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Gabriel Antillano

Je suis Charlie

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Para el día de hoy tenía preparada una columna sobre cómo en nuestro país las profesiones son poco valoradas. Unas horas antes de enviarla he decidido no hacerlo. Me he enterado del atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo en Francia. Cualquier otro tema parece irrelevante ahora. Me siento a escribir esto, que se publicará unos cinco días después de lo ocurrido, con el entusiasmo de usar lo único que me queda como recurso para combatir el horror: la palabra.

Para quien no lo sepa, el pasado miércoles 7 de enero un par de hombres encapuchados entraron en la redacción del semanario francés Charlie Hebdo, cuyas oficinas se encuentran en París, portando rifles de asalto AK-47 y asesinaron a diez periodistas –entre ellos, el director del semanario, Stéphane Charbonnier, y tres caricaturistas: Jean Cabut (Cabu), Georges Wolinski (Wolinski) y Bernard Verlhac (Tignous)– y a dos policías. Charlie Hebdo es una publicación semanal famosa por sus caricaturas de corte satírico. El semanario es el heredero de la reconocida revista francesa Hara-Kiri (1960).

Charlie Hebdo siempre era causa de grandes polémicas, en especial entre la comunidad musulmana, religión a la cual dedicaban muchas ingeniosas burlas. Eran habituales las amenazas de muerte que recibía la redacción, situación que sirvió de tema central para el documental de Daniel Leconte Es duro ser amado por idiotas (2008). El dibujante y director de la revista desde 2009, Charbonnier, contaba con protección policial debido a las constantes amenazas que recibía. La situación tuvo su momento más tenso en noviembre de 2011, cuando incendiaron las oficinas de redacción y hackearon sus portales en Internet. Aquel ataque se debió a una portada en particular que publicaron donde se mostraba al profeta Mahoma diciendo: «Son 100 latigazos si usted no está muerto de risa».

Los detalles del atentado surgidos hasta el momento son de menor relevancia. Tales como que uno de los policías asesinados –vaya ironía– era musulmán; que los terroristas entraron preguntando por personas específicas, por Charbonnier en particular; las declaraciones del gobierno francés condenando este horrendo «acto de barbarie» o que la portada de la última edición hasta la fecha estaba dedicada al polémico escritor francés Michel Houellebecq y su última novela, Sumisión, donde el autor imagina una distopía islámica futura en Francia. También es importante mencionar las numerosas protestas en Francia organizadas inmediatamente después del atentado a manera de rechazo a los acontecimientos. A través de las redes sociales mucha gente manifestó su disgusto ante las muertes e inmediatamente se hizo viral la consigna «Je suis Charlie» (Yo soy Charlie), en solidaridad con la revista y a favor de la libertad de expresión.

Llama la atención que este atentado ocurra poco tiempo después de la polémica entre Corea del Norte y Estados Unidos con respecto a la película The Interview (2014). La película, dirigida por Evan Goldberg y protagonizada por James Franco y Seth Rogen (quien también codirige junto con Goldberg), es una comedia un tanto idiota sobre una misión en la que los dos protagonistas buscan asesinar al dictador Kim Jong-un. Antes de estrenarse la película, Corea del Norte prohibió su proyección y amenazó con sabotear el estreno. Ante las amenazas, la productora Sony retrasó el estreno, para luego proyectarla en algunos cines selectos y finalmente montar el largometraje entero en Internet. Corea respondió en forma de hackeos e incluso Obama intervino en el conflicto dando declaraciones a favor de la libertad de expresión y haciendo duras advertencias al país asiático.

Un buen amigo me comentaba su rechazo a que se erigiera una comedia comercial idiota como símbolo de libertad, y a sus cómicos actores principales como par de lumbreras de la justicia mediática. Yo creo que mi amigo se equivoca. Para empezar, esto no ha ocurrido del todo, nadie vinculado a The Interview se encuentra dictando conferencias sobre el tema con respaldo académico ni nada por el estilo. Sin embargo, así como fue una película cómica, ha podido ser un panfleto, una novela o incluso una publicación intelectual. Lo relevante no es la película en sí, tan solo el valor y el respeto adherido a la libertad de expresión. La manifestación del derecho individual de cada quien de expresar su opinión, que se pueda decir lo que se quiera, en clave de burla o no, y que no se censure ni se tomen represalias por ello.

