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Laura Tyson

El gobierno como inversionista de capital de riesgo

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La actitud de los estadounidenses hacia el gobierno, en especial el gobierno federal, recuerda una escena clásica de La vida de Brian de Monty Python.

“¿Qué nos han dado a cambio?”, despotrica John Cleese, que hace el papel de un revolucionario de Judea. “El acueducto”, concede un conspirador tímidamente. “Y saneamiento”, dice otro, mientras que se escucha a otras personas dando más ejemplos.

“Está bien”, contesta irritado Cleese. “Pero además del saneamiento, las medicinas, la educación, el vino, el orden público, la irrigación, el sistema de agua potable y el servicio público de salud, ¿qué han hecho por nosotros los romanos?”

La escena captura de forma genial el zeitgeist contradictorio y cascarrabias de Estados Unidos. De una parte, la confianza del público en el gobierno está más baja que nunca. De otro, los estadounidenses están profundamente frustrados por las carencias en los servicios de salud, la educación, la igualdad de oportunidades, la infraestructura y la protección ambiental –bienes y servicios que el gobierno ofrece desde siempre.

Un reflejo de este modo de pensar contradictorio es el aumento de la actividad privada para resolver problemas sociales. Los ejemplos de este aumento incluyen los esfuerzos de miles de millones de dólares de la Fundación Bill & Melinda Gates, sin fines de lucro, y la organización filantrópica, Bloomberg, para estimular soluciones innovadoras en educación, salud pública y reducción de la pobreza. También se refleja en las empresas nuevas destinadas a obtener rendimientos sociales y financieros, así como en las nuevas plataformas de inversión de impacto orientadas al creciente número de inversionistas que también están buscando formas novedosas de rentabilidad.

Todo son buenas noticias. El gobierno tiene una enorme presión en cuanto a su capacidad de inversión. Además, aunque muchos programas gubernamentales son muy rentables –Medicare es un buen ejemplo- muchos otros no. 

El nuevo libro de Peter Schuck, Why Government Fails So Often, ofrece un análisis exhaustivo, tal vez pesimista. Las agencias del gobierno siempre tienen el riesgo de invertir su dinero en lo que Schuck llama, “malas apuestas” y “manzanas podridas”. También son inherentemente rígidas, propensas al riesgo y renuentes a innovar porque saben que si se desvían de lo establecido, o si la innovación no funciona, serán castigadas en términos políticos. Y los programas costosos e inefectivos son conocidos por perdurar indefinidamente porque adquieren defensores poderosos.

Sin embargo, la enorme desconfianza en el gobierno, en el marco de casos evidentes de despilfarro, estimulado por cuestiones ideológicas, muy a menudo se centran en la pregunta equivocada: ¿Cuán grande debe ser el gobierno? La pregunta correcta es cómo desarrollar programas públicos eficientes e innovadores para ofrecer bienes y servicios públicos que ni el sector sin fines de lucro ni el mercado pueden otorgar.

Un enfoque consiste en dar al gobierno el papel de inversionista de capital de riesgo. Su tarea no consistiría tanto en diseñar y aplicar soluciones verticales sino en buscar, apoyar, evaluar e intensificar el uso de estrategias innovadoras retomando ideas formuladas por los gobiernos estatales y locales, las empresas y las instituciones sin fines de lucro. Esto se puede dar – en efecto, en los Estados Unidos, bajo el liderazgo del presidente Barack Obama, ya está sucediendo –de muchas formas distintas.

Por ejemplo, el Fondo Race to the Top del Departamento de Educación de Estados Unidos, que ofreció 4.000 millones de dólares en donaciones a estados que aplicaron reformas educativas exitosas, fomentó innovaciones prometedoras para los sistemas escolares de todo el país. De manera más general, las competencias en las que se dan premios para recompensar las innovaciones específicas y el crowd sourcing de ideas nuevas ofrecen una oportunidad muy rentable al gobierno para multiplicar sus escasos recursos en favor de metas importantes de interés público. El gobierno federal opera actualmente una plataforma en Internet, Challenge.gov, para facilitar competencias nuevas. Desde 2011, alrededor de 50 entidades públicas han patrocinado más de 260 desafíos.

