• Caracas (Venezuela)

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Gustavo Tovar

Las histéricas doñas académicas

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Los hippies en la colina de humo

Tiempo sensible vive Venezuela, delicado y sensible. No sólo por la arruinada situación que vive el país y la flagrante instauración de un régimen dictatorial, sino por la turbadora pasividad y conformismo con que ha reaccionado el pensamiento crítico venezolano ante ello.

Probablemente esto sea lo más inconcebible y amargo, pero es la realidad.

No me atrevería a considerar que se trata de otra compra venta de voluntades de opinadores públicos de oposición venezolanos por parte del chavismo, probablemente haya algunos casos pero no creo que sea reflejo de la mayoría, lo que pienso es que de tanto consumir alucinógenos en su época hippie y de tanto beber agua ardiente en su época académica, post hippie, se han convertido en unos lunáticos ambulantes.

En la colina de humo en la que conviven y pacen no saben ni dónde están parados.

 

El tarot académico y sus doñas

Los he llamado las histéricas doñas académicas porque funcionan como un club de amigas encopetadas, vanidosas y chismosas que juegan al tarot académico cuando se reúnen para disfrutar el té canasta.

Se sientan en su colina a elucubrar y a morbosear entre sí su supuesto talento. Se alaban, intercambian elogios, se postean artículos, opiniones, mensajes, música de antaño. Se ríen de sus chistes y celebran, como locas, los increíbles “avances” de la oposición en los últimos años: “estamos mejor que nunca”, y, en todo caso, mientras ellas juegan su tarot académico y se divierten entre alucinaciones y cotilleo, sugieren que lo peor que puede pasar es que el país colapse por completo y eso probaría que el chavismo, aunque no fue una “dictadura” (¡uy, qué palabra tan fea!), fue maluco, como maluco fue su “gobierno”.

Entiendo que desde su colina sea difícil y horrendo ver hacia el despeñadero, pero si no se atreven a voltear al inframundo social venezolano, por lo menos dejen que otros bajen a él e intenten, a su modo, impedir el arrase autocrático.

¡No jodan!

 

La insoportable levedad de los “Mudos”

Preocupa que esas histéricas doñas académicas que tanto daño le hicieron a la democracia venezolana con sus frívolas censuras y que tanto urgieron por un hombre fuerte -un titán- como Chávez para Venezuela, ahora sean las mismas que se horrorizan porque un grupo de jóvenes maleducados, revoltosos y radicales salen a la calle a reivindicar y luchar por sus derechos.

¡Qué horror! ¡Habrase visto! ¿Quién les dio permiso a esos muchachitos?

Antes de haber logrado la celebridad y de haberse refugiado en su palaciega colina, algunas de estas doñas histéricas haciendo alarde de su levedad espiritual, en el año 1989, firmaron un manifiesto de reconocimiento y bienvenida a Fidel Castro.

Sí, a Fidel Castro, aspiraban, según se desprende del manifiesto, a que un tirano como él gobernase en Venezuela, exponían: “Fidel Castro continúa siendo una entrañable referencia en lo hondo de nuestra esperanza…”

(El documento está en Internet y es un monumento al lunatismo al que me refiero. Búsquenlo, léanlo, vean quién lo firma, concluyan).

Son esas mismas doñas académicas las que hoy desaconsejan la movilización social, las que influyeron en el victorioso Henrique Capriles para que no saliera a la calle a reivindicar su sudada victoria electoral el pasado abril de 2013, son los mismos que hoy le aconsejaron que pasara la página y que reconociera a Maduro, que le diera la mano y colaborará con él, son los mismos que se ofuscan, se irritan, se horrorizan y chillan porque los maleducados y groseros radicales han decidido tomar la calle y recuperar en ella la dignidad pisoteada por la insoportable levedad de los mudos de la Mesa de la Unidad.

 

¿Qué fuman?

Y es que no puede ser, ya basta, de que nos humillen, que nos persigan, que nos encarcelen, que nos torturen, que nos maten, que entreguen los bienes del país (y el país) a los cubanos, que le hinquen la rodilla al sátrapa Fidel Castro, que le caigan a machetazos diaria y coyunturalmente a la patria y exista todavía algún lunático que diga que estamos avanzando, que estamos mejor, que en Venezuela existe una democracia maluca y no una ruinosa autocracia, que somos minoría porque así lo impone el corrupto CNE y que debemos esperar hasta que las doñas académicas nos den permiso para protestar.

Insisto: ¡no jodan! ¿En qué país viven?

Es difícil reprocharle a un lunático su desvarío, pero a quién no lo es y todavía lee y sigue a estos mastodontes de la estolidez, hay que rogarles, urgirlos, a que descarrilemos juntos el rumbo del tren que nos lleva al colapso total. Aunque es tarde, todavía estamos a tiempo.

Los jóvenes, esos revoltosos y despeinados radicales, ya comenzaron. No los dejemos solos.

 

Los encarriladitos

Nicolás Maduro en un reflejo previsible de su podredumbre moral ha vuelto a humillar a un desconcertado y desconcertante Capriles. Después de llamarlo vago porque se fue con sus amigos a distraerse y correr el maratón de Miami, ha dicho que logró ponerlo a trabajar y que lo tiene “encarriladito”.

No sé qué entiende la Mesa de la Unidad por dignidad ni qué pasó con el inmenso Capriles que ganó la presidencia de Venezuela, pero esperamos que el “carril” y el “trabajo” que le asignó Maduro en su reunión en Miraflores no sea el de atacar el esfuerzo que han iniciado María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma para liberar a Venezuela de la terrible crisis que le acecha, y evitar, antes de que ocurra, el colapso total del país.

No sabemos qué ocurrió en Miraflores, qué se pactó o qué se convino, pero nada bueno pudo ser porque no se entiende, se escapa de toda lógica, tanta humillación, tanto recogimiento, tanta sumisión frente al régimen, al mismo tiempo que se ataca y se insulta las iniciativas opositoras y hasta se les acusa de “aventureras” y “golpistas”.

Qué redobladas ganas tienen los “encarriladitos” de acusar de ese modo a quienes no están dispuestos a dejarse humillar. Resulta curioso que el tener dignidad, el darse a respetar, significa ser un radical.

¿No es Nicolás Maduro el único aventurero, ilegítimo, golpista, ladrón de las elecciones, violador de la Constitución e implacable perseguidor de la disidencia opositora? ¿Por qué no lo encaran? ¿Por qué no desnudan su corrupción y cinismo?

¿Qué pasó? ¿Será que el lunatismo de las histéricas doñas académicas que firmaron la bienvenida al sátrapa cubano es ya una pandemia nacional?

No, ni de vaina. Hace exactamente doscientos años ocurrió la rebelión popular de 1814. Según Juan Uslar, la realizaron en la calle los maleducados, insurrectos y radicales jóvenes de aquella época. Los Bolívar, los Rivas, los Sucre de entonces.

Tenían poco que perder y mucha libertad que ganar: lucharon y vencieron. Pasaron por encima de la opinión de las histéricas doñas académicas y de los encarriladitos timoratos del momento, se fueron a la calle, enfrentaron a la tiranía, dieron un golpe de Estado y fundaron a Venezuela.

Hoy la historia se repite y tú la estás haciendo…