• Caracas (Venezuela)

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Elsa Cardozo

Por el futuro que queremos

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La convocatoria estudiantil del 12 deabril, dos días después del diálogo en Miraflores, reafirmó la perseverancia y valentíade los estudiantes, inconformes ante nuestro caótico presente y afanados porforjar un mejor futuro. También fue reafirmación de la sordera y violencia deun régimen que nos retrotrae a lo más oscuro de nuestro pasado. Poco pudieronandar los caminantes porque el Gobierno, una vez más,  les cerró el paso represivamente. De un ladolos jóvenes, alma de la protesta,  que reclamansu derecho al movimiento necesario para construir y vivir mejores vidas; delotro,  el Gobierno, ya añejo, empeñado enparalizarlos.

El Gobierno había tenido que sentarse, encadena televisada y ante testigos internacionales presenciales, conrepresentantes de la Mesa de Unidad Democrática. La noche del 10 al 11 de abrilquedó a la vista la brecha enorme entre los discursos sucesivos de un lado yotro de la mesa. Quizá la más grande fue la del monocorde discurrir deloficialismo en sus acusaciones a otros y al pasado para evadirresponsabilidades y adornar el derrumbe, en visible contraste con la pluralidaddel diagnóstico opositor y su acento en propuestas para comenzar a superar lascrisis presentes, desde ahora y en adelante.

De la marcha del 12 también quedaronregistros muy distintos, a semejanza de los acumulados en los últimos dosmeses. En unos brilla la vanguardia estudiantil que con su admirable compromisoy coraje encabezó la marcha “por el futuro que queremos”, con los ojos puestosen la recuperación del país. Recuperación necesaria para poder vivir,desarrollarse profesionalmente, sentirse parte de una sociedad en la que cadacual, desde sus convicciones y preferencias, oficios y profesiones, ponga su mejor esfuerzo.  Otra cosa son las sombrías evidenciasgráficas del bloqueo militar a la marcha, el desmantelamiento de la tarima, lapersecución de manifestantes, entre gases y perdigones, y la arbitrariedad delas detenciones; en suma, el empeño oficialista por construir una barricadaenorme, armada y única que mantenga a la sociedad partida en dos.

Si algo va quedando más que confirmado,en dichos y hechos, es que la responsabilidad fundamental de la pérdida de lasinstituciones y de la posibilidad pacífica de recuperarlas no está en laoposición. Precisamente por eso, nada de lo que ocurriera o dejara de ocurriren la mesa  de diálogo contradice ni disminuyela importancia de lo que se haga fuera de ella. Es la protesta lo que ha llevadoal Gobierno a sentarse, mientras no ceja en el empeño de desprestigiar ysofocar a quienes lo contrarían. Y sí, por supuesto, procura ganar tiempo,apostando a que la represión y algunos paños calientes en la economía diluyan lasexpresiones de descontento.

En circunstancias que plantean enormesdesafíos para la organización y las estrategias opositoras orientadas a larecuperación de la democracia en Venezuela, ha sido y sigue siendo crucial y admirableel fuelle estudiantil. Los jóvenes venezolanos han ofrecido vidas y aliento paraque la movilización ciudadana haga suyo el reclamo de libertad junto con losque se originan en la precariedad económica y la indefensión ante lainseguridad. Hay mucho que agradecerles, mucho también que respetar y aprender desu coraje y compromiso con el país.

elsacardozo@gmail.com