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Keyen López

La frecuencia 432 Hz y la sincronicidad

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Tres historias en una sola, una “trinidad” en sí misma. Comienzo este paisaje escrito pensando en que es prácticamente imposible saber quién tiene la razón con relación a lo que estoy próximo a contarles. Para Hilvanar y entrelazar las ideas de este artículo empiezo por mi propio comienzo.

Primero comencé leyendo algunas páginas de fuente libre en Internet, descubrí algo acerca de una frecuencia con la que se afinaban instrumentos en la antigüedad, llámese afinar un instrumento, a tomar un tono como referencia y a partir de allí (gracias a un sistema de afinación que rige la escala musical) “sacar” el resto de las notas que componen la escala.
Pues bien, este sistema de afinación usado (supuestamente) por grandes músicos como Mozart, entre otros, tomaba como primer tono para afinar un La que vibraba a 432 Hz (hertzios) por segundo, en vez de los 440 Hz tomado como estándar en la actualidad; esta manera de afinar provocaba que el ser humano vibrara en sintonía con el universo y unificaba las propiedades de la luz, tiempo, espacio, materia, gravedad y el magnetismo, con la biología, el código del ADN y la conciencia. Se dice que todo esto era un secreto, pero “se les escapó” y estas superfrecuencias comenzaron a aparecer convenientemente en discos compactos y compañías que vendían afinadores para que tu instrumento estuviera conectado a la frecuencia “sanadora”.
Hasta ahora bien, quería saber más, y me dediqué a investigar acerca de todo esto, solo para darme cuenta (aquí aparece la segunda historia) de que estas frecuencias pertenecían a una conspiración mundial para implantarnos los números 3, 6 y 9 y así controlar a la humanidad. Este grupo (que es el que domina al mundo) quiere un nuevo orden mundial, y así crear portales dimensionales (el hipercubo) donde “seres” podrán en algún momento entrar a nuestro plano.
Hasta aquí aún se mantenía mi interés, solo que se puso muy extraño el contenido de mi lectura; resulta que los responsables de todo ese plan maestro y los únicos que sabían la verdad eran los judíos, que según las teorías eran también creadores de todas las religiones y de esta manipulación controladora, incluso tienen fotos de cómo vibran las moléculas de agua si vibra con un tono afinado en la frecuencia 432 Hz. En estas imágenes aparece una figura llamada “eneagrama”, y aquí se aprecia el mencionado cubo. Este eneagrama está también en todas partes así como el 3, el 6 y el 9. También dicen que los judíos no son enteramente humanos, sino que son unos híbridos entre estos “seres interdimencionales” y nosotros.
Regresando al principio, las santas trinidades como Seb, Isis y Horus; José, María y Jesús; Brahma, Visnú y Shiva, entre muchas otras, son solo parte de este encubrimiento del que también formaron parte, según esta entretenida historia, desde Hitler hasta el mismísimo Barón Rojo.
Cabe destacar que todas las operaciones matemáticas que presenta este autor, efectivamente, dan como resultado 3, 6 y/o 9, cosa que me recordó la película de nombre El número 23, en la cual su protagonista es perseguido por este número “superpoderoso” y todas las sumas, restas y divisiones que él realice, desde las letras de su nombre hasta las placas de un carro que observa en la calle dan como resultado 23.
Gracias a esto datos curiosos comencé a ver la numerología desde un punto de vista bien escéptico, porque los resultados son manipulables, y siguiendo todas estas “señales” descubrí la sicronología y la sincronicidad, fenómenos que no son más que señales que nos da el universo, de una manera compleja, relacionando nuestro consciente, inconsciente, las coincidencias y, según el psicólogo Carl Jung “las conexiones entre sucesos, personas e información que trascienden la realidad convencional; como si las cosas tuvieran hilos invisibles que solo por momentos, en estados de conciencia elevados o por una misteriosa alineación, podemos vislumbrar”. Tema demasiado extenso y para otra ocasión.
Mi tercera parte, y regresando a nuestras primeras líneas, concluyo que no hay pruebas de nada de lo descrito, en relación con esta trama que parece de ciencia ficción y que concluye con que fue supuestamente un ministro de propaganda nazi llamado Joseph Goebbels quien creó un decreto universal en 1939, y allí propuso a todo el mundo afinar el LA musical a 440 hertzios, en lugar de a 432.
De lo que sí tenemos pruebas, incluso cronológicas, es de que a través de la historia los instrumentos musicales se han visto afectados por estándares de afinación que variaban por muchas razones, entre algunas estaban que las cuerdas de los violines eran de tripas de animales y si estaban afinados en frecuencias que daban como resultado tonos muy altos las cuerdas se rompían, también los órganos variaban la afinación de acuerdo con que si eran recientes o antiguos, porque para afinarlos tenían a veces que recortar los tubos de metal, porque ya no aguantaban martillazos (así se afinaban), entonces la orquesta tenía que amoldarse a ellos; también los cantantes fueron causa importante de cambio, porque sentían dificultad para abordar estas notas tan agudas. Al fin de cuentas, y después de muchísimos años, fue en 1939 que un estándar (440 Hz) fue recomendado en una conferencia internacional. Este fue aceptado por la Organización Internacional de Estandarización (ISO) en 1955, y fue reafirmado por ellos en 1975. Aun así las orquestas del siglo XX afinan con el LA que genera el oboísta principal y, más recientemente (siglo XXI), las orquestas de cámara afinan a 442 Hz. Si es música barroca afinan a 415 Hz y si es música antigua afinan en la mágica y/o dimensional frecuencia 432 Hz.