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Laura Tyson

Los flujos internacionales y el crecimiento

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Los flujos internacionales representan una parte cada vez mayor de la actividad económica mundial. Pero ¿cuán interconectada está la economía global? ¿De qué manera esos flujos están cambiando, en diferentes actividades, sectores y países? ¿Cuáles son las economías nacionales con mayor o menor volumen de flujos, con mayor o menor interconexión? ¿Y qué consecuencias trae esto para las empresas y para los gobiernos?

Para responder estas preguntas, el McKinsey Global Institute (MGI) elaboró un nuevo informe donde se analizan los ingresos y egresos de bienes, servicios, financiación, personas e información (datos y comunicaciones) en 195 países a lo largo de los últimos 20 años.

Tanto los datos agregados como los ejemplos de nivel micro confirman que el mundo está más interconectado que antes, y que crecieron tanto la extensión como la complejidad de los flujos internacionales, que ahora incluyen más países y más participantes. A pesar de una importante contracción registrada entre 2007 y 2009 como resultado de la profunda recesión global, en 2012 el valor combinado de los flujos financieros y del comercio en bienes y servicios fue el 36% del PIB global, 1,5 veces más que en 1980.

El informe también confirma que la mayor apertura a los flujos internacionales fue una importante fuente de crecimiento económico, tanto para países individuales como para el mundo en su conjunto. En términos generales, se estimó que cada año los flujos internacionales contribuyeron del 15 a 25% del crecimiento global, y que los países más interconectados recibieron 40% más de beneficios del crecimiento que los menos interconectados. Esto coincide con la teoría económica: la interconexión fomenta el crecimiento a través de aumentos de productividad debidos la especialización, la escala, la competencia y la innovación.

Los flujos internacionales de bienes, incluidos los commodities, siguen siendo el rubro principal; crecieron a 11% anual durante la última década y en 2012 superaron su valor máximo de antes de la recesión. Hoy, más de 35% de los bienes atraviesan fronteras nacionales.

Los flujos internacionales de servicios también se recuperaron hasta los niveles anteriores a la recesión y desde 2002 vienen creciendo rápidamente, a un ritmo de 10% anual. Sin embargo, a pesar de que el sector servicios equivale aproximadamente a dos tercios del PIB mundial, sus flujos internacionales equivalen a menos de la cuarta parte de los flujos de bienes.

Los flujos financieros internacionales están todavía un 70% por debajo del máximo anterior a la recesión, pero incluso en su actual nivel deprimido representan más de la tercera parte de la financiación global. En cambio, el flujo internacional de personas, medido por el porcentaje de personas que viven fuera de su país de nacimiento, es reducido: se mantiene alrededor de 2,7% desde 1980. Pero los movimientos internacionales de personas con fines de corto plazo (turismo, trabajo y educación, por ejemplo) crecieron a un ritmo de entre 3,5 y 4,8% anual durante la década pasada.

Y los flujos internacionales de datos y comunicaciones explotaron, con una expansión superior a 50% anual desde 2005. Los minutos de llamadas internacionales se duplicaron, y el tráfico transfronterizo a través de Internet aumentó 1.800%. Aunque los flujos migratorios como porcentaje de la población mundial no estén creciendo, la digitalización llevó a que las personas estén más interconectadas que nunca.

La digitalización también está transformando los flujos comerciales internacionales, de tres maneras: mediante la creación de bienes y servicios digitales (por ejemplo, entretenimiento y productos fabricados con impresoras 3D); mediante los denominados “envoltorios digitales” (entre ellos, dispositivos de seguimiento de flujos físicos); y mediante las plataformas de venta digitales, como eBay y Alibaba.

Por ejemplo, más de 90% de los comercios que operan a través de eBay exportan productos a otros países, porcentaje que en el caso de las pequeñas empresas tradicionales no llega a 25%. Las tecnologías digitales impulsan los flujos y la competencia en el nivel internacional, ya que permiten a las empresas más pequeñas, e incluso a emprendedores individuales, convertirse en “micromultinacionales”.

Los flujos intensivos en conocimiento, que requieren niveles relativamente altos de capital humano y de investigación y desarrollo, ya superan a los flujos intensivos en mano de obra, intensivos en capital e intensivos en recursos, y crecen más rápido que cualquiera de los tres. Los flujos de bienes de poco valor e intensivos en mano de obra, como la vestimenta, representan una cuota cada vez menor de los flujos internacionales, mientras que los flujos de productos intensivos en investigación y desarrollo, por ejemplo medicamentos y servicios empresariales, están creciendo como porcentaje del total.

En 2012, los flujos intensivos en conocimiento representaron casi la mitad del valor total combinado de los flujos de bienes, servicios y financiación. Esta tendencia beneficia especialmente a los países desarrollados, que representan dos tercios de los flujos intensivos en conocimiento. La excepción es China, que cuenta con el segundo mayor porcentaje de flujos del mundo (después de Estados Unidos).

La forma tradicional de medir la interconexión global de los países consiste en comparar el volumen de sus flujos internacionales respecto de su PIB. Según estas mediciones, los países más pequeños con mercados internos menos desarrollados parecen más interconectados que otros países más grandes. Pero esta metodología puede conducir a conclusiones erróneas, ya que no tiene en cuenta el porcentaje que representa el país dentro del volumen total de flujos globales. Para resolverlo, el índice de interconexión global del informe de McKinsey considera tanto el volumen de los flujos internacionales de cada país respecto de su PIB cuanto su participación en el total general.

Los tres primeros países en el índice del MGI son Alemania, Hong Kong y Estados Unidos, en ese orden. Otras grandes economías están muy detrás. A pesar de ser grandes exportadores, Corea del Sur y Japón figuran en los lugares 20 y 21 de una lista de 85 países; esto se debe a que sus flujos migratorios y de tráfico transfronterizo a través de Internet son comparativamente menores. China está situada en el puesto 25, con un potente motor exportador y grandes flujos de capitales, pero con índices de flujo de personas y datos mucho menores.

En promedio, las economías de mercado emergentes están por debajo de las economías avanzadas, pero algunas de ellas (como Marruecos, India, Brasil, Arabia Saudita y China) mejoraron mucho su posición en la lista desde mediados de los noventa. En la actualidad, los mercados emergentes equivalen aproximadamente a 38% de los flujos internacionales, el triple que en 1990.

Pero entre las economías desarrolladas y las emergentes persiste una “brecha digital”, tanto en los flujos de datos y comunicaciones como en los flujos intensivos en conocimiento, y nada indica que se esté cerrando. Los países emergentes generan 40% de la producción mundial y cuentan con 80% de la población mundial, pero solamente producen 24% del tráfico transfronterizo a través de Internet.

Los beneficios económicos de la interconexión son importantes, pero también lo son sus desafíos. Para capitalizar las oportunidades que traen consigo la digitalización y la conversión al comercio intensivo en conocimiento, los países deben invertir en talento e infraestructura; reducir obstáculos a los flujos internacionales de personas e información, sin poner en peligro la privacidad y la seguridad de sus ciudadanos; y exponer a sus productores a una firme competencia extranjera, sin dejar de implementar medidas que alivien los trastornos que eso supone para sus comunidades y sus trabajadores. Si las ventajas de la globalización no se comparten ampliamente, el apoyo político a la apertura a los flujos internacionales disminuirá, y también disminuirán los beneficios económicos que esos flujos crean.

Copyright: Project Syndicate