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Raúl Fuentes

La hembra nueva

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“Las feministas del gobierno reproducen lo que critican”. Así, quizá con una contenida dosis de rabia o frustración, pero concisa y acertadamente, una joven psicóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela (con un post grado en Estudios de la Mujer cursado en esa misma casa de estudios), expuso a este diario un curioso caso de intolerancia y estrechez mental que provocó su salida de una institución que, luego de solicitar y contratar sus servicios, prescindió de ellos cuando constató que, además de ser la excelente profesional que certificaba su currículum académico, se desempeñaba como modelo para promocionar productos de conocidos diseñadores de ropa y accesorios femeninos, lo cual, si a ver vamos, no era de la incumbencia del organismo contratante.

El Instituto Nacional de la Mujer, entidad adscrita al Ministerio del Poder Popular para la Mujer y la Igualdad de Género, donde la referida psicóloga alcanzó a trabajar apenas 5 días, adujo, para justificar su precipitado e injustificado despido, que el modelaje la asociaba a con “marcas capitalistas” y eso no sólo era incompatible con la filosofía de Inamujer, sino que contrariaba su elevada misión de dignificar al despectivamente llamado sexo débil. El argumento es falaz e infantil; falaz porque nuestra administración pública marcha por inercia sin rumbo ni propósito, e infantil, pues, supone que mostrarse en una pasarela luciendo ropa de firma es distinto a hacerlo en un despacho ministerial para provocar envidias y comentarios entre las compañeras de trabajo – como hacen altas funcionarias, que lo son gracias a la inclusión forzada y el igualitarismo a juro propiciado por la irracionalidad dogmática de comisarios ideológicos de constreñido magín, ahítos y escasos de formación, lo que les impide discernir juiciosamente entre lo que es políticamente correcto y lo que no lo es – poniendo de relieve, una conducta hipócrita y un talante reaccionario, semejante a la actitud de esas personas, que añoran las penurias del pasado y rechazan las tecnologías que hoy día contribuyen a una mejor calidad de vida..

Esas mujeres que hablan de “institucionalidad del socialismo feminista en Venezuela”, pensando acaso en una “hembra nueva”, una especie de tomboy equiparable a los hombres, no por su capacidad, sino por sus modales, están auspiciando un nuevo tipo de discriminación que encuentra en algunos atributos de las damas motivos suficientes para considerarlas enemigas del proceso que ellas dicen encarnar. Cuando no andan trajeadas como tópicas maestras de las tiras cómicas, se les ve disfrazadas de Indiana Jones, con sus cachuchas rojas, sus chaquetas de cazador y sus botas de explorador; prestas a blandir el látigo para escarmentar a quienes hagan mofa de su comportamiento; sin embargo, ninguna de ellas alzó su voz para protestar contra el machismo desmedido de Chávez cuando éste, para ponerle picante a uno de sus tediosos Aló presidente, amenazó con darle lo suyo y duro a Marisabel Rodríguez, su cónyuge, no como promesa romántica o recordatorio de amor compartido sino como preaviso al cobro de su cuota semanal de egocéntrica satisfacción de sus instintos primarios.

Algunas de esas mujeres, arrogantes ante quienes estiman se comportan de acuerdo a patrones moldeados por el capitalismo y las consideran sumisos objetos del deseo y la dominación masculina, se enorgullecen de haber superado ese estadio de sujeción a un marido, un padre o un hermano para militar en el peor de los extremismos feministas (aquel que hace del hombre un mal necesario e incluso hasta desechable), han sido cómplices del trato ofensivo y desconsiderado que el gobierno de Maduro ha dispensado a María Corina Machado, de los insultos proferidos contra figuras cuyo compromiso con el país consta a varias generaciones de venezolanos como María Teresa Castillo, blanco de denuestos impublicables con los que se pretendió mancillar su reputación y ensombrecer su protagonismo en la vida cultural del país; del atropello a una valiosa ciudadana, Teresa Albanes, por el sólo hecho de contribuir a la realización de unas elecciones primarias transparentes - que recordaron a la ciudadanía que la independencia es el fundamento del arbitraje comicial - o de la reciente humillación a la joven dirigente Gaby Arellano a la que se le negó su derecho desplazarse por el territorio nacional por enfrentar a Maduro y lo que él y su régimen despótico representan.

Sobrada razón tiene la modelo y psicóloga cuya destitución ha sido pábulo de estos comentarios cuando se rebela contra el encasillamiento del feminismo en un compartimiento estanco donde no tienen cabida la elegancia, las buenas maneras o la belleza; envidia pura y resentimiento es lo que motiva tal reduccionismo; por eso, aplaudimos que en su tesis sobre Moda e identidad sostenga que ser modelo no la hace más o menos feminista, sino representante de otra manera - legítima y respetable - de expresar su condición de mujer.