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Corina Yoris-Villasana

Del héroe mítico al líder contemporáneo

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Mi memoria registra entre mis primeras ansias de conocer la gran curiosidad que siempre suscitó en mí la cultura griega. Me acerqué a los griegos gracias a una fabulosa biblioteca que poseía Ángel Raúl Villasana y que a su partida me dejó como legado. Leía esas páginas con avidez y recuerdo una famosa frase, que ha sido atribuida a Tales de Mileto, “Todo está lleno de dioses”; así también leí con profundo interés que “Zeus es el aire; Zeus, la tierra; Zeus, todas las cosas y cuanto trasciende en ellas”, dicha por Esquilo.

Para los griegos era absolutamente natural que los dioses formasen parte de su entorno, de su vida y que el mundo estuviese impregnado de esa divinidad. Al lado de ellos, los dioses, se encontraban también los héroes o semidioses, cuya significación principal era la simbolización del pacto de acercar las divinidades a la cotidianidad. Eran seres que moraban entre los humanos y ostentaban orgullosos facultades sobrenaturales, que provenían de sus ancestros. Eran hijos de alguna divinidad y un humano. En la larga lista de estos semidioses podemos citar a Paris, inmortalizado por Homero en la Ilíada, raptor de Helena, esposa de Menelao, ocasionando de esa manera la guerra de Troya. Aquiles, héroe por excelencia de la Ilíada, obra que fundamentalmente narra su cólera por la muerte de Patroclo, a manos de Héctor.  “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles, cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos”.

En la mitología romana, muchos de los dioses y héroes son similares a los griegos, tomando nombres diferentes, como es el caso de Venus, Afrodita en la griega; Vulcano, mitología romana; Hefesto en la griega. Como héroes, encontramos a Eneas, héroe troyano, hijo de Venus y el mortal Anquises. Escapa de Troya, y cumpliendo el destino que le han señalado los dioses, llega a la península itálica para fundar lo que más tarde sería Roma.

En el medievo, topamos con el Rey Arturo y su legendaria espada Excalibur;  con la “doncella de Orleans”, Juana de Arco; con el poema del Cid Campeador; cuyo leitmotiv es la recuperación de la honra perdida por el héroe; por una parte, está la figura histórica del caballero burgalés, por otra, el héroe mítico literario que muchas veces se confunde con el personaje real; estos héroes ya no son hijos de dioses con humanos, entendiéndose por héroe la persona capaz de llegar al sacrificio por una causa noble.

En esta breve recapitulación sobre los dioses y los héroes, llegamos a la figura del héroe (¿antihéroe?) de Don Quijote de la Mancha, de quien dice F. Savater: “Nuestra modernidad nace bajo el signo de un héroe delirante y ridiculizado -Don Quijote- y va acumulando sarcasmos y recelos sobre el heroísmo hasta que poco a poco sólo queda la convicción de su fracaso inevitable”.

Leemos a Hamlet,  saltamos a Sherlock Holmes, sufrimos con Anna Karenina; la literatura nos permite este rápido viaje en la Historia; así nos vamos preparando para asistir al cambio de arquetipo, a un viraje que nos muestra otro prototipo heroico.

En nuestra contemporaneidad, el héroe viene a ser el futbolista, el beisbolista, el boxeador, seres de carne y hueso; aunque también aparecen los héroes del celuloide, cuyo el mejor ejemplo será James Bond, el fabuloso agente 007. Pero también surgen los héroes de las luchas políticas, Mahatma Gandhi, Nelson Mandela, Martin Luther King; y los héroes de las guerras del siglo XX, Patton, Eisenhower, Rommel, MacArthur, Montgomery. De nuevo, la concepción del ser humano capaz de inmolarse.

Entramos así aotra etapa, a la época del líder, bien sea político, bien sea religioso, o con ambas cualidades. El líder carismático, aquel que suele despertar grandes emociones, seduce y logra admiradores a sus propuestas. En esa categoría se encuentran nombres que a veces suscitan repudio por lo que representaron en la Historia, como es el caso de Hitler; de igual manera entra en esta clasificación Fidel Castro. Nos agraden o no, fueron líderes en su momento.

En esta hora aciaga que vive el país, se oyen voces clamando por un líder, o ¿será que se pretende que aparezca un héroe, capaz de inmolarse por una causa noble que le permita obtener la inmortalidad? Y, ¿cuál es la causa noble? ¿La tuya, la mía, la del vecino? ¿Líderes momentáneos que ofrezcan villas y castillos? ¿Líderes de pacotilla inflados por los medios publicitarios que nos conduzcan de nuevo a otro despeñadero? ¿Líder o héroe? ¿Mortales o dioses?

¿No será más bien que se necesitan voluntades que respeten los disensos, voluntades que unidas actúen como ingenieros para construir y reconstruir el país y actuar filosóficamente para deslindar conceptos y categorías, y así no volver a caer en las trampas de elefantes en las que nos hemos visto atrapados durante varios años? ¿Rescatar la cultura y resignificar los valores, adecuándose a los nuevos contextos sociales? Seres de carne y hueso, que les duela Venezuela.