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Rafael Díaz Casanova

La historia de la Ingeniería Estructural en Venezuela

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Dice el sabio refrán: “Hijo de gato, caza ratón”. Le calza como anillo al dedo a mi querido amigo José “Pepe” Grases, Galofre.

Ser hijo de don Pedro Grases, ese estupendo venezolano venido de su Vilafranca Penedès cuando no había transcurrido la primera mitad del siglo XX, es una responsabilidad, un reto y una disciplina que Pepe, al igual que sus tres hermanos, han sabido cumplir con holgura y orgullo. No nos refiramos a doña Asunción, su preciosa madre.

Pepe tiene, entre sus muchos activos, el de una constancia singular e inagotable. Hoy, junto con Arnaldo Gutiérrez y Rafael Salas Jiménez, nos presentan el primer tomo de un trabajo ciclópeo e imprescindible, La historia de la Ingeniería Estructural en Venezuela.

Para escribir y publicar este primer tomo, que ocupa más de seiscientas páginas y nos anuncia otros tres trabajos similares en extensión, han laborado durante ocho largos años para escudriñar la información escrita y oral para presentar las “minibiografías” de cerca de doscientos ingenieros, todos fallecidos, que han sido importantes en la enseñanza, el proyecto, el diseño y la construcción de la especialidad que describen bajo el nombre de Ingeniería Estructural. Además, en este tomo se presentan las fichas de trescientas treinta obras de un número parecido de autores, con una interesante presentación y sus datos bibliográficos que le permiten al lector, como dicen los especialistas, “llegar a la fuente”.

Nos imaginamos el inmenso trabajo y la gran responsabilidad de escoger entre una montaña de desordenada información, de magnitud descomunal, lo que debe incluirse y lo que no, para trasmitir al lector lo importante y fundamental de la materia descrita.

No podemos seguir adelante sin tratar de describir lo que significa Ingeniería Estructural. Cuando estudiamos, hace ya seis décadas, no existía en Venezuela nada distinto a la Ingeniería Civil. Esta acotación  de “civil”, pensamos que tenía dos causas: una, la que en un país donde los militares tienen y han tenido una función que se cree ecuménica, hacía falta la diferencia. La otra, existían en los programas vigentes de aquellos años, la posibilidad, en algunas universidades, de “especializarse” en algunas ramas de la ingeniería. Hoy existen tantas carreras dentro de las facultades de ingeniería que sería un reto lograr su enumeración. Nos llama mucho la atención el dislate y los atropellos que se cometen en esa especialidad que denominan, de manera sibilina, “ingeniería financiera”.

Nos parece oportuno que demos nuestra opinión sobre lo que se denomina “ingeniería estructural” y lo vamos a tratar de expresar o asimilar a lo que es de muy fácil interpretación. Pensamos que la ingeniería estructural es la disciplina que se ocupa de describir, normar y atender el diseño, la construcción y el mantenimiento de la parte de una obra, que la sustenta. Para describirla en forma comparativa, es la que se ocupa del “esqueleto” de la construcción. Hay obras que son todas su propio esqueleto...digo, son pura estructura.

Están listos, en lo que esta expresión valga, los tres tomos siguientes, donde los autores han vertido, suponemos, la descripción de proyectos y obras de ingeniería donde la labor del ingeniero “calculista” es de primera importancia. Y Venezuela está poblada por muchísimas obras de diseño inteligente y que se cuentan entre la lista de obras notables de la ingeniería mundial.

Debemos dedicar unas palabras para corroborar que en la ingeniería venezolana, al igual que sucede en las otras actividades civiles, se ha tenido y dispuesto de profesionales y de empresas, que saben de las distintas etapas de una obra, de la mejor calidad. Hace falta que valoricemos la calidad de nuestros profesionales. Basta recorrer y aprehender lo descrito en este trabajo de Grases, Gutiérrez y Salas Jiménez para encontrar talentos de primer orden y, a pesar de que criticamos la falta de publicaciones relacionadas con las obras desarrolladas, podemos enterarnos de esos muchos trabajos relacionados con esa creativa y fundamental actividad.

Nuestro país, desde tiempos muy anteriores, ha podido idear, proyectar y construir obras de primera magnitud y de la mejor calidad. Ha recurrido al talento importado cuando se trata de procesos patentados o desarrollos de muy alta tecnología, siempre incorporadas en situaciones ventajosas para los nacionales. Para ello ha contado con las capacidades correspondientes, desarrolladas en nuestras casas de estudios que tienen la mejor reputación y los operarios y trabajadores venezolanos que entregan sus mejores esfuerzos para esgrimir el orgullo de una obra estupenda. Eso lo denominan la venezolanidad de la profesión.

Naturalmente, estamos ansiosos de leer los tomos subsecuentes y queremos dejar constancia de la estupenda labor que despliega la Academia de la Ingeniería y el Hábitat al darle cobijo y estímulo a obras como la que tratamos de presentar.

 

rafael862@yahoo.com

@rafael862