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Pablo Pardo

¿El fin del petróleo a 100 dólares?

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El fabricante de coches eléctricos Tesla ha anunciado que planea invertir 5.000 millones de dólares en la construcción de una planta de producción de baterías para coches eléctricos. Probablemente la idea pase a la historia de los excesos de las empresas de nuevas tecnologías, a un nivel superior incluso a la compra, por 2.000 millones, de la empresa Oculus VR por Facebook. Sin embargo, es también la muestra de que, por primera vez desde que hace 150 años el petróleo empezó a ser explotado de forma moderna en Titusville en el noroeste de Pennsylvania, ese mineral está empezando a tener alternativas claras y económicamente viables (aunque probablemente no en la escala a la que sueña Elon Musk, el director ejecutivo de Tesla). 

La anécdota de Tesla define los cambios en la demanda de energía en el mundo. Pero no es un caso aislado. A medida que desarrolla una economía más avanzada y, por tanto, basada en el sector servicios, la ‘intensidad energética’ de China se reduce. Es decir: la segunda mayor economía del mundo necesita menos energía para generar la misma cantidad de producción. A eso se suman las medidas de control de emisiones de gases que provocan el calentamiento de la atmósfera en ese país, en Estados Unidos y en la Unión Europea. 

¿Qué significa todo esto? Que la demanda de petróleo está dando señales de estabilización. Incluso con la recuperación de Estados Unidos ganando vigor cada día que pasa, y con China manteniendo crecimientos por encima de 7% anual, parece improbable que el precio del barril vaya a superar los 110 dólares por barril en el caso del petróleo Brent, que se usa de referencia en Europa y en buena parte de Estados Unidos.

Y, por el lado de la oferta, Dakota del Norte y Texas siguen encabezando el aumento de la producción de crudo en este país, gracias a sus yacimientos de petróleo no convencional. Otros países, como México y Canadá, también están sumándose a esa dinámica. Probablemente quienes sostienen que el barril va a caer a los 75 dólares (28% menos que ahora) estén muy equivocados. Pero de lo que no cabe duda es que la bonanza petrolera se ha acabado.

Eso tiene también perdedores. Rusia y Venezuela están entre los países que pueden verse más perjudicados. Su petróleo es caro, su industria anticuada y carecen -sobre todo Venezuela- de capital y de confianza de los inversores extranjeros para mantener su primacía en un mercado más competitivo. Irán es otra nación que en pocos años necesitará decidir si quiere mantener su actual línea política o admitir los hechos y asumir que no basta con tener petróleo. También hay que saber sacarlo de la tierra, refinarlo, venderlo y transportarlo.