El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Sergio Antillano

El fuego de Amuay nos grita

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Cuando en una refinería se produce una explosión de la magnitud de la Amuay, estremece el entorno, pulveriza todo en derredor, arde en llamas, oscurece el sol con imponentes columnas de humo oscuro y caliente, causa muerte y desolación, desata terror y angustia.

Esto no tenía por qué pasar. No ocurre en el resto del mundo.

Tragedia humana, desastre ambiental, gigantesca pérdida económica y descrédito del país, son las principales consecuencias de esta nueva evidencia de mal manejo de la industria más costosa del país.

Nuestras tecnologías de primer mundo en manos de un gobierno de quinta categoría.

Esas muertes, desaparecidos, heridos y traumas, pudieron evitarse, como se han evitado por décadas en países con refinerías. El desastre de Amuay es el evento catastrófico con mayor número de víctimas en la historia de las refinerías en el mundo, y su impacto ambiental está por evaluarse, cuando todavía es turbia la situación en las instalaciones de la segunda refinería del planeta.

El siniestro en Amuay liberó gases tóxicos y otros contaminantes. De acuerdo con información extraoficial, los tanques que se incendiaron contenían olefinas, nafta y gasolina; los componentes de esos productos son más pesados que el aire, por tanto, su difusión vertical, su ascenso a la atmósfera, no ocurre a menos que sean empujados por el viento.

 Estos vapores tienden a mantenerse cerca de la superficie. Cuando esas sustancias (nafta, olefinas, gasolina) se queman en ausencia de suficiente oxígeno, como ocurrió en Amuay, se producen dióxido de carbono y monóxido de carbono, que no se ven a simple vista.

Además, como productos de la combustión, hay emisiones de óxidos de azufre (gases ácidos) y vapores de hidrocarburos, incluidos compuestos orgánicos volátiles y partículas de carbón suspendidas que se ven, como el hollín. Los impactos de esas masivas emanaciones de gases en el efecto invernadero o sobre el ambiente global se verían a largo plazo. Pero, excepto por el dióxido de carbono, el resto de gases y partículas son irritantes y perjudiciales para los seres humanos y la biota. Los hidrocarburos son precursores de la formación de aldehídos en la atmósfera por la interacción de los compuestos orgánicos con el ozono y los óxidos de nitrógeno, y son muy irritantes del sistema respiratorio y los ojos. Los óxidos de azufre son gases ácidos responsables de formar "lluvia ácida", que afecta suelos, cuerpos de agua, estructuras metálicas y de concreto, entre otros efectos degradantes. Es obvio que muchos productos y sustancias derramados en Amuay, en estado líquido y sólido, alcanzaron el mar (la refinería bordea la costa) lo que impacta la calidad de las aguas en esa zona. Todo ello requiere ser medido y evaluado. En el impacto ambiental de la refinación de petróleo destacan las emisiones gaseosas y efluentes líquidos y sólidos, ruido, calor y efectos sobre el paisaje.

Los gases, y la combinación de emanaciones en procesos de refinerías, causan olores y efectos nocivos que, de no controlarse, afectan grandes áreas alrededor de las instalaciones. La exposición a sustancias químicas es nociva, y en ocasiones letal, o causante de alteraciones y mutaciones genéticas.

Sus efectos no siempre son evidentes, y muchas veces se identifica el riesgo cuando es demasiado tarde y ya hay daños a las personas expuestas o al ambiente. Las complejas refinerías requieren severos controles y cuidados; previsión y mantenimiento permanente; alto desempeño profesional y técnico de quienes deben manejarlas con eficiencia, responsabilidad y disciplina. Todo ello basado en conocimientos científicos y técnicos, destrezas y competencias del personal que allí labora y de quien dirige y toma decisiones.

Contaminación y eventos (mal llamados "accidentes") como explosiones, incendios y fugas masivas de gases tóxicos no tienen por qué ocurrir. Esas catástrofes son, usualmente, resultado de desconocimiento, impericia, incompetencia o descuido de quienes están al mando de las operaciones allí y de sus jefes en niveles jerárquicos de gobierno, que no priorizan el funcionamiento óptimo de la refinería.

Amuay nos recuerda, de la manera más dolorosa, que en tiempos de complejidad industrial un país necesita un gobierno competente, preparado, con personas idóneas. La explosión y sus llamaradas, las muertes y desapariciones, y el impacto ambiental que apenas comienza, nos dicen a gritos que en la era del conocimiento necesitamos sabiduría y expertos, humildad y respeto por la gente.

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