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Fausto Masó

La hora de Vicente Díaz

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Si Chávez pierde por 30.000 votos Vicente Díaz lo dirá aunque deje el pelero en el CNE, desafiará la ira de los otros rectores, los intentos oficiales de ocultar la verdad; si gana por los mismos 30.000 votos lo ratificará aunque lo quemen vivo en la plaza Altamira. Tremendo dilema para un hombre honrado que avalará lo que digan las máquinas de Smartmatic probablemente de madrugada, porque la última mesa cerrará pasadas las 10:00 de la noche, pero antes se sabrá quién ha ganado las elecciones, porque los famosos exit polls a medio día dirán extraoficialmente quién es el próximo presidente de Venezuela.

Cuando presentó su candidatura al CNE Díaz le cantó la verdad a Chávez en su cara. Esta vez, nuevamente, habrá que confiar en la honestidad de este rector del CNE.

Caldera contó con la grandeza de Gonzalo Barrios, lo que no es el caso con Chávez y sus seguidores, porque una revolución no pierde el poder por pocos votos; pero si Chávez reconociera su derrota ya nadie lo acusaría de dictador, quedaría mejor frente a la historia.

Por estos días estamos perdiendo la fe en el Dios de la política, las encuestas. Encuestas profesionales anuncian el triunfo de Capriles por una cabeza, otras afirman lo contrario. Nadie toma serio a las que hablan de una diferencia de 2 millones de votos a favor de Chávez.

Carecemos de esa certeza que proporcionaban las encuestas antes de las elecciones. Nos hablan de muestras que no coinciden, genera desconfianza la prontitud con que algunas declaran el triunfo de Chávez. Crece el temor de un final cerrado. Si Chávez ganase, digo, es un decir, por pocos votos, se convertiría en capitalista, escupiría sobre la hoz y el martillo o no podría gobernar, porque ni siquiera le quedaría la opción de radicalizarse. ¿Con qué se sienta la cucaracha?

Compren mucho tilo para el 7 de octubre. Un amigo nos reprocha nuestro alarmismo. ¡Debes incitar al pueblo a aceptar el veredicto de las urnas aunque la diferencia sea de un voto! Ni que fuéramos suizos, Dios mío.

Capriles Radonski ha enfrentado con valor el poder del Estado, el dinero, los medios parcializados con Chávez que, a su vez, a duras penas concluye una campaña sabiendo que su verdadera batalla final es con el mal que lleva dentro.

Nuestro admirado Domingo Alberto Rangel se perdió un día histórico e histérico. Le falló el corazón, pero hasta el último momento fue la voz solitaria que clamaba en el desierto, esclavo de una vieja máquina de escribir. Chávez lo admiraba porque no lo leía. Nadie le ha dicho tantas verdades terribles. Poseía una curiosidad infinita y una memoria privilegiada, leía las principales publicaciones internacionales. Cercano a los 90 años de edad había pasado la época de las ilusiones. Pero siguió escribiendo y escribiendo, publicando libros, ensayos, artículos. Teodoro Petkoff, al que tanto había criticado y hasta calumniado, comentó la necesidad en el Tal Cual de su voz intransigente, reconoció su honradez, algo escaso y raro en la política.

El 7 octubre a las 12:00 pm es la hora de Vicente Díaz.

Signo de los tiempos: acaban de dar la orden en Venevisión de abrir la pantalla a Capriles Radonski, de darle más espacio en las transmisiones.

Ha sido una campaña heroica que enfrentó a un hombre con un pobre estado de salud a un candidato con fe en sí mismo que se lanzó a recorrer incansablemente Venezuela.