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Alfredo Coronil Hartmann

¿Qué hora es en la MUD?

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“Sólo un imbécil podría  creer que de este cambio de rumbo surge una política conspirativa e insurgente, inmediatista y de corto plazo. Miope y suicida. Lo que debe surgir es una dirección política en el más auténtico y riguroso sentido: perfectamente diáfana y acorde con las exigencias de la sociedad civil que apunte a frenar los intentos totalitarios de quienes acaban de demostrar estar dispuestos a llegar a cualquier extremo para imponer sus predicamentos. Promover el análisis y la reflexión para acordar líneas de acción cónsonas con nuestro objetivo histórico: recuperar nuestra libertad y enrumbar a nuestro pueblo por la senda de la prosperidad y el progreso. En otras palabras: comenzar la transición sin pedirle permiso a quienes no tienen otro propósito que aplastarnos para siempre”. Antonio Sánchez García

 

 

La reciente renuncia de Ramón Guillermo Aveledo y su consecuencia necesaria, la de. Ramón José Medina, han alborotado el avispero de lo que queda de la opinión pública venezolana, en la cual unas pocas voces muy lúcidas, adoptan la imagen de cocuyos en una muy oscura noche de complacencias, indiferencia y superficialidad.

No es una novedad la frivolidad e inconsistencia venezolanas hacia los asuntos realmente importantes, superficialidad que no solo se da entre los menos equipados intelectualmente, va más allá y tristemente nos plantea problemas de raíz socio-cultural, en los que no quiero ni debo abundar en esta nota. Pese a que el campo es más que tentador.

En lugar de titular este artículo, como lo hice, quizá he debido preguntar ¿Qué es la MUD? Creo que muy poca gente, incluidos sus capitostes, lo tiene claro. Somos copiones o copionetas -como decían los muchachos de antes- desde la utópica Constitución de 1811, en adelante, las modas, los usos, las marcas internacionales han ejercido una fascinación irresistible en mis conciudadanos, no siempre para mal.

Así, cuando los analistas y gobernantes extranjeros, aún los menos amigos del régimen, orquestaron una campaña de críticas a la oposición venezolana, por no ser capaz de presentar UN líder, uno sólo, que oponer a la figura del comandante eterno, nos vendieron y nosotros -como siempre- compramos, el fetiche de una “unidad” necesaria, qué duda cabe, a efectos operativos y “electorales” pero absolutamente contra-natura, cuando aquí se trata de la diversidad esencial de un país frente a un proyecto totalitario, sin ningún verdadero contenido ideológico, mas “peronismo” histriónico y demagógico, que ninguna otra cosa –tampoco el modelo cubano responde a ninguna corriente ideológica seria- además de la importancia, para mí, puramente instrumental y práctica, en cuanto a “calentar la calle”, del ejercicio electoral, frente a una gavilla verdaderamente blindada para el fraude y la conservación tramposa del poder.

Para ese efecto, al menos teóricamente plausible, se creó la MUD, mal que bien tuvo sus logros, el rechazo del pueblo venezolano al totalitarismo y a todo lo que huela, aunque sea de lejos, a comunismo se manifestó en votos. Que los candidatos hayan resultado “patarucos” y que el deterioro y envilecimiento de la institución armada, haya permitido  –por primera y única vez en nuestra Historia republicana- el que se haya regateado, como un bazar árabe, el volumen de votos por el cual habían perdido el Referéndum Constitucional del 2 de diciembre del 2007, para después anunciar como “victoria pírrica” lo que había sido claro e inobjetable resultado.

Sin embargo, el problema profundo de la MUD no es sólo la indefinición o desdoblamiento de su esencia de plataforma electoral operativa, en una especie de suprapartido sin cohesión posible ni razonable, yo añadiría ni deseable. Hay otro problema fundamental e insalvable, la falta de legitimidad de sus representantes ¿Cómo se combate exitosamente un régimen, hijo dilecto del fraude electoral, del ventajismo más descarado? Si las autoridades de las distintas organizaciones que lo integran, casi sin excepción, no representan válidamente a las bases de sus partidos, cuando han secuestrado “el aparato” y se auto eligen a puertas cerradas, por componendas y cabildeos, cuando no compra-ventas vergonzantes. Por eso deberían recordar aquella afirmación de don Antonio Machado: … procura que tu enemigo no tenga la razón.

Las palabras de Antonio Sánchez García, que tomo como epígrafe, son muy claras, la MUD no requiere una solución cosmética, los afeites y los menjunjes no bastan, lo que está planteado es una reorientación realista y seria, honesta –aunque el término esté tan mal visto- como en el dilema hamletiano: ser o no ser. La hora, en todos los relojes de Venezuela, tiene una misma hora, la de la definición, hacia adentro de los partidos y hacia afuera. Tienen la palabra…