• Caracas (Venezuela)

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Elizabeth Araujo

La foto

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La imagen no es buena. Quizás fue tomada con un teléfono celular barato, de manera tal que cuando se amplía, es hasta cierto punto brumosa. De izquierda a derecha, con los codos sobre la tumba, sentados: una mujer de cabello rojizo teñido, con lentes, íntima del difunto; ocupó varios cargos, y en todos solía contratar hermanos, primos y cuñados por pura precaución. A su lado, el marido. Camisa azul cobalto, reloj de firma, el brazo derecho se aferra al mausoleo mientras con la palma de la mano izquierda se aguanta la barbilla, en posición de fastidio, de quien pregunta: “¿Qué hago aquí?”, con la mirada perdida, como quien anda cazando nubes, quizá porque sabe que ninguno de los funcionarios que le rodea le está parando ni medio de bolas.

De él siempre llamó la atención todo lo que no era. Ni políglota ni Presidente con todas las de la ley, ni si nació en el país que dijo gobernar o si aprendió algo de “alta política” durante su pasantía como utility de aquel viejo zorrocón que ya no se retrató nunca más. Zorro político que levantó el dinero para la primera campaña del difunto, le armó el partido –que luego se descuadernó– y le hizo conocer las mieles del poder después de que lo mantuvo refugiado en su apartamento y lo cuidó y protegió como a un bebé. “Eres mi padre”, llegó a decirle el difunto, pero después lo expulsó de su reino y lo sustituyó por un cubano asesino.

Sentado: quien fuera ministro de Interior encabezó la lucha contra la delincuencia, pero perdió todas las batallas. Paltó azul, comiéndose las uñas, pone un diploma sobre la tumba de quien lo hizo General. Develó varios intentos de magnicidio, pero el último no caló por culpa de un video de jóvenes policías jugando a disparar, como si nadie les revisara el armamento: “Aquí ‘tamos puros malandritos. Sílbala mi compadre. ¡Dale pues! ¡Recoge los ganchos!”. La escena se hizo viral en Youtube y no faltó quien, a modo de chiste, la comparara con cualquier reunión de gabinete: “¡Dale pues! ¿A quién acusamos hoy de fascista? ¡Grábalo ahí, edítalo y lanza la grabación en la Asamblea! Gatillo, ya ‘ta listo lo de Amuay. Decimos que fue sabotaje. ¡Recojan las conchas! ¡Escondan las pruebas!”.

De pie: dos militares, muy calladitos, luciendo medallas, condecoraciones y buenos relojes. A  su izquierda, sentadas: dos mujeres de estricto rojo, sin abandonar la cartera ni el gesto de preocupación. Una de pelo negrísimo, raya al medio, se le recuerda porque no soportó la despedida televisada del difunto y se paró a llorar detrás de las cámaras. En la foto se la nota preocupada, como si se dispusiera a revolver sobre la tumba las fichas de un partido de dominó que está perdiendo. De espaldas a la cámara, de pie, el hombre que sabe demasiado. Altísimo, enfundado en un flux que le debe haber costado una fortuna. La calva cada vez más prominente. Es el único que no toca la tumba ni se roza con los demás. Contrató a su suegra, dilapidó el presupuesto, compró toneladas de comida que se pudrió, hizo disminuir la producción, descuidó el mantenimiento de la industria y dedicó sus esfuerzos a espiar a sus empleados. Escondió la contabilidad en una caja negra, se dijo que lideraba la tendencia “¿Dónde están los reales?” y los lingotes de oro y las empresas que triangulaban sus ganancias en Cuba. Intocable.

Aquel, que se ve apenitas, fue el que compartió la comisión que le dieron los fabricantes de unas máquinas de votación. El otro, que dejó al país sin luz más de una vez, es hermano de quien comenzó como teniente y terminó coleccionando caballos pura sangre. A su lado, el que adquirió canales de TV como si fueran caramelos. Admiraron a los guerrilleros, pero hoy observan calladitos cómo uno de sus hijos amasa fortunas, tiene yates, aviones y toma champaña Crystal como agua, mientras los votantes hacen cola frente a los automercados y son marcados como los judíos de Hitler.

El sexto, segunda fila, montó la empresa constructora que acaparó los contratos de obras públicas mientras era ministro. Aquel otro se puso de acuerdo con el ministro de esos asuntos y se hizo expropiar haciendas por el cuádruplo de su valor. La foto se ve cada vez peor. Esta gente se parece igualita a quienes sacaron del coroto.