Después del derrame de petróleo de la plataforma Deepwater Horizon en 2010 en el Golfo de México, la administración Obama se unió a la X-Prize Foundation para ofrecer un premio de 1.4 millones de dólares al grupo que produjera la solución más eficiente para la recuperación del petróleo. El método ganador, creado por Elastec American Marine, fue tres veces más eficiente que el que se aplicaba previamente en la industria.

La Ley de atención sanitaria asequible de Estados Unidos, que entró en vigor este año, contiene más variantes de la idea del gobierno como catalizador, incluyendo incentivos para recompensar a los sistemas de atención a la salud que mejoren los resultados y reduzcan los costos. Los incentivos han impulsado varios experimentos a nivel estatal con Medicaid (el programa de atención a la salud para los pobres de los Estados Unidos) mediante exenciones de las reglas normales.

De manera similar, el nuevo Fondo Federal para la Innovación Social da donaciones a intermediarios del sector social – fundaciones, organismos sin fines de lucro y empresas sociales– que desarrollan programas nuevos para abordar problemas como la desigualdad en las oportunidades educativas. Estas donaciones se conceden sobre una base competitiva y el financiamiento es condicional a que se obtengan progresos medibles.

Algunos gobiernos estatales y locales están experimentando con nuevos contratos de “pago por desempeño”– llamados a veces bonos de impacto social (SIB por sus iniciales en inglés) – para promover la innovación social. En un SIB, el gobierno contrata a un proveedor externo para que obtenga un objetivo social medible (como reducir la tasa de reincidencia entre los delincuentes juveniles), los inversionistas de impacto privados financian los costos iniciales del programa, y el gobierno les promete una ganancia si se cumplen  los objetivos del programa.

Recientemente, la administración Obama propuso un fondo de 300 millones de dólares para catalizar contratos federales de pago por desempeño. Varios programas federales existentes como la Ley de reinversión en la comunidad y el Programa para pequeñas empresas de inversión están apoyando el crecimiento de los fondos para la inversión de impacto. Según un estudio reciente, la inversión de impacto en Estados Unidos no existiría sin el apoyo de y las asociaciones con el gobierno federal mediante donaciones, créditos y garantías.

Los parámetros de medición son una característica esencial de los contratos de pago por desempeño y deben ser una característica esencial de todos los programas públicos. Esta no es la norma actualmente, pero la situación está mejorando a medida que la administración Obama vincula más su gasto a las evidencias de éxito, y a medida que grupos sin fines de lucro como America Achieves desarrollan sofisticadas técnicas nuevas para evaluar los programas de gobierno.

Si el gobierno actúa como capitalista de riesgo, el sector privado puede crear programas nuevos y efectivos para abordar los problemas sociales. No obstante, intensificar el uso de estos programas requerirá recursos del gobierno. La Fundación Gates puede diseñar innovaciones para las escuelas públicas, pero incluso con sus miles de millones de dólares no tiene los recursos para revitalizar la educación a nivel nacional o siquiera estatal. Como dijo recientemente Michael Bloomberg, el ex alcalde de Nueva York, los filántropos deben poner a prueba ideas de políticas nuevas e innovadoras y después recurrir a los fondos públicos para aplicarlas de manera amplia.

Sólo los gobiernos pueden facilitar bienes públicos y encarar desafíos sociales a escala nacional. No  obstante, hay varias formas en las que los gobiernos pueden trabajar con organismos sin fines de lucro, inversionistas, empresas y ciudadanos para encontrar los mejores métodos para alcanzar esas metas – y así restablecer la confianza del público en el propio gobierno.

 

Copyright: Project Syndicate, 2014.

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