• Caracas (Venezuela)

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Guillermo Martínez

El futuro incierto de Venezuela

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Hay quienes creen que las elecciones son la marca indeleble de un gobierno democrático. Las cosas no son tan sencillas. Es cierto que las elecciones libres son muy importantes para una democracia, pero no son el único prerrequisito. 

Tomemos como ejemplo el Gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Maduro, quien fuera un chofer de ómnibus y discípulo predilecto del fenecido expresidente Hugo Chávez, fue electo en comicios muy controversiales en abril del 2013. Maduro ganó las elecciones por menos de 1% de los votos, y eso que su Gobierno controlaba todo el proceso. 

Muchos dijeron que las elecciones fueron un fraude, pero internacionalmente el proceso fue reconocido y Maduro se convirtió en un presidente electo. 

Eso fue el año pasado y en los 12 meses que han transcurrido, la situación política y económica en Venezuela se ha deteriorado enormemente. Maduro no tiene ni la estatura política de Chávez ni su carisma. Para mantenerse en el poder ha tenido que apelar a la fuerza ya que ni siquiera los pobres que respaldaban a Chávez hoy lo respaldan a él. 

Venezuela es un país rico en petróleo en un momento en el cual el precio del petróleo cada día es más alto. Pero esto no ayuda al pueblo de Venezuela. Maduro -al igual que Chávez hiciera- reparte petróleo a precios reducidos y se lo da a Cuba en intercambio por la ayuda de médicos cubanos y de entrenadores deportivos. 

El resultado es funesto para Venezuela que hoy día tiene la inflación más alta del hemisferio: más de 57% en febrero de este año. El gobierno ha tenido que devaluar su moneda y no tiene dólares para pagar las deudas del Gobierno o las privadas. 

El Observatorio Venezolano de la Violencia dice que 24.763 personas fueron asesinadas en el país en 2013. La tasa de homicidios, agrega la entidad no gubernamental, se ha quintuplicado en los últimos 15 años (de 19 personas por cada 100.000 habitantes en 1998 a 79 personas por cada 100.000 habitantes en  2013).

El pueblo venezolano y en particular los estudiantes están hartos de la inflación y de la inseguridad en el país. Eso fue lo que los llevó a salir a protestar en las calles de las ciudades de Venezuela exigiendo al gobierno que olvide el socialismo del siglo XXI y se apresure a cumplir con las necesidades del pueblo.

Los estudiantes y decenas de miles de venezolanos salen a las calles a protestar. Lo están haciendo todas las noches desde el mes de febrero. Y los que no protestan construyen barricadas para impedir el tránsito de las tanquetas y de la fuerza pública del gobierno. 

La pelea es entre un pueblo desarmado y un gobierno que usa gases lacrimógenos, escopetas de perdigones y cañones de agua. Ya son más de 38 los muertos y cientos los heridos o detenidos. 

Es difícil seguir los acontecimientos en Venezuela. El gobierno controla todos los medios de radio y televisión e impone censura a los diarios. Una cadena de televisión que tenía los derechos a transmitir los premios Óscar no lo hizo por miedo a que los artistas se quejaran de los abusos gubernamentales en Venezuela.

Pero lo que ocurre se puede seguir por medio de Internet. Todas las noches los venezolanos ponen fotos de los enfrentamientos callejeros en las calles del país. 

Así nos enteramos de que habían detenido al líder opositor Leopoldo López, destituido a dos alcaldes, y arrebatado la inmunidad parlamentaria a la asambleísta de la oposición María Corina Machado. El gobierno se las arregló para que Machado no pudiera hablar ante la Organización de Estados Americanos, aunque no pudo impedir que ella fuese y hablara ante el congreso en Brasil y en Perú.

Por fin el gobierno y parte de la oposición han acordado reunirse con la ayuda de representantes del Vaticano y funcionarios de varios países del hemisferio. Ellos quieren acordar un fin a la violencia. 

Pero no va a ser cosa fácil. Mientras el gobierno mantenga presos políticos y siga gobernando en forma autoritaria en Venezuela no va a haber paz. Tienen que soltar a López y a los cientos de detenidos. Tienen que llegar a un acuerdo que les permita a los venezolanos ver un mañana mejor a corto plazo. 

El gobierno de Maduro tiene que renunciar o llamar a nuevas elecciones para que los venezolanos puedan tener la esperanza de vivir en un país más democrático y con más posibilidades para todo el pueblo. Negociar para darle un respiro al gobierno de Maduro no es suficiente. Eso sólo traería más violencia para el país.