oriente y África”.
Pero no solo los judíos y cristianos son blanco de la demencia islamista, los violentos ataques contra la comunidad budista en Birmania, matando a sus fieles e incendiando sus templos, sin duda se trata de una escalada de violencia organizada, como parte de la estrategia de la mundialización de la Jihad al desatar los demonios de una guerra de religiones.

La historia ha comprobado que la religión es un elemento movilizador tan eficaz como el nacionalismo. La noción de “choque de civilizaciones” ideada por Toynbee y popularizada por Huntington está siendo alimentada por la variable de la guerra religiosa dentro de la concepción de la Jihad. Utilizando la invisibilidad del combatiente suicida, el anonimato de un hombre-bomba o el de un francotirador que dispara sobre una multitud, el terrorismo es apenas una forma de ensayar sus asaltos a Occidente.

Según Toynbee, “significativamente las líneas de fractura entre civilizaciones son casi todas religiosas”. Esos son “los primeros empujones que una civilización le da a otra”, la que a su vez responde de la misma forma y así sucesivamente hasta que una de ellas termina paralizada o derrotada.
En Francia, donde cualquier acto antimusulmán es considerado un delito contrario a las leyes que garantizan la libertad de culto en un Estado democrático, no cesan las amenazas luego de las recientes masacres contra judíos en la vecina Bruselas y en Toulouse, perpetradas por “lobos solitarios” de la Jihad islámica y de la declaración de guerra contra los franceses del Aqmi (Al-Qaïda au Maghreb islamique).

Para Francia, como para cualquier país occidental, se plantea de nuevo el dilema que Churchill, con la causticidad que lo caracterizaba, resolvió en una oportunidad afirmando: “Nunca debes intentar pactar con los que te han declarado la guerra”.

edgar.cherubini@gmail.com