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Carlos E. Weil Di Miele

Que la fuerza los acompañe

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Desde las tragedias griegas hasta el pop hollywoodense las historias se han apoyado en la épica del desvalido. La teoría dice que de alguna manera nuestra cabeza nos hace inclinarnos a lo que sabemos no tiene posibilidades de ganar. El argumento está acompañado de estudios y razones que no vienen al caso. En resumen, nos atrae el desvalido, en parte porque queremos sorprendernos, en parte porque pensamos que disfruta más la victoria, pero en general porque sabemos que su éxito viene acompañado de una cierta igualdad y justicia.

La idea no es nueva. Desde la telenovela latinoamericana con Marimar, hasta el “underdog” estadounidense con Rocky, han usado la fórmula para inclinar el favor del espectador al protagonista. Sin embargo, estas historias no se construyen solas. El común denominador es un maestro. Un personaje misterioso y casi místico que se empeña en lo imposible y termina por hacer héroe del chamín flaco de la película. La épica se nutre de esa figura de sensei, del Yoda reflexivo y del señor Miyagi, que entre encerar y pulir terminan enseñando, sin querer, o no, más que la patada de la grulla.

Nuestra película no es demasiado diferente. Nuestros maestros Yodas y nuestros señores Miyagis, son anónimos y están en las universidades, con un sueldo que por penoso le da a la profesión docente una especie de misticismo que no mucho se aleja del mentor de Daniel San. En la analogía el Alma Máter es una especie de Dojo en el que las clases trascienden la asignatura y entre cafetines, humanidades y ciencias se cuelan la libertad, la justicia y el derecho. La rutina del estudiante, llena de civilidad, se convierte, como pintar la cerca, sin querer queriendo, en un acto de resistencia y el estudiante ahora, como Luke Skywalker, asume la responsabilidad de llevar lo aprendido a la calle.

El movimiento estudiantil no es generación espontánea. Miles de profesores se han empeñado, con terquedad de la buena, en mantener en pie la universidad. La academia parece ser el único rincón al que la sombra de la “estrella de la muerte” no ha podido cubrir, una resistencia silenciosa y cotidiana que pasa desapercibida. El resultado es el pensamiento, las ideas, que convierten todo esto en un acto romántico que derrota las mezquindades de la profesión.

El imperio del mal endógeno es poderoso. Nuestro Darth Vader sintetiza el traje negro en un bigote del mismo color. Los clones en Venezuela se tiñen de verde militar y se enfilan como fotocopias en las calles. Naves y pistolitas láser se traducen en motos, ballenas, perdigones y lacrimógenas. Los días pasan en tensión y el sol empieza a difuminarse mientras se ahoga en el horizonte, y miles de Skywalkers se alinean, en todo el país, ante un ejército que atenta contra lo aprendido. Balas y tanquetas son enfrentadas a piedras y los aprendices se ven diminutos entre tanto verde y tanta brutalidad. Las fotos de detenidos invaden las redes sociales, y más de una se llena con una cara demasiado joven. Un zarpazo de humo termina por apagar el sol, y nuestros protagonistas se pierden entre la bruma de una lucha desigual.

El enemigo es más grande, más poderoso y más despiadado. Como Luke Skywalker y Daniel San, nuestros estudiantes tienen todas las de perder. Por eso su popularidad. Los acompaña la épica del desvalido, ese sentimiento de justicia del que no puede ganar. Pero también los acompañan los miles de sensei que siguen resistiendo las embestidas de un Estado que repudia la civilidad. La vida cotidiana, esa de los salones de clase, esa que por ser normal atenta contra un gobierno que se empeña en la anormalidad, empieza a pesar en la calle.

Al poder lo invade una anarquía desde dentro y la resistencia deja de ser discurso y metáfora para convertirse en un hecho. La lección fue aprendida. Daniel San espera sobre un pie para dar una patada final, para poner en práctica las horas de entrenamiento que lo llevaron hasta donde está hoy. Luke Skywalker sostiene la espada láser, esperando dar una estocada que pueda cambiarlo todo. Pero esto no es una película y aún queda esperar.

Nuestra pequeña galaxia seguirá en está resistencia. Miles de aprendices y maestros volverán mañana a la calle convencidos de que pueden cambiar la historia, con la idea firme de que tanto esfuerzo no puede ser en vano. Con la desventaja a favor nuestra épica del desvalido nos llevará a un final incierto en el que seguimos esperanzados. Mientras llega el día, que la fuerza nos acompañe.