• Caracas (Venezuela)

EDITORIAL

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La hora gay

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El tema de la homosexualidad había sido tabú en Venezuela. Formaba parte de las tertulias privadas, y no siempre se manejaba en términos equilibrados. Al contrario, era objeto de burlas de la peor especie, como parte de una tradición que remonta al período colonial. Nada se trató sobre el asunto en la prensa del siglo XIX, y en los periódicos posteriores apenas se asomó de manera intermitente. Ni pensar en la posibilidad de que un líder político se atreviera a meterse en honduras gay, para considerar el asunto con ecuanimidad o para confesar que nadaba en esas aguas turbulentas y temidas.

Hoy la situación ha cambiado, se manifiesta abiertamente por primera vez, deja de ser objeto prohibido para la opinión pública, motivo que sugiere la posibilidad de hablar de una mudanza radical en los hábitos y en los prejuicios de la sociedad.

Ya las organizaciones de derechos humanos y la valentía de grupos de homosexuales organizados habían abierto el camino para el cambio que se alude y celebra, pero la liebre saltó de donde menos se esperaba. Ya los jóvenes manifestaban sin empacho su gusto por parejas del mismo género, no sin levantar las suspicacias de la “gente normal”. Hasta el propio papa Francisco había sentado cátedra sobre la comprensión de la homosexualidad, pero fueron las deplorables expresiones del diputado Carreño las que han abierto la compuerta de un caudal que esperaba para derramar su corriente.

Sus palabras malsonantes sobre la “mariconería” no sólo produjeron repulsión masiva, sino que también obligaron a que Maduro y otros dirigentes del PSUV expresaran en los medios que, en lugar de ser homofóbicos, se contaban entre los amigos más entusiastas de la diversidad sexual.

Se puede dudar con fundamento de estas expresiones que la urgencia de las declaraciones de un macho rojo rojito llevó a la palestra, pues un partido que se ha confesado como varonil a ultranza no cambia de buenas a primeras su afecto por los caudillos de pelo en pecho y por los chafarotes que le sirven de inspiración, pero no han tenido más remedio que dejar que las cosas se muevan a su antojo en un escaparate que hasta entonces miraban de reojo. Gracias a un episodio aparente menor se ha manifestado masivamente en la opinión pública un tema tan sensible para la sociedad como jamás había sucedido en el pasado.

Estamos presenciando un acontecimiento trascendental, por consiguiente, algo nunca visto desde que Venezuela es Venezuela. ¿Se tratará en adelante con mayor profundidad y seriedad? ¿Conducirá a la modificación de las leyes que condenan, reprimen y persiguen la homosexualidad? ¿Recibiremos a los homosexuales como moneda corriente y respetada? Se escribió, por fin, el primer capítulo de un arduo proceso social. En adelante se debe convertir en permanencia, para demostrar que nos podemos aprovechar de una barrabasada para ser mejores y más decentes.