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Guillermo Cochez

¿Por que fracasó el diálogo en Venezuela?

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Siempre he creído que hablando se entiende la gente. Por eso he propiciado la comunicación entre las partes como forma de resolver los conflictos que tienen entre sí. Como abogado y árbitro certificado promuevo la conciliación y la mediación como formas rápidas y menos costosas para zanjar diferencias. En política ello no es la excepción. Hicimos lo mismo en tiempos de Noriega, con el negativo resultado de que antes de encontrar soluciones él y sus adláteres decidieron aferrarse al poder, en lugar de propiciar una salida sin sangre para nadie.

Es allí donde nace el principal problema del diálogo que Unasur y el Vaticano plantearon en Venezuela luego de los sangrientos sucesos del 12 de febrero, cuando el régimen chavista masacró a estudiantes, y causó la muerte de más de 40, hirió a más de 1.000 y mantiene detenidos a una gran cantidad de jóvenes, algunos torturados, incluidos hasta menores de edad.

Y es el principal problema cuando analizamos el significado del término diálogo: “Forma oral o escrita de comunicarse dos o más personas” o “relaciones de comunicación, consulta y negociación entre gobierno y otro sector”, en el caso que nos ocupa, los que representan a la sociedad venezolana. Con Chávez vivo la otra parte estuviese definida, pero no con Nicolás Maduro, si bien con el título de presidente, no puede decidir solo absolutamente nada. El solo se representa a él, y ni siquiera a su esposa Cilia: no representa a Cabello, ni menos a los militares o paramilitares, cada cual cuidando el espacio que ganaron con corrupción, narcotráfico y maleanterías.

Hugo Chávez controló todo el poder en Venezuela mientras estuvo vivo y todos le hacían caso, aun sabiendo que sus órdenes pudiesen contener disparates o locuras. Había subordinación total y su liderazgo no era cuestionado por todos. No pasa igual con Maduro, quien en la mañana dice una cosa que en la tarde es saboteada por su principal contrincante, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, quien constitucionalmente era a quien le correspondía reemplazar a Chávez cuando finalmente anunciaron su muerte. Así, ningún diálogo puede funcionar, simplemente porque Maduro no es un interlocutor válido con el poder necesario para decidir nada.

El reciente anuncio del magnicidio número 13 (actual era) refleja esa división. Tratan de cohesionar al chavismo, hoy desperdigado en varios sectores, además de crítico hacia la gestión de Maduro, revelando el falso “descubrimiento” de un complot para asesinar al presidente y así acabar con todas las “conquistas” del chavismo. Lo hacen desesperadamente porque ven que el régimen se hunde y el prestigio de Chávez a lo interno se desploma y a lo externo queda en entredicho cuando ni siquiera pueden cancelar las deudas a las aerolíneas extranjeras.

No dudo de la seriedad y honestidad de personas como Ramón Guillermo Aveledo, principal vocero de la MUD. El diálogo era una etapa que había que agotar y se ha demostrado que se acabó porque no hay voluntad de quienes tienen que ceder. Espero lo entiendan quienes todavía consideran que el gobierno que encabeza Maduro aún está dispuesto al diálogo, cuando lo único que les interesa es mantenerse en el poder, al costo que sea preciso pagar, ya que ven que el poder se les esfuma de las manos cada día que pasa.

Definitivamente que hoy la salida no podrá ser diálogo alguno.  

 

*Abogado y político