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Edgar Cherubini

Los frankenstein socialistas del siglo XXI

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Los “presidentes de los pobres” en nombre de un supuesto “socialismo” negocian los recursos de sus países con voraces mega corporaciones, promoviendo la devastación ambiental y humana.


Luego de años de seducción por “revolucionarios” latinoamericanos como Chávez, Correa y Evo Morales, algunos “idiotas útiles” representativos de la izquierda europea, están descubriendo hoy la cruda realidad, de cómo en nombre de un supuesto “socialismo” se promueve la devastación ambiental y humana, el comercio de los valores éticos y la soberanía a cambio de jugosos contratos, convirtiéndose en vasallos de las mega corporaciones que dominan la economía mundial. Muchas de estas transnacionales no obedecen a Estados, ni parlamentos, ni contralorías, ni están ubicadas en coordenadas geográficas. Todo lo contrario, dominan gobiernos, cortes de justicia y parlamentos a su antojo, en medio de un “se vale todo” salvaje y voraz, donde los “presidentes de los pobres” negocian a su antojo los recursos de sus países provocando una rebatiña de corrupción. Con razón, el filósofo francés Bernard-Henri Levy afirma cáusticamente que “algunos gobiernos de izquierda latinoamericanos, además de su fascinación totalitaria, están enfermos de derechismo”.

Brasil
Durante el gobierno del “socialista” Lula (2003-2010), paladín del Foro de Sao Paulo y padrino del socialismo del siglo XXI, se deforestaron 110.852 Km2 de la selva amazónica, concedidas a las corporaciones madereras, petroleras, mineras y de biocombustibles, sin importarle la destrucción de la mayor reserva de la biosfera del mundo, la desaparición de miles de especies animales y de plantas, así como la extinción de las etnias que allí habitan, que son los reservorios de la sabiduría ancestral de la humanidad.
Según informes de Green Peace, el gobierno brasileño promueve, financia y participa como accionista de las grandes industrias y corporaciones locales y transnacionales que operan en la Amazonia, convirtiéndose en el principal impulsor de la más grande deforestación del planeta. Además, las leyes presentadas ante Congreso brasileño pretenden conceder derechos de propiedad a esas corporaciones, ocupantes ilegales de millares de hectáreas y así duplicar la porción de selva que puede ser deforestada “legalmente”.
Las organizaciones Trident Ploughshares, la Fundación Right Livelihood Award y la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam), denunciaron que durante el gobierno de Lula, Brasil fue el país que registró la mayor cantidad de asesinatos de líderes ambientales y sociales, 365 víctimas de los sicarios de empresas ganaderas, agrícolas, mineras y madereras.

Ecuador
El presidente de Ecuador, dirigiéndose a las comunidades indígenas y a los que se oponen a la explotación petrolera en el Amazonas ecuatoriano, declaró: "Basta de ese infantilismo del no al petróleo, del no a la minería'” (BBC Mundo, 5-12-2012), tratando de convencerlos de las bondades del nuevo proceso de licitación internacional para la explotación petrolera a gran escala en la Amazonía ecuatoriana que inició su gobierno. Las protestas están relacionadas con la multinacional norteamericana Chevron-Texaco, culpable de haber arrojado durante 28 años, 60,5 millones de litros de petróleo y 68.000 millones de litros de vertidos tóxicos en el ecosistema amazónico, además de los 235.000 millones de pies cúbicos de gas que había quemado al aire. Actualmente es la región más pobre de Ecuador con los índices de cáncer y malformaciones congénitas más altos del país.

Bolivia
En el año 2011, Evo Morales, reprimió salvajemente una marcha de indígenas que protestaban la ocupación de sus tierras y del parque nacional Tipnis, reserva de 3.860 kilómetros cuadrados en la cuenca amazónica boliviana, donde viven 14.000 indígenas, habitantes ancestrales de ese territorio.
Desde entonces, Morales quien ha sido calificado de “falso indígena”, ha tratado de imponer el proyecto de carretera, planificada, financiada y construida por Brasil con el objetivo de conseguir una salida al océano Pacífico, para exportar al Asia los productos de las mega corporaciones que están devastando la Amazonia brasileña. A la sombra de este proyecto también se encuentran los productores de coca, prestos a adentrarse en esa reserva natural. Recordemos que desde 1996, Evo Morales preside el Comité de Coordinación de las seis federaciones de productores de coca de Bolivia.

