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Santiago Zerpa

Sobre Apocalypse Now

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Eran los setenta, años en los que el director de cine era considerado el autor de las películas. Por fin, la cruzada que desde 1952 habían empezado Truffaut, Godard y Rivette, los niños rebeldes de Cahiers du Cinemá, bajo la égida de André Bazin, había dado sus frutos. Se dijo adiós al cine de las estrellas y se abrieron las puertas, los brazos y las manos al cine de autor. Easy Rider enseñó que el arte también daba buenos dividendos. Eran épocas de cambio, de drogas, de sexo y sobre todo de esnobismo. Una tras otra, las obras maestras iban apareciendo y se convertían de inmediato en éxitos de taquilla. Películas como  Taxi Driver o Bonnie and Clyde mostraban que el productor por fin vivía para servirle al director. El tiempo de los mecenas había regresado, y Coppola decidió crear su ópera prima bajo ésta premisa.

Insuflado por el éxito de taquilla sin precedentes de la segunda parte de El Padrino, Coppola era el chico más rico del barrio. Sobre un tablero comenzó a escribir proyectos y los fue tachando uno a uno. Quería algo nuevo, descomunal, lo que hubiera hecho D.W. Griffith si hubiera tenido la independencia absoluta que pretendía. Se quedó con la idea más loca: aprovechar la fiebre que todavía se vivía por la guerra del Vietnam y adaptar por fin El corazón de las tinieblas.

La novela de Joseph Conrad había sido un acertijo que ni el mismo Orson Welles había podido descifrar. Si bien su trama puede denominarse como “cinematográfica”, ya que es una especie de road movie en el río, la forma en que está escrita, una larga y afiebrada observación en primera persona, dificultaba la adaptación del guion. Coppola lo primero que hizo fue despedir colaboradores y consejeros y trató de hacer, no una película sobre el Vietnam sino, según sus propias palabras, “el Vietnam mismo”.

En la película, el Capitán Willard, de las fuerzas especiales estadounidenses, es enviado al interior de la jungla ocupada por las fuerzas vietnamitas, con la misión secreta de eliminar al Coronel Kurtz, un extraordinario oficial desertor, que se ha convertido en una suerte de semidiós entre los nativos y que ha formado su propio ejército para librar la guerra a su modo. Willard realiza un viaje al interior de las tinieblas y va descubriendo las motivaciones, impresiones y rasgos de aquel ex perfecto soldado que, según expresa el General que encarga la misión, “tenía una carrera perfecta, quizá demasiado impresionante”.

Del mismo modo que el cine clásico de Hollywood tuvo su conflicto bélico particular (la II Guerra Mundial), el cine norteamericano posclásico mostró su predilección por una guerra sobre las demás: la de Vietnam, primer conflicto bélico posmoderno de la historia, pues, además de ser la primera masivamente televisada, su epicentro coincidió con los sucesos y el ambiente del 68. Al igual que todas las guerras contemporáneas, la de Vietnam fue vivida como un trauma a escala colectiva, pero en esta ocasión se generó una intensa polémica pública en torno a la naturaleza y a la pertinencia misma de la guerra. Desencadenó una marcada crisis social en Estados Unidos y un radical cambio de valores y paradigmas experimentados por la generación nacida tras la II Guerra Mundial. La Guerra de Vietnam constituye un referente fundamental para el cine posclásico norteamericano, y no solo en el género bélico. La figura del veterano mentalmente desequilibrado y socialmente inadaptado se ha convertido en un personaje central de algunas de las películas más icónicas de la posmodernidad.

En este contexto se enmarca Apocalypse Now, uno de los films más célebres de los realizados sobre dicha guerra por haber reflejado mejor el impacto, las contradicciones y las heridas suscitadas por el conflicto. No se trata de una película centrada en mostrar acontecimientos relevantes en el plano militar o histórico. Incluso podría decirse que las acciones bélicas que presenta son bastante escasas. Aunque la película no deja de ser producto y a la vez reflejo de la crisis social y cultural que la Guerra de Vietnam contribuyó a forjar, el enfoque autoral se ve representado en el trasfondo elegido por constituir un espacio idóneo para la violencia, el primitivismo y la locura en el que se sitúa el conflicto moral y civilizatorio que se plantea en el filme y que va mucho más allá de la propia guerra.

Como dice Foucault (1967): “La locura no es un objeto de estudio ‘natural’ sino una categoría construida históricamente a través de aquellas personas y/o instituciones que detentan el poder simbólico para definir qué es normal y qué no lo es, es decir, que este poder construye conocimiento sobre lo que es justo y verdadero”. La compleja y sombría figura de Kurtz contiene las cuatro formas de exclusión que, según el filósofo, se encuentran en la mayoría de las sociedades.

