• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Laura Tyson

Hay que hacer efectiva la recuperación de Estados Unidos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La economía estadounidense creció mucho más rápido de lo previsto en 2013 y parece que está lista para un mayor empuje este año. Sin embargo, sigue habiendo rezago en el mercado laboral y mientras continúe así, los dividendos, debido a un crecimiento más acelerado, seguirán concentrados en los niveles más altos de distribución del ingreso, como ha sido a lo largo de la recuperación.

De acuerdo con cálculos recientes de la Oficina de Análisis Económico estadounidense (BEA), el PIB real (ajustado a la inflación) tuvo una tasa de crecimiento promedio anual de 2,7% en 2013, en comparación con la reducida de 2% de 2012. Gran parte de las previsiones –incluida la de la oficina no partidista de Presupuesto del Congreso, la llamada Blue Chip consensus, y la Reserva Federal–, proyectan que el crecimiento real anual será de al menos 2,8% en 2014.

A pesar de dos informes recientes sobre un nivel de empleo moderado, hay muchas razones para esperar un crecimiento acelerado en 2014. Los vientos en contra que desestabilizan la recuperación estadounidense –hojas de balance empobrecidas de las familias, un mercado inmobiliario deprimido y cortes en el gasto público y el empleo– se disipan. La deuda de las familias ha caído a niveles no vistos desde la primera parte de los años noventa, el patrimonio real neto de las familias regresó a los niveles previos al punto máximo de la recesión, y la proporción de la inversión residencial con el PIB aumenta.

Mientras tanto, los presupuestos públicos locales y estatales mejoran, y el presupuesto federal va en la trayectoria de sustraer solamente alrededor de 0,5% del PIB en 2014, en comparación con el 1,75% de 2013. En un año de elecciones legislativas, es improbable que se produzca otro enfrentamiento desestabilizador por el techo federal de deuda.

Asimismo, es probable que la política monetaria siga teniendo un diseño acomodaticio, y la inflación sigue en un nivel inferior a lo previsto. Janet Yellen, presidenta del Sistema de la Reserva Federal estadounidense, fue una de las creadoras vocales de la postura sobre la política acomodaticia de la Reserva bajo la dirección de su predecesor, Ben Bernanke, por lo que se espera continuidad en dicha política. En efecto, la Reserva ha reiterado su intención de mantener la tasa de fondos federales cercana a cero hasta que la tasa de desempleo caiga a menos 6,5%, mientras recorta gradualmente sus adquisiciones de activos de largo plazo –la llamada facilitación cuantitativa– en 10.000 millones de dólares por mes.

Mientras tanto, el gasto privado tuvo un aumento anual de 3,9% en 2013, la tasa más alta en una década, y las perspectivas para 2014 son prometedoras. Las hojas de balance más prósperas de las familias se traducen en un sentimiento más fuerte de consumo. La tasa real de consumo personal se incrementó en 2,3% anual en 2013, en comparación con el 2% de 2011 y 2012.

El crecimiento del consumo junto con el alto récord de los rendimientos corporativos deberían impulsar un mayor gasto en inversión este año, de igual forma que la relocalización de la actividad económica y el mejor balance comercial, debido a una caída de los costos laborales y energéticos en Estados Unidos. En efecto, la energía de esquisto y el análisis de datos masivos, dos áreas en las que los estadounidenses tienen fuertes ventajas competitivas, podrían ser “elementos revolucionarios” significativos del crecimiento del lado de la oferta.

Sin embargo, las perspectivas para los trabajadores estadounidenses son menos optimistas y más inciertas. A pesar de un crecimiento más fuerte en 2013, la creación neta mensual de empleos, de alrededor 193.000, fue ligeramente superior a la de 2012 (186.000) pero aún inferior a los 200.000 que se creaban antes de la recesión. El empleo en 2013 se mantuvo con un déficit de 1,1 millones de empleos en comparación con el récord previo a la recesión; recuperar dicho nivel requeriría de 7,7 millones de empleos más, además de la absorción de los subsiguientes trabajadores que mes con mes entran a la fuerza laboral.

