• Caracas (Venezuela)

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Guillermo Cochez

Ante el final de una nación

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Que estamos ante el final de Venezuela, pareciera no es noticia nueva. Lo que sí podría serlo es que ocurrirá en el día menos pensado, sobre todo con las guerras intestinas que a diario se conocen entre lo que va quedando del chavismo, esa pretendida ilusión de reemplazar a un demente con carisma por un manipulable personaje de segunda que ni siquiera terminó de probar si es venezolano o colombiano.

No es cuestión de que los ricos sigan aplastando a los pobres, ni que los socialistas quieran imponer su ideología a una mayoría que la rechaza, ni mucho menos de que el imperio siga asfixiando a los pobres países latinoamericanos. Eso que hablaron tan cansona y repetidamente durante 15 años Hugo Chávez, y posteriormente sin mucha gracia Nicolás Maduro, se ha convertido en lo que es: pura paja; charlatanería de la peor calaña que esconde una dolorosa realidad: terminaron de destruir Venezuela, con el apoyo de China, Rusia, Iraq, Brasil, Estados Unidos y todos sus indolentes vecinos de continente y de algunos venezolanos que, por aprovecharse de la efímera riqueza en que nadaban sus gobernantes, se aprovecharon y despilfarraron hasta llegar al nivel actual.

De 1958 a 1998, época de la IV república, o sea 40 años, Venezuela tuvo ingresos por 10.685 millones de dólares. Del 99 a 2012 (15 años) esos ingresos ascendieron a 99.615 millones de dólares. En esos 40 años de la IV, el barril de petróleo tuvo como promedio 13,08 dólares, y en los 15 años siguientes su promedio fue de 51,80 dólares. En los 40 años de la IV la deuda pública estuvo en 32.809 millones de dólares, y en los últimos 15 ha subido a 215.000 millones de dólares. La deuda de Pdvsa en ese período ha subido 15,7 veces más, a 78.500 millones de dólares. O sea, muchísimos más recursos había, pero demostraron que los que tanto criticaron a adecos y copeyanos por despilfarrar los recursos públicos en esos 40 años después del Pacto de Puntofijo, los dejaron chiquitos ante la capacidad de robo y corrupción que demostraron desde los más altos niveles civiles y militares para convertir a un país rico en prácticamente un mendigo de China y de Rusia. Un país en donde ni acetaminofén se consigue.

De 9 homicidios por cada 100.000 habitantes que hubo en esos 40 años, en los últimos 15 esa tasa subió a 275 por año: o sea, 30 veces más homicidios que en la IV república. Los hurtos y robos en esos 2 períodos de 0,72 por cada 100.000 habitantes, subió a 186, o sea, 258 veces más. Hay un déficit en camas hospitalarias de 47.000; la población come menos de 10 libras de carne al año de lo que consumía antes; habitantes toman 49 litros de leche menos por año que antes. En esos 40 años se construyeron 2.059 kilómetros de carretera; en los últimos 15 años solo 402. En ese tiempo se construyeron 63 aeropuertos nuevos: en los últimos 15 años ninguno. En el sistema eléctrico nacional en los 40 años antes se construyeron 2.083 kilómetros de red eléctrica, mientras que en los últimos 15 años, solo 153. Se podría profundizar en muchos indicadores más, para darnos cuenta al final de que los que hablaron de revolución, de socialismo, de guerra contra el imperio, de burgueses fue solo eso: pura paja. Eso sí, en el camino, un robo descarado y organizado por el desorden a las arcas y recursos del Estado jamás antes visto en la historia de América Latina, quizás del mundo entero.

El final de Venezuela nos afectará a todos. Nadie sabe quién manda en ese país, al igual que ocurre en Somalia y otros países africanos sumidos en peleas tribales. Preocupa porque la dirección política está en Cuba y el sostén económico en Rusia y China y una infiltración terrorista siria cuyas dimensiones se desconoce. Ejército se confunde con colectivos y con cárteles de la droga que se conocen, pero convertidos en parte del sistema. Combinación, como se está demostrando, que terminará por sucumbir, quizás con más muertes entre ellos mismos.

Por eso la importancia de mantener la unidad de los que no comulgan con el statu quo desarrollado por los actores principales de esta tragedia, tanto locales como extranjeros. Esos, con su resistencia y tenacidad, rescatarán a Venezuela de ese abismo donde los han llevado, así como lo logramos nosotros en 1989, cuando finalmente Noriega terminó sus días en el poder, a pesar de pensar que él mismo competía con Dios por lo eterno que sería.

 

*Abogado y político