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Milagros Socorro

Un gran momento de Carlos Vecchio

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Llevo varias horas revisando la prensa y las redes sociales. Quiero saber qué pasó con Carlos Vecchio tras su sorpresiva aparición en la tarima de la marcha de Caracas de este sábado, otra jornada de asesinatos, violación a los derechos humanos, detenciones ilegales, secuestro de periodistas y torturas que perpetra el régimen en su intento desesperado de acabar con las protestas por la vía de la represión y el crimen.  

La intervención del coordinador político de Voluntad Popular, sobre quien pesa una orden de detención, no fue solo un acto de coraje y atrevimiento, sino de inteligencia y nobleza.

Vecchio abrió su discurso con un saludo al movimiento estudiantil; e inmediatamente hizo un “humilde” reconocimiento “a la Mesa de la Unidad Democrática y a los partidos políticos” nucleados en esa coalición política. Esta manera de iniciar su breve alocución fue oportuna, generosa, propia de quien ejerce el liderazgo con ánimo pedagógico y maduro. En el solazo de la tarde caraqueña y en el apretujamiento de la muy concurrida manifestación, esas palabras fueron emocionantes. Vecchio es hombre de unidad. Y eso es mucho en esta hora.

El mensaje que fue a transmitir, burlando la persecución, fue asimismo hermoso y diáfano: "Esta lucha no es de pueblo contra pueblo sino del pueblo que sufre contra la cúpula del poder. Queremos vivir y morir libres en esta tierra. Venezuela vale la pena y aquí nadie se rinde".

Aludió a su partido con orgullo y afecto, otro acierto. Y acusó a los cabecillas del régimen: "Quienes hoy nos gobiernan ya no defienden los intereses genuinos y legítimos de la población, sino sus riquezas y privilegios”.

Ya hacia al final sugirió que en tiempos difíciles, debemos preguntarnos qué tuvieron en mente los libertadores de la patria para rescatar la dignidad del pueblo, y tener un país libre."Nos corre la sangre de Bolívar, Sucre, Luisa Cáceres de Arismendi, Leonardo Ruiz, Pompeyo y tantos venezolanos que dieron su vida y la siguen dando para que nosotros vivamos libre ¡Venezuela vale la pena!”.

Yo estuve allí. No lejos de la tarima, siguiendo la intervención de Vecchio por los altoparlantes (como había escuchado las de Antonio Ledezma y Andrés Velásquez, muy enérgicas y articuladas, naturalmente). Pero la de Vecchio me conmovió en cada frase. Por su sobriedad, su pertinencia e insisto por su gran generosidad, que en la actual circunstancia es un valor muy apreciable.

Me llamó la atención los nombres que vinieron a la mente de Vecchio mientras se dirigía a la multitud congregada en El Rosal. Los tres últimos sufrieron presidio político y, por cierto, sobrevivieron a él. Luisa Cáceres marcharía al exilio donde tuvo larga vida y prolífica familia. Pompeyo Márquez, quien rebasa los 90 y entregó algunos de ellos a la cárcel que castiga al hombre justo, ha sido maestro de muchas generaciones de venezolanos, ejemplo de periodismo, ciudadanía, valentía, honestidad y coherencia. Pero Leonardo Ruiz Pineda murió tres años después de salir de la cárcel. Era más joven que Carlos Vecchio, que ya es mucho decir. El dirigente de Voluntad Popular tiene 43 años y Ruiz Pineda fue asesinado a los 36.

Fue muy significativo que Vecchio, en su audaz paréntesis de la clandestinidad,

pronunciara el nombre del tachirense en la vibrante tarde de Chacao como quien suelta un pájaro. Fue un acto de probidad, un pequeño adelanto de justicia, que mucho agradecemos los venezolanos abrumados de iniquidad.

Es posible que Vecchio en La Carraca esté leyendo los textos de Ruiz Pineda (no hay, por cierto, que estar preso o escondido para abrevar de la alta prosa del de Rubio, que era un escritor delicioso), porque, a pesar de que su alocución del sábado fue muy corta, hubo ocasión para coincidir con el andino. En el prólogo al ‘Libro negro, Venezuela bajo el signo del terror’, aparecido el mes de la muerte de Ruiz Pineda, este escribió:“Este libro es un fragmento de una negra historia venezolana, testimonio de conmoción violenta de la República, escrito en un alto de la batalla entre la nación que reclama libertades y la camarilla que usurpó su soberanía. (…) Este libro ofrece los testimonios de esa pugna, de la violencia criminal de un régimen sin normas éticas y políticas y de la voluntad de sacrificio de quienes se enfrentan a él”.

Muy coincidente con la imputación de Vecchio a los malandros que nos gobiernan con el ojo puesto más en los caudales que le han rebanado a la República que en el sagrado interés de esta.

Y cuando propuso que nos pusiéramos en la mente de nuestros mayores para discernir qué los orientó al rescate de la patria, es Ruiz Pineda quien da la respuesta: lo que siempre ha venido a salvar a Venezuela de la abominación (de la violencia criminal de un régimen sin normas éticas y políticas) es la voluntad de sacrificio de quienes se le enfrentan.

Vecchio se creció en el tablado donde rescató por un momento a Ruiz Pineda del páramo del olvido. Y Venezuela ganó un líder, auténtico, sobrio y valiente.