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Sergio Dahbar

El horizonte irresistible

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Pocas cosas resultan más contundentes que un hombre de pie frente a la inmensidad del horizonte. He allí la clave del mítico western que colonizó la imaginación de tantos cinéfilos en el planeta. La vastedad era un enigma indescifrable.

 

Centrado en un oeste sin colonizar, una naturaleza expuesta a todos los peligros fundó un género literario de ficción que se trasladaría al cine con la emoción y la grandeza de los espacios abiertos en la gran pantalla. La construcción del ferrocarril y la búsqueda de oro establecerían las coordenadas de las pasiones humanas.

 

Cuando ese mundo parecía congelado en los museos y en los libros, que todavía estudian el impacto de las viejas películas del oeste, a veces exhibidas en TNT y algún otro canal de cable, apareció Walt Longmire. Hombre curtido por el dolor de una esposa muerta, que se niega a colgar la estrella de sheriff, Longmire es el personaje central de las novelas de Craig Johnson, que ha comenzado a publicar la editorial española Siruela, del Grupo Planeta.

 

Su espacio natural es el condado de Absaroka, en Wyoming, a escasos pasos de una de las reservas naturales más antiguas del mundo, el parque Yellowstone. Como afirma la escritora Annie Proulx, "en Wyoming los terneros mueren congelados de pie, las montañesas se enamoran perdidamente de un tractor John Deere, y los chinos siguen siendo los dueños del negocio".

 

Allí, en Wyoming, en pleno siglo XXI, pasea sus heridas más profundas Longmire, un tipo curtido, que no se deja vencer fácilmente. Buen lector de Arthur Conan Doyle, quiere retirarse después de veinticinco años de defender la ley frente a esa naturaleza insondable. Es como si el ampuloso John Wayne hubiera perdido sus pasos en el condado de Twin Peaks, gobernado por David Lynch.

 

Un asesinato se convertirá en obsesión: un joven blanco implicado varios años atrás en la violación de una mujer cheyenne.

 

Y Cheyenne es no sólo la capital del Estado, sino precisamente su ayudante, Henry Oso en Pie, antiguo boina verde en la Guerra del Vietnam.

 

Johnson ha sumado novela tras novela hasta construir una saga policial con leyes propias. Todo un planeta de personajes y situaciones, de tonalidades, que no podían mantenerse mucho tiempo alejados de la televisión y del cine.

 

La serie arrancó en junio pasado en la cadena de televisión A&E. Y ya es un fenómeno. El primer episodio fue visto por 4,1 millones de espectadores. No está disponible en los servicios de cable locales. Si uno llama por teléfono a Directv para saber cuándo la lanzarán, piensan que se trata de un nuevo software o aparato: ¿Longmire? Siruela publicó ya Fría venganza y promete las que siguen. Su narrativa, impecablemente adaptada a la televisión, ofrece una mirada del oeste americano hoy.

 

Ese es su acierto. Junto con el tratamiento que reciben los indios cheyenne, víctimas del racismo del hombre blanco, alcoholizados, pero dignísimos en la defensa de su pasado.

 

Capítulo aparte merece Longmire (interpretado por el Robert Taylor de Matrix), sheriff perturbado como pocos, en guerra con todo el mundo. Su gran compañero, Lou Diamond Philips, es indio.

 

Pero no le va bien a Longmire con la tribu. A ellos no les gusta relacionarse con la raza que siempre ha deseado exterminarlos.

 

Craig Johnson declaró en Los Ángeles Times: "La imagen de un hombre vertical en un paisaje horizontal es irresistible. Sin embargo, hay aspectos del Oeste, como el trato a los nativos americanos, que no pueden ser ignorados. Por lo menos, yo no puedo ignorarlos". Y no lo hace.

 

Sin duda, se trata de una historia policial, y la serie lo confirma.

 

Pero su origen está cruzado con las leyes del western tradicional.

 

Por algo los críticos han recordado el Fargo de los hermanos Coen y el Lone Star de John Sayles.

 

Quizás la mejor recomendación sea comenzar a leer Fría venganza (Siruela), mientras llega la primera temporada de diez capítulos de Longmire. En la tensión siempre existente entre literatura y simplificación audiovisual, entran algunos milagros, como este viejo sheriff que sabe que su momento pasó y que no termina de despedir a su esposa muerta.

 

Para Estados Unidos ha sido una estupenda manera de regresar al mito originario. Para nosotros es un entretenimiento de altísima calidad.