En noviembre de 2013 las ofertas de empleos mensuales superaron los 4 millones por primera vez desde 2008. Sin embargo, el número de personas que buscaban un empleo excedió el número de ofertas laborales en todas las industrias. Cuando oficialmente acabó la recesión en junio de 2009, había 6,2 trabajadores desempleados por cada oferta de empleo. En noviembre, este coeficiente había caído a 2,7 personas, en comparación con las 1,8 personas de antes de la recesión (y con las 1,1 personas en 2000).

Con la ola recesiva, las tasas de desempleo entre trabajadores de todos los niveles educativos se dispararon, y aún tienen que regresar a niveles previos a la recesión. Si bien la tasa de desempleo de corto plazo (aquellos desempleados durante 26 semanas o menos) ha regresado al promedio de 2006-2007 de antes de la crisis, la tasa de desempleo de largo plazo se mantiene en un récord máximo jamás visto desde que se introdujo la variable en 1948. Los desempleados de largo plazo representan aproximadamente 36% del desempleo total, que es menor al casi 46% de marzo de 2011, pero aún muy superior al récord previo de 26% registrado hace 30 años.

Los desempleados de largo plazo suelen ser adultos mayores –el número de trabajadores desempleados de 50 a 65 años se ha duplicado– y aquellos que fueron despedidos de sus empleos previos. Es poco probable que un crecimiento económico más acelerado y más ofertas de empleo beneficien a estos trabajadores: entre más tiempo estén desempleados, más obsoletas se vuelven sus calificaciones y más se deteriora su atractivo real o percibido de empleabilidad.

Asimismo, las tasas de desempleo a corto y largo plazo subestiman el rezago en el mercado laboral provocado por la caída significativa y constante de la tasa de participación de la fuerza laboral (TPFL) desde que comenzó la recesión. 66% de los estadounidenses estaban empleados o buscando activamente empleo en 2007; ahora, esa cifra es de 63%, el nivel más bajo desde 1977.

Si la TPFL se hubiera mantenido en su nivel más alto previo a la recesión, la tasa de desempleo actual sería de casi 12%. Si se hubiera estabilizado cuando la tasa de desempleo tuvo niveles récord en octubre de 2009, el desempleo hoy sería superior a 9%.

Una pregunta central de política es por qué la TPFL ha seguido cayendo. Sin duda, la demografía influye: una proporción mayor de la fuerza laboral está llegando a la edad de jubilación, mientras que la proporción de aquellos entre 16 y 24 años que están estudiando, está aumentando. Sin embargo, la recesión desencadenó caídas inesperadas y sostenidas en la TPFL en todos los grupos de edades en respuesta a una demanda escasa y malas perspectivas de empleo. En un análisis reciente de la Oficina de Presupuesto del Congreso se considera que aproximadamente 50% de la caída en la TPFL desde finales de 2007 hasta finales de 2013 se debe a dichos factores cíclicos, y la otra parte se explica por las tendencias seculares demográficas.

Durante los últimos años ha sido evidente que el rezago prolongado del mercado laboral se traduce en salarios reales decrecientes para gran parte de los trabajadores, y el efecto negativo se intensifica en los valores más bajos de la escala salarial. En la misma lógica, un mayor crecimiento en 2014 y mercados laborales cada vez menos flexibles deberían conducir a aumentos salariales más sanos para 70% de la fuerza laboral cuyos salarios reales no han regresado aún a sus niveles previos a la recesión.

Sin embargo, como señaló el presidente estadounidense, Barack Obama, en su reciente discurso sobre el estado de la nación, se necesitará más que un crecimiento económico acelerado para que los trabajadores estadounidenses se recuperen de la gran recesión. Es esencial extender los beneficios sociales a los desempleados de largo plazo, combatir el estigma que impide contratarlos, crear más oportunidades de capacitación en el trabajo y pasantías, y aumentar el salario mínimo, para avanzar hacia una distribución equitativa de los beneficios de la recuperación.