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Jesús Ollarves Irazábal

Je suis Charlie,
comme je suis Nigeria

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BokoHaram significa la educación occidental es un pecado. Es una organización islámica, fundamentalista y terrorista. Se creó en 2002 y ha operado principalmente en Nigeria. Sus actuaciones buscan sustento en las corrientes más ortodoxas del islam, entre ellas el yihadismo, entendido como la lucha armada para extender la ley de Dios).

Entre los objetivos de BokoHaram figura la imposición de la Sharia (la ley islámica) en los 36 estados de Nigeria. En el norte del país africano, donde la población es mayoritariamente musulmana la Sharia ha sido tradicionalmente considerada como un código de justicia informal, pero en el sur es rechazada por los sectores cristianos.

Como toda organización terrorista de carácter fundamentalista, BokoHaram no es una organización política que busca el poder. No pretende sustituir al stablishment, sino velar por que se cumpla fielmente la interpretación ortodoxa del Islam. No se pronuncia acerca de las formas políticas ni la legitimidad de los gobernantes siempre que sean musulmanes fieles y tengan en cuenta los dictámenes de la comunidad de estudiosos legales del Islam y la Sharia, denominados ulemas.

El fundamentalismo islámico se encuentra en permanente conflicto con los Estados laicos, donde la religión no determina la política nacional. Tal conflicto tiene su origen en los preceptos mayoritariamente aceptados y reconocidos por la comunidad internacional de Estados en su conjunto, y consagrados, por ejemplo, en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: la prioridad de la promoción y respeto de los derechos humanos, la preeminencia de la ley civil sobre la religión; la igualdad entre hombres y mujeres; la separación entre iglesia y el Estado, y la aceptación de los derechos religiosos, incluida la apostasía, entre los cuales se incluye el derecho de ser ateo, agnóstico o politeísta.

El terrorismo es la herramienta de BokoHaram. De hecho, impone el terror de diferentes formas: secuestra, asesina mujeres, ancianos y niños, quema viviendas, y dispara de forma despiadada en contra de la población.

El 14 de abril  de 2014, como parte de una campaña en contra de la educación occidental en los estados del nordeste de Nigeria  Borno, Yobe y Adamawa, secuestró más de 200 niñas de una escuela en Jibia. 53 pudieron escapar y una de ellas contó que eran violadas varias veces por día y forzadas a convertirse al Islam. Si se resistían, les cortaban la garganta. El secuestro trajo como consecuencia que todas las escuelas en el estado de Borno fueran cerradas, con lo cual se restringió, aún más, el derecho a la educación.

El 5 de mayo de 2014, el líder del grupo, AbubakarShekau, reivindicó el secuestro a través de un video en el cual afirmó que las vendería en el mercado y que la educación occidental debía cesar.

Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), el 5 de octubre de 2014 BokoHaram, atacó el pueblo de MalanFatori, con lo cual provocó la huida de más de mil personas hacia Níger. El 24 de noviembre de 2014 efectuó otro ataque, en el pueblo de Damassak, el cual dejó 50 muertos y obligó al menos a 3.000 personas a huir a la región de Diffa, en el vecino Níger.

Cuando de extremismos se trata, las consignas de año nuevo no sirven de nada y mucho menos en África. El 2015, se inició con más ataques terroristas, ejecutados por BokoHaram. El 3 de enero de 2015, cientos de terroristas armados se apoderaron de la ciudad Baga, pueblos vecinos y una base militar multinacional. Frente al hecho, el presidente del gobierno local, Musa Bukar, advirtió que los cadáveres estaban apilados en basureros  y no era seguro ir a recogerlos para enterrarlos.

La masacre fue tan escandalosa, que Amnistía Internacional calcula 2.000 muertos. En una nota realizada por el investigador Daniel Eyre, adscrito a la referida organización humanitaria, manifestó que el ataque contra la ciudad de Baga y localidades anexas “podría ser el acto más letal en el catálogo de ataques cada vez más despreciables de BokoHaram”.

El terror no cesa. El 9 de enero, en la ejecución de su campaña de violencia indiscriminada, BokoHaram hizo explotar la entrada de un mercado de Maiduguri, capital del Estado de Borno, la carga explosiva la llevaba una niña de 10 años, y se calcula al menos 19 personas perdieron la vida y otras 20 resultaron heridas.

Sin embargo, en Francia, múltiples voces reclaman que “todos somos Charlie”, en homenaje y solidaridad con los periodistas del semanario francés vilmente asesinados y los policías muertos en la carnicería de París. También hemos sido testigos de una multitudinaria concentración para manifestar la solidaridad póstuma con los asesinados.

Pero, ¿qué pasa con África? Acaso los atentados, muertes, y los crímenes de lesa humanidad que está ejecutando BokoHaram en Nigeria no ameritan también una respuesta contundente del mundo occidental o, para ser más precisos, de la comunidad internacional de Estados en su conjunto. Según un recuento realizado por el Council onForeignRelations, “la violencia obra de BokoHaram, que lucha por establecer un Estado islámico en Nigeria, mató en 2014 a más de 10.000 personas.”

Cuidado. Los actos terroristas cometidos en Francia son tan repudiables como los ocurridos en Nigeria, casi simultáneamente pero sin menor atención del resto del mundo. Lo peor que pudiera suceder es que se naturalice este tipo de crímenes, que tanta crueldad deje de ser noticia solo porque ocurre en el siempre preterido continente africano. Como si la comunidad internacional no pudiera hacer nada en Nigería, pero sí en Francia.  Tan es verdad que “todos somos Charlie”, como que todos somos Nigeria.

Lo que está en juego es la Paz y Seguridad internacionales, invisibilizar el terrorismo en Nigeria, más que exponer una política de doble rasero en donde solo importan las grandes potencias, implica desconocer que estamos frente a una nueva forma destrucción de la persona humana y una voluntad apocalíptica de apoderarse del mundo, gestada por grupos extremistas con estructura militar, que cada día se empeñan en demostrar su poder.

La indiferencia y poca importancia que se le ha prestado al terror en Nigeria implica que África no importa. Esa brecha que representa las desigualdades, entre el terror que sufre Francia y a la par África, también es un condicionamiento generador de violencia.

La paz no solo se logra a través de acciones militares. Debe fundarse, sin cortapisas, en la libertad, la igualdad, la justicia, la tolerancia y el respeto de los derechos humanos fundamentales; así como fomento las relaciones de amistad entre las naciones, independientemente de las diferencias existentes entre sus sistemas políticos, económicos, sociales, culturales o sus niveles de desarrollo. En otras palabras, las víctimas del terrorismo integrista francés, son tan importantes como las víctimas en Nigeria.

Esta especial forma de violencia debe interesar a los mass media, y a la Comunidad Internacional de Estados en su conjunto, pues el terrorismo contra el mundo occidental, revela una nueva modalidad de la guerra que a cualquiera de nosotros nos puede alcanzar.

La guerra contra el terrorismo, y la búsqueda de la paz y seguridad internacional no debe ser interpretada como una lucha exclusivamente contra el Islam, matizada por actos ofensivos y sentimientos negativos hacia la confesión islámica. Tampoco, debe ser interpretada como la exaltacion de actitudes xenófobas hacia los musulmanes en general y en particular hacia los ciudadanos de origen árabe o magrebí.

Enfrentar este flagelo implica hacer vivos los propósitos fundamentales de la Carta de la ONU, a efectos de la  ejecución de una estrategia mundial contra el terrorismo y el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.

La consigna correcta debe ser: “Je suis Charlie, comme je suis Nigeria