• Caracas (Venezuela)

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Freddy Lepage

Es el gobierno de Maduro el que sanciona a los venezolanos

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Las vagas e infortunadas declaraciones de la subsecretaria de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental de Estados Unidos, Roberta Jacobson, durante una comparecencia ante un comité senatorial de esa nación, favorecieron al gobierno al sembrar dudas sobre el desempeño de algunos integrantes de la MUD y la sociedad civil en el proceso de diálogo –cuestionado por sectores e individualidades de la oposición– que se lleva adelante con la participación de Unasur y representes del Vaticano. Las generalizaciones nunca son buenas porque lanzan irresponsablemente un manto de sospechas sobre los que, en representación de la alternativa democrática –con sus bemoles–, están llevando a cabo las conversaciones. De hecho sus aseveraciones han servido para echarle más leña al fuego a los visibles desencuentros, por decir lo menos, entre quienes asumen el liderazgo de enfrentar la deriva dictatorial del régimen madurista.

Este desliz de la señora Jacobson, como era de suponer, generó todo tipo de conjeturas y confusiones sobre las sanciones a los funcionarios corruptos del régimen, militares narcotraficantes y boliburgueses que han amasado grandes fortunas gracias a los gigantescos negociados que han hecho bajo el amparo de la frondosa sombra de la revolución bolivariana, y sobre sanciones al país como tal. La duda, a menos que la susodicha funcionaria la aclare, quedará sembrada como una amarga espina. Es necesario destacar que miembros de la MUD solicitaron a la señora Jacobson que diera los nombres de los involucrados en su señalamiento, el silencio fue la respuesta.
          
Pero lo que sí es una realidad sin lugar a dudas es que el que le aplica duras sanciones económicas, políticas y sociales a los venezolanos –chavistas y no chavistas– es el gobierno de Maduro. El día a día del ciudadano de a pie se torna cada vez más insoportable por los errores y las políticas equivocadas de un presunto socialismo que, al fin y al cabo, no es socialismo ni comunismo, sino todo lo contrario, como dijo alguna vez un conocido político venezolano. Lo importante para la cúpula militar-civil enquistada es mantenerse en el poder. Esa es la realidad que hay que confrontar y enfrentar para restaurar la democracia venezolana.

Ya no solamente es el desabastecimiento de productos de todo tipo, sino el impresionante retroceso de la economía que nos afecta a todos. El deterioro de la salud llega a niveles criminales, ¿cuántos venezolanos mueren por la falta de insumos y medicinas en los hospitales públicos? El peregrinar, ya no solo de las amas de casa, sino también de los ciudadanos en pos de cualquier artículo es un insoportable castigo diario; si a alguien se le ocurre viajar al exterior –por la razón que sea– prepárese para pasar por todas las tribulaciones habidas y por haber, para ver si tiene suerte y consigue un boleto al costo que sea.

La inseguridad a pesar de todos los planes Patria Segura que solo existen en la mente del ministro Rodríguez Torres, no han dado resultado alguno, hasta el punto de que altos funcionarios oficialistas y sus escoltas han sido –“aparentemente”– también, víctimas del hampa y de la impunidad, mientras la ministra Varela –encargada de las cárceles– está más preocupada en soltar delincuentes y retratarse con pranes que en mejorar el sistema penitenciario. A ello hay que sumarle los problemas de electricidad y los de agua potable, el altísimo e insoportable costo de la vida, las protestas diarias y tantas otras e insoportables molestias que, de repetidas, ya son lugares comunes.

Por eso, todas las encuestas –menos las de Oscar Schemel, claro– dan cuenta del crecimiento exponencial del rechazo popular hacia Maduro y su (des)gobierno, incluyendo los estratos D y E de la población que fueron los principales sustentos del finado comandante eterno. Un dato, 79,5% piensa que el país está mal. La crispación crece…