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Itxu Díaz

El gobierno adolescente

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En los orígenes, todo era mejor. Excepto la velocidad de conexión a Internet. Quiero decir que nos lo estamos cargando todo, incluso la guerra. Ni siquiera los pacifistas son lo que eran. Han desaparecido del mapa. Como si con la evaporación de Bush el mundo hubiera engullido todos sus conflictos bélicos. Como si ahora en África, o en alguno de esos continentes que no existen, las tribus no estuvieran a tiros, con las armas de segunda mano que les venden los rusos, los españoles, o los americanos. Y sin embargo, todo está peor de lo que estuvo. Hoy los malos se sienten más fuertes. Los buenos se encuentran más indefensos. Y los idiotas… bueno, los idiotas siguen donde estaban.

He pasado la mañana leyendo la prensa de Estados Unidos. Supongo que es algo que me diferencia de Barack Obama. En España nos referimos al “síndrome de La Moncloa” como el momento en el que un presidente del Gobierno, crecido por las circunstancias y el poder, deja de leer periódicos, de seguir cualquier medio de comunicación, y de escuchar incluso a sus más fieles colaboradores, y se convierte en una suerte de deidad infalible a quien nada se le puede discutir. Por no insultar al presidente, se atribuye esa degradación de su personalidad a la mala influencia de ciertos espíritus de La Moncloa, el complejo donde habitan quienes rigen los destinos de España. Alguna teoría parecida podría elaborarse sobre los fantasmas del Despacho Oval, aunque muchos de sus ocupantes no precisan siquiera de malos espíritus para abrazar el síndrome de creerse por encima del bien y el mal. 

Estados Unidos y sus aliados tienen una responsabilidad enorme en los trágicos sucesos que están ocurriendo en Irak. Y obviamente, no sólo en Irak. Alguien debería decírselo a Obama. Pero también a David Cameron, a Barroso –que sigue mandando-, y a Rajoy. Atacar un país e invadirlo no está del todo mal. Sobre todo si supone un peligro para el resto del mundo. El problema es que después hay que cargar con las consecuencias. Si no eres lo suficientemente maduro –¡bigotes fuera!- para asumir los efectos de tus actos, es mejor que no bebas, es mejor que no te enamores de esa chica, es mejor que no te subas a la silla para arreglar esa avería eléctrica doméstica. Y si no sabes hacer la guerra, no te metas a bombardear nada que luego no puedas reconstruir. 

Matar a un montón de gente “por su bien”, hacerse con el déspota de la zona, y entregarlo a su pueblo para que lo juzgue y lo ahorque democráticamente es una estrategia como otra cualquiera. Tal vez, discutible como gran símbolo de la civilización occidental y, sin duda, no del todo acorde con la filosofía de las canciones del Lennon más setentero y sus acólitos. Y, por supuesto, no exenta de riesgos. Pero al menos responde a un plan: el de acabar con un tirano con intención de evitar un mal mayor. Cuando uno llega al poder gracias a las urnas, la capacidad poética de los autores de sus discursos, y otros detalles cosméticos, lo mínimo que puede hacer es trazar un plan. Y Estados Unidos, por su situación de supremacía, tiene la obligación de pensar muy cuidadosamente su política exterior. 

En todo caso, si te han dado el Nobel de la Paz –algo que por otra parte le dan a los tipos más violentos-, y no quieres problemas con armamento pesado, si has prometido en casa que no matarías demasiado –con excepción de Bin Laden, en cuya operación televisada sólo faltaron las palomitas y la cerveza-, y si quieres pasar a la historia como el primer presidente de Estados Unidos que no tenía un maldito relevante plan para casi nada, has de saber dos cosas: que no eres el primero; Carter podría sentirse ofendido. Y que no te queda más remedio que asumir y zanjar de alguna forma lo que inició tu predecesor. Incluso aunque se trate de algo tan complicado e impopular como Irak. 

Decirles a los iraquíes que se las arreglen ellos solos, mientras los más salvajes terroristas islámicos se aprovechan del inmenso vacío de poder que ha provocado tu país y sus aliados, para someter ciudades enteras, es casi tanto como despedirte de tu novia e irte a emborrachar con los amigos el mismo día en que te dice que se ha quedado embarazada. De ti, Barack, de ti. Haberlo pensado antes.

 

@itxudiaz