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Elsa Cardozo

El fin del poder

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Sin dejar de pensar en Venezuela y el orden mundial donde a lo largo de quince años el gobierno venezolano no ha reconocido ni encontrado obstáculos mayores para imponer y promover lo esencial de su proyecto autoritario, he leído El fin del poder, el más reciente libro de Moisés Naím (Debate, 2013), publicado pocos meses antes en Nueva York (The End of Power, Basic Books).

Una primera clave sobre su amplia y original aproximación se encuentra en los largos subtítulos de las ediciones en ingles y español. En la primera se lee: “Del salón de juntas al campo de batalla y las iglesias, a los Estados. ¿Por qué estar al mando no es lo que solía ser?”; en la segunda, “Empresas que se hunden, militares derrotados, Papas que renuncian y gobiernos impotentes. ¿Por qué el poder no es ya lo que era?”.

Se anuncian así los matices, entre la reflexión y la reinterpretación de los hechos que la sustentan, que ya encontrábamos en Ilícito (2006), Tigres de papel y minotauros (1993) y los muchos textos de Naím en libros y revistas. Desde su pregunta inicial se introduce y fluye un argumento que admite y merece varias lecturas desde cada uno de los ángulos que su autor propone y elabora en claroscuros, reconociendo los aspectos más prometedores y más preocupantes de la decadencia del poder: el vaso medio lleno y el vaso medio vacío.

La secuencia de once capítulos y un oportuno apéndice sobre la democracia y el poder político firmado por Mario Chacón, PhD de la Universidad de Yale, se inicia con la revisión de los cambios en las competencias de los jugadores de ajedrez: más que mera metáfora para abrir el abanico de las perdidas de poder en los campos de la geopolítica, la diplomacia, los gobiernos autocráticos y democráticos, los partidos políticos, los negocios y las corporaciones, la filantropía, las religiones, los sindicatos, la cultura y los medios.

Desde la obligada brevedad de estas líneas, tan teñidas por la preocupación cercana, en dos de los capítulos resuenan especialmente para Venezuela las revoluciones del “más”, la movilidad y la mentalidad, esto es, la profusión y fluidez de personas, creencias, recursos y eventos que rebasan los controles de la coerción, la obligación, la persuasión y la inducción.

En cuanto a la geopolítica, la volatilidad del tan bien ponderado “poder blando” y la fragilidad de la diplomacia bilateral y multilateral en un mundo cuyas asimetrías y diversidad de actores, ha hecho más difícil consensuar y más fácil frenar y bloquear iniciativas desde alianzas pequeñas.

Sobre los riesgos de la decadencia del poder, entre las constataciones, advertencias y propuestas de Naím parece natural y deseable para esta lectora detenerse en los riesgos de la alienación y los “terribles simplificadores”, dado el enorme déficit que supone nuestro vaso más que medio vacío.
Los venezolanos vivimos en medio de creciente desorden que roza la anomia, pérdida de conocimientos y destrezas, disminución de la atención sostenida a problemas fundamentales y una mezcla de impaciencia, desorientación y ansiedad.

Lo más grave es que las más terribles y demagógicas simplificaciones que alientan todo eso provienen del gobierno, empeñado en asirse a las nociones más centralizadoras y opresivas del ejercicio del poder sean cuales sean los costos y riesgos de ignorar su decadencia práctica.
Hasta aquí las notas de la primera lectura de un libro que invita a estudiarlo, comentarlo y debatirlo.