Venezuela
En relación al Amazonas venezolano, el secretismo de los organismos públicos podría estar encubriendo oscuros hechos de reducción, ideologización y aculturación de indígenas, la explotación de minerales estratégicos, la penetración de la narco guerrilla colombiana, así como de ideologías antioccidentales que buscan la progresiva ocupación de ese territorios y de sus riquezas naturales. Cualquiera de estas siniestras posibilidades que atentan contra nuestra soberanía, nos hace pensar que estamos ante una confabulación orquestada por intereses muy poderosos que mueven los hilos del régimen detrás de bastidores.
Los informes de Provea y de la Coordinadora de Organizaciones Indígenas de Amazonas (Coiam), alertan sobre los proyectos extractivos del Plan Patria 2013-2019 promovido por Chávez y ahora por maduro, debido a que “muchos de los yacimientos a desarrollar se encuentran sobre territorios indígenas”. Señalan igualmente, la entrada de garimpeiros a territorio venezolano como “constante y cíclica, así como la participación de funcionarios militares en la explotación de diferentes minas”. Pero como todos los desmanes se cometen legalmente, la Asamblea Nacional está estudiando un proyecto de ley para esa región.
Alexander Luzardo (“Legalizando los negocios del desarrollismo”, Tal Cual, 03-02-2014) denuncia la manipulación dentro de la Asamblea Nacional para aprobar una Ley de Frontera que “decretaría la desafectación y la liquidación del sistema de parques nacionales, reservas forestales y de biosfera, al contemplar la promoción de actividades mineras, petroleras, forestales y otros desarrollos, donde se encuentran Áreas Bajo Régimen de Administración Especial (Abrae), como el parque nacional Parima Tapirapecó y la Reserva de Biosfera Alto Orinoco Casiquiare que protege, entre otras cosas, las cabeceras del río Orinoco. El texto de dicha ley “posee una factura desarrollista, propia de los modelos del gorilismo militar brasileño, asociado a la denominada geopolítica expansiva, depredadora del ambiente y enemiga de los pueblos indígenas, que tanta influencia ejerció en los distintas cancillerías y escuelas militares de América latina, resumida en la idea de: "poblar y desarrollar fronteras, aun a costa de la diversidad biológica, sus cuerpos de agua y la población aborigen". Añade también que la minería “hace estragos en Amazonas, entregada a la voracidad del capital chino”.
Aparte de ser una zona de aliviadero y aprovisionamiento para las FARC, las noticias que llegan en boca de los propios indígenas, indican que la guerrilla colombiana está extrayendo oro en los municipios Guaviare y Atabapo. El gobernador del estado, Liborio Guarulla, denunció que “Amazonas está tomado por guerrilleros colombianos, que han construido cuatro aeropuertos que representan más de dos kilómetros de extensión y que eso lo saben las FANB”. (El Universal, 10-07-2013). En medio de una lucha de poderes por el control y dominio de esos territorios, las enfermedades diezman a las poblaciones indígenas, donde la tasa de mortalidad infantil ronda por 40%, antes de cumplir un año de edad.

Las democracias y las mega corporaciones  se excluyen mutuamente
Las mega corporaciones son poderosísimas economías paralelas, capaces de colocar, mantener, corromper o quitar a su antojo presidentes, parlamentarios, gobernadores o si se da el caso, provocar asesinatos, guerras o invasiones. De allí que, “las democracias y las mega corporaciones  se excluyen mutuamente”, como acertadamente afirmó Robert B. Reich, profesor de Economía en la Universidad de Brandeis. La democracia, que requiere de políticos que condenen las conductas irresponsables de las corporaciones en todos los ámbitos, desde los crímenes ambientales, pasando por el armamentismo hasta los desastres ecológicos y biotecnológicos, dependen de ellas.
Rusell Mokhiber y Robert Weissman en su libro Corporate Predators (Common Courage Press, USA, 1999) afirman que “las corporaciones multinacionales son más poderosas que las democracias”. Cincuenta de las cien más grandes economías del mundo son corporaciones, no son países.
Chávez y ahora Maduro, cabezas de un país petrolero sin instituciones reguladoras, se convirtieron de la noche a la mañana en verdaderos zares de los mega negocios. Chávez, desde que asumió el poder, fue un peón de las transnacionales de armas, comprometió las reservas de petróleo y la soberanía de la Faja del Orinoco a corporaciones provenientes de países como Cuba, Irán, Malasia, Bielorrusia, Rusia, Noruega, Francia, India, Estados Unidos, Brasil, Portugal, Vietnam, China, España, Ecuador, Chile, Argentina, Uruguay y el Reino Unido. Algunas de estas corporaciones son empresas de maletín, otras más poderosas han causado desastres ecológicos en sus propios países. Las principales obras de infraestructura de Venezuela están siendo desarrolladas por empresas extranjeras. Los capitales internacionales cuentan con la presencia de más de 200 corporaciones, una verdadera rebatiña.
Promovidas y protegidas diplomáticamente por las potencias mundiales y como una forma de neocolonialismo, la corporación multinacional, armada con la espada del neodarwinismo financiero, lo domina todo, no sólo la economía global, sino la política de las naciones, tiene el poder de comprarlo todo y a todos, produciendo “frankestein socialistas” a su servicio como Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, Chávez y Maduro en Venezuela, entre otros, sustentando su poder a toda costa, para manejar y repartirse sus ganancias. A las mega corporaciones les tiene sin cuidado la destrucción de la naturaleza, de los indígenas, la demolición de las democracias o los derechos humanos de los ciudadanos de los países que explotan junto a sus socios locales.

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