• Caracas (Venezuela)

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Alberto Soria

Con la foto hemos topado

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Cuando la imagen preciosa domina el plato, peor le va a los comensales. La sopa de lentejas sufre porque siempre se preocupó por el sabor, no por la apariencia. La morcilla carupanera, para venderse, se disfraza. El hambre le pregunta al cerebro si una chuleta de cochino es de buen ver.

La cámara fotográfica del smartphone se ha incorporado a los instrumentos de cocina. El máster-chef es un experto en pictografía digital. También lo es el pasante.

La importancia de la foto-pose en la comida ya la había demostrado el gran maestro, Adriá. Tenía tantos clientes y reservas aseguradas por tres años que prefirió cerrar su restaurante antes de que un osado le pidiera guiso sin espuma ni deconstrucción. O una tortilla española, pero no en copa de Martini.

En el XXI, la alimentación como expresión de sabiduría e identidad sufre, come mal. Pero sonríe como si gozara para el selfie.

I

Saber tuitear se ha vuelto de pronto muy importante. Hay cocineros, panaderos, pasteleros, que retan tradiciones bíblicas. Logran estar en todas partes. No se sabe cómo, en un trabajo tan intenso, logran tuitear, fotografiar y montar retratos tan hermosos todo el día.

“Hasta hace no mucho –reflexiona Simon Kuper del Financial Times– nuestro trabajo era una parte muy importante de nuestra identidad. Nos definíamos por lo que hacíamos”. Pero hoy, para mucha gente, “su cuenta de Twitter, en Facebook es su identidad. Es el lugar en el que se presentan a sí mismos al mundo”.

Ese avance gigantesco de la tecnología en la identidad y las profesiones va tomando todos los espacios. Ahora que San Valentín se asoma, tome precauciones: no se imagina usted lo bien que fotografían los malos restaurantes. No tiene idea de cómo lucen de fantásticos los menús degustación de arte culinario escénico.

Desde la economía a largo plazo, sostiene Kuper, “los trabajos de por vida ya no existen”.  Mala cosa para los oficios, los artesanos, los quesos de Turgua, el bar, las panaderías, y productores de exquisiteces, frutas, bocados o comidas.

Mientras desaparecen los puestos de trabajo de quienes lo hacían bien y por eso tenían fama, crecen como la espuma los artistas del fuego y las delicias. Fácil de entender, según los especialistas de tendencias: cada vez fotografían mejor.

II

Cuando busco pan y mantequilla y no los encuentro, me advierten que lo estoy haciendo mal. Es una falsa impresión: “Aquí están”, dice la fotografía.