• Caracas (Venezuela)

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Carlos Paolillo

La gran animadora

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La danza fue para Belén Lobo primero una pasión y luego un compromiso al que nunca defraudó. Su presencia como bailarina en los proyectos profesionales iniciales de la danza venezolana, representados en la Escuela Nacional de Ballet, el Ballet Nena Coronil, el Ballet Interamericano, el Ballet Nacional de Venezuela, Danzas Venezuela, el Ballet del Inciba y la Compañía Nacional de Danza, significarían un camino preparatorio para la labor de animación y acompañamiento permanente que, ya fuera de los escenarios, cumpliría sin desvíos hasta el final de su vida.

A Belén le correspondió tomar parte de las primeras experiencias de gestión pública de la danza, en tiempos en que los conceptos de gerencia eran poco aplicados en el medio cultural, imponiéndose el ensayo y el error constantes. De este modo, asumió la coordinación de su sector en el recién creado Consejo Nacional de la Cultura, donde intuitivamente esbozó los primeros lineamientos de este nuevo organismo en materia de formación, estímulo a la creación y difusión del hecho artístico de la danza. Recorrió el país intensamente reconociendo realidades y estudiando factibilidades para posibles iniciativas como el establecimiento de la Escuela Nacional de Danza, que tuvo su sede en San Cristóbal, cuyo diseño curricular contribuyó a elaborar y que también serviría de base académica para la formulación del proyecto del Instituto Superior de Danza establecido en Caracas.

Su interés por la investigación de un arte en buena medida desconocido, la llevó a indagar teóricamente sobre la danza, publicando sus estudios sobre períodos históricos, obras y personajes en las revistas Escena e Imagen. Estas visiones la condujeron también a la creación de manera paciente y minuciosa de un archivo documental contentivo de libros, revistas, fotografías, programas de mano y carteles, que abarca desde principios del siglo XX hasta la década de los años ochenta, y que hoy integra la colección patrimonial escénica del Estado venezolano. La misma pudo conocerse en la exposición Tiempo de danza, presentada en 1986 en los espacios del Teatro Teresa Carreño, que representa seguramente el primer intento revisionista de la danza venezolana del siglo pasado y sus respectivos contextos.

Tres publicaciones destacables refieren a Belén Lobo como cronista fundamental del movimiento: Pasión de la danza (Revista M, 1990) ofrece un sucinto pero certero panorama sobre los lejanos y dificultosos inicios, su progresiva profesionalización y, finalmente, su notable desarrollo; Nebreda/Nebrada (Conac-Fundación Cultural Chacao, 1996), quizás su libro más preciado, sobre aspectos relevantes de la vida y obra creativa de Vicente Nebreda, su compañero y amigo; y “Giselle ha salido poco de su casa”, publicado en Venezuela siglo XX. Visiones y testimonios (Fundación Polar, 2000), personal apreciación sobre las aventuras y desventuras de la danza clásica en Venezuela.

Belén nunca dejó de animar y acompañar a bailarines y coreógrafos, en especial a las nuevas generaciones, con las que sintonizaba plenamente, reconociendo su ímpetu y valorando su capacidad creadora. Su ausencia se hará sentir.