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Leopoldo López Gil

La historia absuelve

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Arengando a seguidores del PSUV, Aristóbulo Istúriz escribió ensalzando el discurso de un joven que en su lucha idealista fue encarcelado y juzgado por incitar a lo que consideraba una necesidad inaplazable, recuperar la patria desamparada y la justicia envilecida por la tiranía que oprimía a su país.

Ese joven enfrentaba valientemente una vil dictadura. Como abogado, él mismo preparó el libelo de su defensa que comienza así: “Nunca un abogado ha tenido que ejercer su oficio en tan difíciles condiciones; nunca contra un acusado se había cometido tal cúmulo de abrumadoras irregularidades,” y luego del argumento que delataba los atropellos, corrupción y desmanes del oprobioso régimen, culminó con una lapidaria frase: “En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura…preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no le temo, como no temo la furia del tirano…Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

Este joven era Fidel Castro en 1953 ante el juicio a los asaltantes del cuartel Moncada que intentó derrocar al régimen del dictador Fulgencio Batista.

Los argumentos del libelo, con el tiempo, se convirtieron en doctrina política del castrocomunismo y recientemente resultaron de inspiración para el régimen bolivariano chavista-madurista.

Lo curioso de la historia es lo ajustado de sus alegatos expuestos por el indiciado en cada audiencia realizada en el ilegítimo juicio a Leopoldo López. El tribunal no le permite testigos a la defensa, intenta alterar el sumario, impide la atención médica apropiada, y no levanta la voz cuando el acusado es enclaustrado sin visitas, o acosado por funcionarios ocultos tras pasamontañas para esconder su identidad.

Incoherentes resultan las palabras de Fidel con el actual ejercicio de la justicia vil a la que el régimen bolivariano somete al genuflexo tribunal, que haciendo alarde de sumisión ha decretado una especie de vacación para evitar tomar la decisión de liberar al preso de conciencia, tal como lo ha instruido el Alto Comisionado para los Derechos Humanos y el grupo de trabajo contra las detenciones arbitrarias.

Las palabras de advertencia de Fidel para la justicia cubana de entonces calzan hoy en el Palacio de Justicia de Caracas: “…los culpables siguen libres con un arma en la mano, amenaza perenne para la vida de los ciudadanos; si no cae sobre ellos el peso de la ley, por cobardía o porque se lo impidan y no renuncien en pleno todos los magistrados, me apiado de sus honras y compadezco la mancha sin precedentes que caerá sobre el poder judicial”.

Ni injusticias ni abusos de poder serán suficientes para adormecer la voluntad del que permanece en Ramo Verde. Mientras, Venezuela dormirá ilusionada, pues algún día la historia hará justicia.