• Caracas (Venezuela)

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David Gallagher

El qué y el cómo

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Un gran logro de Michelle Bachelet es el de haber convencido a una mayoría de chilenos de la importancia para el país de todo un conjunto de objetivos nuevos. Por ejemplo que haya más igualdad de oportunidades, porque es no solo injusto, sino ineficiente que no florezcan los talentos que hay repartidos por Chile. Que por tanto hay que mejorar drásticamente la educación. Que hay en especial que tener una floreciente educación pública, y que hay que recaudar más en impuestos para lograr estos fines.

Si muchas de estas ideas parecen hoy obvias, es mérito de la Presidenta. ¿Por qué entonces -si está implementando las reformas correspondientes- le va tan mal en las encuestas? ¿Por qué hay tanto desconcierto?

El problema está en los medios escogidos para lograr los objetivos señalados. La reforma tributaria -ideada nadie sabe por quién- es tan enredada que solo los expertos tributarios más diestros dicen entenderla, aun cuando aseveren que no se va a poder implementar sin cambios. Todo esto en un mundo en que lo racional es ir a un sistema tributario simple, que por serlo es imposible de evadir.

La reforma educacional hasta ahora se concentra en destinar el enorme esfuerzo tributario no a inversiones que mejoren la calidad, sino a pagar compensaciones y a sustituir copagos. Si bien esos pueden ser objetivos deseables en el largo plazo, cuesta creer que son prioritarios frente al desafío de levantar la educación pública.

En cuanto a la reforma laboral, el ministro de Hacienda dijo, como para consolar a su audiencia, que iba a entrar en vigencia de a poco, lo que es inquietante, porque sugiere que él mismo la considera nociva para la inversión.

Todo indica que la prioridad va a ser aumentar el poder de negociación de los sindicatos, y que van a ser ignorados los dos millones de ciudadanos que podrían entrar a la fuerza de trabajo si se permitieran contratos laborales más flexibles.