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Jaime Merrick

¿Quién habla del fraude latente?

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Hablar del 6 de diciembre se ha vuelto casi que repetitivo. Afortunadamente, sobre la importancia de estas elecciones se ha escrito mucho: Se han hecho análisis sobre las competencias de la Asamblea Nacional, el quórum de votación para creación de leyes, cómo desde esa instancia se puede controlar al resto de los Poderes Públicos, se han hecho propuestas legislativas enfocadas en lo social y lo económico, y se afirma que desde la Asamblea habrá una lucha implacable contra la corrupción.

Asimismo, se ha hecho una campaña electoral dirigida a promover el voto masivo. Se ha afirmado que si en estas elecciones el ciudadano vota en multitud, no hay fraude electoral que haga posible la victoria del gobierno. Bajo esta premisa, poco importa los Estados de excepción en algunos estados del país, tarjetas electorales engañosas el ventajismo electoral y los hechos de violencia que han sucedido en las concentraciones de la oposición; si se vota masivamente, la victoria de la oposición es inevitable.

En apoyo a la tesis de voto-masivo -equivale -a victoria en curules y en votos, la mayoría de los estudios de opinión pública afirman la precariedad política del chavismo para estas elecciones, y que por primera vez en los últimos 16 años, la oposición es ampliamente favorita en las próximas elecciones legislativas. Según esos de opinión pública, la MUD aventaja al gobierno por más de 30 puntos, e incluso, hay analistas tan convencidos de la victoria de la oposición será de tal magnitud, que afirman que la próxima Asamblea la MUD obtendrá más de 100 diputados.

Ya se habla de escenarios en los que lo único cierto es la victoria de la MUD. El convencimiento sobre la derrota del gobierno es tan grande, que abundan muchos comentarios/análisis sobre la relación de la próxima Asamblea con el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial, y al mismo tiempo, se descarta que el gobierno esté en la capacidad de hacer fraude electoral.

De pronto; la euforia de una hipotética victoria de la oposición ciega a los analistas políticos y a una opinión pública que no se detienen por una posibilidad tan o mucho más probable que una victoria de la oposición: El fraude electoral. 

Me consta y doy fe del esfuerzo de la MUD en tomar las previsiones necesarias para formar a testigos electorales para la defensa del voto. Sin embargo, no me queda claro cual sería la postura de la oposición venezolana ante un eventual fraude electoral. Es probable que se maneje ese escenario, y para no desmotivar el voto ciudadano, no se haga público. Esperamos.

Hoy, el gobierno todavía tiene una maquinaria electoral no sólo conformada por militantes del PSUV, sino que además cuenta con el absoluto favor de todos ministerios y Poderes Públicos Nacionales, la mayoría de las gobernaciones y las alcaldías del país, también al servicio del gobierno y con ingentes recursos humanos y financieros para movilizar el voto chavista el 6-D. Y  además, el apoyo de las Fuerzas Armadas.

El significado del 6-D para el gobierno va más allá de lo electoral y político. Está vinculado a escándalos de corrupción, narcotráfico, violaciones de derechos humanos, responsabilidades políticas y penales de muchos ministros y militares de dos y tres soles. Después de todo lo que ha pasado en Venezuela, sumado a todo lo que tiene que perder el gobierno ante una eventual derrota, soy incrédulo de los análisis optimistas que dan por sentado a una oposición legislando e interpelando ministros en la próxima Asamblea Nacional.

Mi mensaje no llama a la desmotivación, todo lo contrario, procura a ser muy realistas con las circunstancias que atraviesa Venezuela, y que más allá de sondeos y análisis, lo único que cuenta para el 6-D es el voto efectivo y defendido.

Jaime Merrick

Jaime.merrick@gmail.com

@jaimemerrick

Merrickjaime.wordpress.com