• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Andrés Cañizález

Mis héroes personales

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

En los días de Semana Santa tuve la oportunidad de estar en algunos municipios del estado Lara, especialmente en zonas rurales. Allí me encontré con muy diversas personas, jóvenes y no tanto, campesinos y maestras, activistas políticos de largo aliento y noveles en estas faenas. A todos les unía, pese a las diferencias notables, el llamado hecho por Henrique Capriles Radonski de movilizarse de cara a las elecciones presidenciales del venidero 14 de abril. Muchos de ellos pasaron a ser mis héroes personales.

Ejercer posiciones públicas a favor del cambio democrático, como es mi caso, desde el ámbito universitario de Caracas no constituye ninguna proeza. Es una gesta la acción política ejercida por hombres, y especialmente mujeres, desde el mundo rural venezolano, en donde la mano del Estado se siente con mayor fuerza, en donde el chavismo no es una abstracción sino que es la presencia diaria en el rostro de los vecinos, en donde portar una franela o una gorra que te identifique políticamente con la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es en sí mismo todo un desafío. Se trata de defender un punto de vista que va a contravía de la posición dominante en poblados o caseríos en donde “todo el mundo se conoce”, y en los cuales la ayuda oficial que viene del Gobierno central es manejada por caciques locales que aplican el pase de factura sin contemplaciones. Defender allí la bandera del cambio es una proeza.

En la mayoría de los lugares en los que estuve, alejado de los centros urbanos, ocasionalmente encontré algún afiche o valla a favor de Capriles Radonski. Toda esa propaganda, escasa debe decirse, era del año pasado. También del año pasado era la publicidad oficial, ésta sí abundante e invariablemente con el rostro de Hugo Chávez. En los centros urbanos como Duaca, Carora y Quíbor ya comenzaba a evidenciarse la nueva ola propagandística que prácticamente coloca el voto por Nicolás Maduro como un acto de fe. Montaña adentro, la campaña de este 2013 no parece haber llegado en términos de imágenes. La gente, sin embargo, está movilizada, también en las filas del chavismo, que además aceita su maquinaria para acarrear votantes. Emoción versus maquinaria, ese será nuevamente el dilema en el cual se moverán las cosas el 14 de abril.

La gente con la que me encontré en estos pequeños poblados, mis héroes personales, precisamente se sintieron convocados con el mensaje de Capriles Radonski cuando aceptó la candidatura. Un detalle nada banal. La posibilidad de que el mensaje del candidato de la MUD pudiera conectarse con estos activistas en zonas rurales sólo fue posible por la transmisión de canales privados de cobertura nacional como Televén y especialmente Venevisión. Al hablar con muchos de ellos constaté que si bien Globovisión es una excelente plataforma para la difusión del mensaje opositor, su influencia es limitada o casi nula una vez que se acaba el asfalto.

Motivados y sin recursos, así están mis héroes personales. La red organizativa de la MUD sencillamente no alcanza hasta esos caseríos, y la corta campaña electoral impondrá algunas decisiones que impedirán llegar a todo el país. La propuesta de activar minicomandos de campaña, autoconvocados y autofinanciados, parece la respuesta correcta para enfrentarse al grosero uso de los recursos públicos por parte del gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En esa onda estaban los venezolanos con los que me encontré en los días de Semana Santa, movilizándose con lo que tienen a su alcance, asumiendo que la propagación del mensaje del cambio no es un asunto exclusivo de los partidos y organizaciones que hacen vida en la Mesa de la Unidad Democrática.

Si alguna tarea pendiente tiene la clase media profesional que opta por la alternativa democrática es justamente darles apoyo, brindarles soporte a estos venezolanos que se atreven a enarbolar la bandera del cambio en lugares donde el viento electoral sopla en contra, muy en contra. Allí es donde justamente se hará la diferencia.