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Juan Barreto

¿Por qué hablamos de fascismo hoy en Venezuela?

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El camarada Chávez, siempre con su ágil capacidad narrativa y con sus cuentos, comentaba en algunos de sus Aló, Presidente que en muchas de las reuniones a las que iba en aquellos años de insurrección en contra del puntofijismo, lo llevaron a un lugar donde, entrevistándose con ciertas personas que hoy siguen siendo operadores políticos de la oposición venezolana, llegó a ver y a oír la admiración de estos por Hitler, por el Mein Kampf y por la esvástica.

Chávez contaba que en esas reuniones un tanto extrañas con ciertos personajes opositores, él sentía repudio y susto a la vez, y que entonces eso lo llevaba a comprender que la cosa no era tan sencilla, que frente a las limitaciones de la democracia representativa también había otras ambiciones que siguen estando presentes, y eso hay que remarcarlo, ambiciones de sectores de extrema derecha en Venezuela. Hay que decirlo así, existen núcleos de extrema derecha, fascistas, que intentan crear máscaras, fachadas, rostros democráticos para no develar completamente sus intenciones y proyectos.

Los intelectuales de derecha se preguntan con cierta piquiña: ¿Cómo es esto del fascismo? Es importante decir que el fascismo histórico, el fascismo clásico, el fascismo italiano, el nazi-fascismo alemán, no se reproducen exactamente con los mismos rasgos y características en América Latina y en el resto del mundo. Pero sí hay un fascismo que pudiéramos llamar genérico, es decir, una matriz común en todas las experiencias fascistas.

Esa matriz común, que ha tratado de ser nublada por la academia politológica occidental con el concepto de totalitarismo, es la relación del fascismo con el gran capital. No hay fascismo si no existe el aval y el apoyo del gran capital para generar una forma de dominación burguesa a través del terror.

El fascismo es en esencia antidemocrático, sobre todo con relación al contenido igualitario y libertario de la democracia. Repudia absolutamente los valores de la Revolución francesa: libertad, igualdad, fraternidad. Si se analiza el modelo ideológico del fascismo en los escritos de Mussolini, Hitler o del propio Goebbels, encontraremos allí la repulsa totalmente clara a la democracia.

El fascismo, además de ser antidemocrático es antimarxista y antisocialista, en el sentido emancipador del término socialista. El fascismo, para recalcarlo, nace en contra de la revolución socialista; es básicamente una reacción contra la emancipación humana.

Entonces, no es casual que el fascismo haya aparecido en Venezuela en esta época. La derecha venezolana no lleva a cabo una lucha democrática, su agenda siempre ha sido el golpe de Estado, guiados por la desesperación y el revanchismo, por la idea de activar un aparato represivo en contra del movimiento bolivariano, que es hoy en día el movimiento-fuerza de las grandes mayorías democráticas del país.

Entonces, para prevenir un poco la reemergencia del fascismo, hay que asumir algunas tareas políticas: en primer lugar no entregarle la cuestión nacional a la derecha, que intenta monopolizar una visión completamente reaccionaria, chauvinista y conservadora; síntomas inequívocos del fascismo. De segundo, no entregarle la cuestión social a la derecha, en fin, un antídoto fundamental contra el fascismo es la democratización de las esferas del poder, dándole más poder al pueblo, al poder popular de base, de barrio, de urbanismo, de territorio, a las organizaciones sociales; llámense movimientos sociales, movimiento obrero, campesino, de mujeres; consejos comunales, comunas, colectivos; en fin, a las fuerzas vivas de la revolución bolivariana.