Charlie Hebdo es una publicación también de corte humorístico. A través del ingenio, muchas de las caricaturas que publicaban hacían fuertes críticas rozando lo vulgar y grosero. El humor satírico usa la burla como critica; se critica desde la risa. Aunque el contenido de una caricatura sea fuerte, e incluso hasta grotesco y vulgar, no se conoce ninguna muerte causada por este tipo de expresión –abstenerse los chistes sobre «morir de risa»–. El humor es una manifestación de inteligencia y tal vez por ello siempre está tan ausente en los movimientos extremistas. Genio es quien puede reír a pesar de no estar de acuerdo con el chiste, o si bien la burla es hacia sí mismo.

La sátira busca criticar a partir de la ridiculización ingeniosa de aquello que se cuestiona. La sátira puede a veces ofender, porque sí, a veces el humor ofende a muchos, en especial a personas que se toman demasiado en serio a sí mismas.

Quienes responden con ataques terroristas a una revista, no creen en el pensamiento ni están dispuestos a aceptar posiciones contrarias. La religión, como dice el escritor Salman Rushdie, es una forma medieval de no-razón. El fundamentalismo religioso representa un peligro para la libertad del individuo. Quienes dicen que todo extremismo es malo venga de donde venga están en lo correcto, pero no consideran algo cada vez más evidente: dentro del islam hay un problema. Muchas religiones son violentas, a través de la historia el cristianismo se ha cargado más vidas de las imaginables, pero el extremismo islámico se ha vuelto cada día más común y, a su vez, más peligroso. Sobre ello, otro aporte de Rushdie del lunes: «Este totalitarismo religioso ha provocado una mutación mortal en el corazón del islam cuyas consecuencias se han visto hoy en París».

Sorprende cómo actualmente siga existiendo el pensamiento totalitario. El totalitarismo religioso y el totalitarismo político tienen en común el ataque al pensamiento. Son posiciones adversas a la pluralidad y a la libertad, por lo que mantienen un rechazo absoluto a la crítica, sea humorística o no, porque invita a la reflexión. La lógica y la razón no pueden existir. El totalitarismo impone su discurso y plantea una sola idea, nada más. Cualquier idea diferente debe ser errada, porque se cree que la suya es la correcta.

Que la publicación de un semanario satírico resulte en la muerte de doce personas a mano de un grupo extremista religioso es espeluznante. Quien crea que por una creencia vale la pena matar ni siquiera valora su propia existencia, la cual tal vez no merezca. No hay palabras para calificar a quien mate a personas cuyo único crimen ha sido publicar una revista humorística que se burla de la religión musulmana, sin importar qué tan dura resulte la crítica.

Mucha gente se maravilla diariamente con los avances tecnológicos de nuestra sociedad moderna. De cierta forma, el desarrollo científico se admira como el desarrollo humano y social. Sin embargo, hechos tan lamentables como el infame atentado a Charlie Hebdo a mano de fanáticos religiosos que no toleran el humor cuando este toca sus creencias, nos recuerdan que nuestro avance ha sido meramente material, mas no humano. Son manifestaciones de que la sociedad aún sigue mostrando su cara más salvaje, esa que no cree en la libertad individual. Ante ello, a quienes no pertenecemos al grupo de las bestias solo nos quedan la pena y la vergüenza.

Respeto eterno para los muertos en el atentado a Charlie Hebdo y solidaridad con el personal de la revista. Quisiera honrar a la publicación de la única forma que puede hacerse: con ingenio y humor, solo que hoy no tengo ganas. Que cada quien diga lo que le dé la gana, seamos provocadores e irreverentes, porque todos somos Charlie.