En primer lugar, la exclusión del sistema de producción económica, en este caso el Coronel tiene una especie de función religiosa (casi un Dios) dentro de la comunidad en la que vive, que hace vaga su posición dentro del ciclo productivo. En segundo lugar, la exclusión respecto al estatuto de la familia, Kurtz decide abandonar a la suya y que lo den por muerto, queda apartado de la sociedad. En tercer lugar, la exclusión en relación con la palabra, él forma parte de un sistema de producción simbólica alternativo. Es más, se considera que sus palabras provienen de una mente trastornada y no llegan a destino, son interceptadas, en forma de cartas y manifiestos, por el ejército. Por último, la exclusión del juego o de la fiesta. Kurtz funciona como un chivo expiatorio, la posición que ocupa es la de la exclusión de la sociedad. De hecho, vemos su asesinato mientras se produce en paralelo el sacrificio de una vaca. Kurtz funciona por sinécdoque, unifica en su ser todos aquellos elementos que deben ser sacrificados en una sociedad para que esta pueda mantener el orden establecido. En general la locura se manifiesta a través de experiencias límites que amenazan con romper la armonía de la razón y el progreso lógico. Por lo tanto, los locos son aquellos que deben ser excluidos, encerrados y (como última opción) eliminados.

Apocalypse Now es la historia de cómo el poder que se manifiesta mediante la estructura militar moldea soldados y los educa en el ejercicio de la violencia desmedida. El no cuestionamiento, el no razonamiento, la obediencia constante. Se oculta o se deshace lo que incomoda pero que es fruto de su propio vientre (Kurtz), regulando los comportamientos “normales” y sancionando los “anormales”. El viaje físico a través del río expresa el viaje existencial y psíquico hacia el interior de la mente de Kurtz. En el recorrido, Willard va entendiéndolo de un modo más profundo, que sobrepasa la información de los documentos que le dieron. Willard logra comprender a través de la experiencia pasada y presente lo que sucede a su alrededor: ve la guerra desde adentro, a diferencia de sus superiores. Comprende por qué el Coronel “pudo convertirse en General pero quiso ser él mismo”.

Al final Willard se lleva los escritos de Kurtz que le generan fascinación, miedo y curiosidad, posibilitando de algún modo el “contagio” de la locura. Lo imperdonable de la actitud del Coronel no es tanto su insurgencia sino más bien que, desde dentro de la jungla, sigue produciendo discurso: como loco, toma el lenguaje cotidiano y lo rompe, produciendo nuevos significados. La lucha en el contexto de la guerra no es solo física sino también simbólica, quien detenga el poder del discurso logrará la imposición violenta de su significante.

Coppola tuvo la visión de hacer poéticamente real un hecho tan aberrante como los gases de napalm cayendo sobre suelo vietnamita. De este modo la realidad se ficcionaliza en tono de ensoñación. La película, al igual que la guerra, es un escenario montado en tono de sueño, es más, Vietnam “es mejor que Disneylandia”, como sostiene Lance luego de pensarlo un instante. El gran parque de diversiones se homologa con la fábrica del sueño de la dominación mundial lograda a través de la eliminación del “otro”. Del Loco.

Sin duda, este film de resonancias operísticas responde a la aspiración de Coppola de realizar una obra total, capaz de ser a la vez un gran espectáculo cinematográfico, una reflexión intelectual y una obra de arte. Apocalypse Now constituye lo que podríamos denominar un texto/río (nunca mejor dicho), creando un largo trayecto experiencial en el que van acumulándose un gran número de sucesos, motivos y referencias intertextuales de distinta índole. Bajo la temática de la Guerra de Vietnam, con su drama humano, su polémica social y sus contradicciones morales, el film aborda cuestiones que trascienden este contexto histórico específico para configurar un panorama universal que trata de incidir en aspectos cardinales de la condición humana. Así, a pesar de recoger diversas situaciones y anécdotas de guerra bien documentadas, no es una película centrada en la resolución de un conflicto emocionante pero puntal, no es una película bélica propiamente dicho. Es un filme ambicioso que se adentra sin escrúpulos en el territorio de lo literario y que ensaya un particular abordaje de lo mítico. Gracias a su estética de autor alcanza algunos de los más poderosos mitos universales de todos los tiempos, un rasgo que vincula la obra de Coppola con el gusto posmoderno al documento deconstructivo. Una relación con la literatura de las vanguardias que se plasma en un texto vigoroso y desolador, donde el desagarro provocado por la vivencia de lo real se plasma perfectamente bajo una estética de lo siniestro. Una deslumbrante, turbia y disfrutable experiencia artística de fascinación y horror. O para ser más exactos: de fascinación ante el horror.