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Armando Durán

¿Qué hacer?

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El pasado jueves, monseñor Diego Padrón, presidente de la Conferencia Episcopal de Venezuela, volvió a meter el dedo en la llaga de la crisis. Y lo metió a fondo, tanto como hace pocos días hicieron Luis Ugalde por una parte y la CEV por otra. “Venezuela –fue la sustancia de esta declaración de Padrón a la que la todos debemos hacerle muchísimo caso– reclama un cambio urgente en todos los órdenes”.

Es preciso destacar que en ningún momento habló Padrón de aplicar remedios más o menos cosméticos para ganar un poco más de tiempo o a lo sumo para reformar sobre la marcha este o aquel matiz concreto del problema, sino de entender de una vez por todas el carácter global de la crisis, cuyos aspectos esenciales son dos. Primero, que la crisis que agobia a los ciudadanos no son simples errores en la aplicación de políticas públicas más o menos equivocadas, sino un problema estructural –la propia naturaleza del régimen chavista– y su solución hay que abordarla teniendo en cuenta que ella abarca la totalidad de la vida ciudadana e institucional. En segundo lugar, que para remediar esta realidad alterada por la anacrónica visión ideológica de los gobernantes de turno no se puede esperar a mañana (mucho menos hasta el año 2019, mucho menos a las elecciones parlamentarias de 2015, como el régimen, Acción Democrática, Copei, Primero Justicia y UNT pretenden que hagamos), sino que debe asumirse con la mayor diligencia y celeridad. O sea, que la solución de la actual crisis venezolana requiere un cambio muy profundo del sistema político y económico, sin mentiras que ya no engañan a nadie, y que ese vuelco radical y necesario para enderezar antes de que sea demasiado tarde este catastrófico rumbo que no nos lleva a ninguna parte debe efectuarse de inmediato.

Las palabras de Padrón resultan en este momento particularmente oportunas, porque estamos en vísperas del III Congreso del PSUV, cuyo desarrollo quizá nos permita medir la magnitud de las diversas corrientes internas que hoy se disputan la dirección del partido y la ruta que a partir de agosto debe seguir el gobierno para evitar el colapso del país a muy corto plazo. Y porque quizá entonces, si en efecto una fracción importante del chavismo denuncia los disparates oficiales, sea posible que la MUD también decida salir de su patético silencio, que tanto le ha servido al régimen para legitimarse dentro y fuera de Venezuela. Tengo la impresión de que solo si se produce este cambio en la perspectiva desde la cual acometer la crisis podrá frenarse la marcha de Venezuela hacia el desconocido abismo de la materia más negra del universo.

La situación a la que se refiere Padrón es, sin duda, la peor que ha sufrido Venezuela desde la Guerra Federal. A la suma de todas las escaseces que hoy en día padecen los ciudadanos, debemos añadir que la desmesura política de unos y otros ha terminado por hacerse palpablemente dramática. Por ejemplo, ¿podía alguien imaginarse que Henry Ramos Allup, en su condición de secretario general de Acción Democrática, llegaría al extremo de acusar públicamente a la dirigencia estudiantil, a Leopoldo López y a María Corina Machado como los responsables de las muertes y otras tantas atrocidades cometidas en realidad por las fuerzas represivas, oficiales y paramilitares del régimen? ¿Es ese el camino que nos propone la MUD para escapar de los desastres de la crisis?

Nunca antes se ha tenido esta certeza de que el gobierno, con el respaldo inexplicable de una oposición que ya nada tiene que ver con los sentimientos y las urgentes necesidades existenciales de los ciudadanos, sea capaz de gobernar. Mucho menos de acometer la crisis con alguna posibilidad de éxito. Pero lo cierto es que lo único que se percibe en estos días difíciles es la convicción generalizada de que si seguimos por este sendero de la improvisación, la ignorancia y la indefinición permanente el país se hundirá sin remedio en una mengua física y espiritual sin precedentes en nuestra historia republicana.

Es en este amenazante marco de desorden supremo e incoherencia (la revolución socialista y antiimperialista de Venezuela convocando por boca de su zar financiero, Rafael Ramírez, al Fondo Monetario Internacional a venir en su ayuda) que se produce el llamado agónico de Padrón. Solo escuchándolo con muchísima atención podremos entender los peligros que acechan a quienes vivan en un mudo que ahora parece estar construyéndose al revés. Solo así podremos llegar a colocarnos en la enigmática encrucijada de nuestra futura historia como nación. ¿Qué hacer para asimilar el sentido exacto de esta seria advertencia que les hace a todos los ciudadanos el jefe de los obispos venezolanos? ¿Qué hacer para no fracasar ni perecer en el intento de restaurar la democracia en Venezuela? ¿Qué hacer?