• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alberto Barrera Tyszka

Una historia de zapatos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La anécdota me la contó hace un par de meses Carlos Altimari, quien desde el primer día está junto a Capriles en su campaña. El cuento ocurre así: a media tarde, en una población del estado Anzoátegui, bajo un sol vertical y en plena caminata, a Capriles se le rompen los zapatos. Es un imprevisto que jamás estuvo en ninguna agenda. Todos se detienen. Por unos segundos, no saben muy bien qué hacer. Antes de que cualquiera salga a buscar alguna tienda cerca, la gente que se agolpa alrededor del candidato comienza, de manera espontánea, a resolver el problema. Cada quien corre a su casa a buscar un par de zapatos que le queden al candidato. Una señora trae unos zapatos de su marido. Otra llega con dos pares, uno de un hijo, otro de un sobrino. Un muchacho ofrece su calzado de hacer deporte… La generosidad popular va sumando cada vez más modelos y más tallas. La calle se vuelve de pronto una fiesta. Finalmente, hay un par que le calza y Capriles puede continuar su marcha. El camino le ha dejado ahora una huella a él.

Creo que el relato propone un símbolo de lo que ha sido esta campaña. Capriles ha logrado algo que parecía imposible: darle una nueva identidad a la oposición, configurar un real sentido popular como alternativa al chavismo. En esa faena, se ha empeñado en evitar las trampas de la polarización. Así ha ido desarmando una de las principales estrategias del chavismo. Dejó en el aire la violencia verbal. Comenzó a desactivar a los radicales de lado y lado. Empezó a demostrar que, en este país, la complejidad es posible. Que la diversidad es una ventaja. Que es mejor sumar que restar. Que podemos convivir sin destrozarnos

El poder, como suele ocurrir, lo subestimó. Podríamos hacer una historia particular del insulto chavista durante esta campaña. Tal vez ahí encontraríamos un registro de cómo la candidatura de Capriles ha ido avanzando y arrinconando al oficialismo. De la burla y de la sorna hiriente, de llamarlo “la nada”, han pasado al silencio incómodo y avergonzado cada vez que Capriles le propone a Chávez debatir. Antes que discutir los programas de gobierno, el chavismo prefiere seguir desarrollando la ficción infantil y maniquea de que Capriles es el malo de la película. Que tiene un paquete escondido. Que es el pasado. Que viene a quitarte todo. Esa es más o menos ahora su propuesta ideológica: imagínate al comandante con la caperuza roja. Capriles es el lobo.

Se trata de otra pieza para el museo del absurdo de esta autodenominada revolución. A la hora de la publicidad y del mercadeo son capitalistas salvajes. Se niegan a debatir públicamente su programa. No quieren mayor discernimiento que el que puede proponer Oscarcito dando brincos sobre una tarima. En términos electorales, Chávez es un candidato Coca-Cola. Un producto que no desea pensarse. Una voz comercial que te quiere seducir. Nada más. Claro que, si llegara a ganar, inmediatamente nos diría que el pueblo, de manera consiente y revolucionaria, como nunca en la historia de la humanidad, no votó por él sino por su programa de gobierno, por el socialismo del siglo XXI.

Yo me tomé el trabajo de leer buena parte de la oferta de gestión que nos propone el gobierno. Es, en líneas generales, un plan de organización y consolidación de poder. Más que un programa de gerencia pública es un proyecto de construcción definitiva de una nueva hegemonía nacional. No en balde, el primer objetivo es mantener la “independencia” y “consolidar la revolución”, que traducido a nuestra lengua significa atornillar al gobierno en el Estado y en las instituciones. No es un asunto ideológico. No es un asunto de izquierdas o derechas. Lo fundamental es que los problemas concretos de la gente no están en esas páginas. La realidad casi no aparece. Pero la vocación estatista y de control “bolivariano” sobre todos los espacios de la vida pública y privada sí aparece. Y de manera permanente. No es un plan de gobierno: es un mapa del poder.

Ya se sabe: también el camino transforma a quien lo recorre. Pienso que Capriles, en estos meses, tomó la ruta que perdió el gobierno. Fue hasta la gente, a escucharla, a conocer su realidad, a dejarse tocar por sus problemas. Pienso que ahí logró encontrar una nueva identidad. Una propuesta para definir a la oposición. La diferencia fundamental entre los dos proyectos probablemente radique en ese tránsito, en esa imagen. Chávez habla ahora desde la defensa de su estructura y de sus privilegios. Capriles habla desde la calle, desde la realidad de la gente. Chávez piensa y habla desde su organigrama del poder. Capriles piensa y habla desde los zapatos del pueblo.