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Pedro Llorens

Al fin del mundo yo iré

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A Corazón de mi Patria le hicieron una tercera, cuarta o quinta intervención en La Habana, esta vez en familia y con Photoshop… y el resultado fue que una de sus hijas perdió la operación que se había hecho en la nariz (la foto obviamente era vieja) y el comandante su característica verruga… y todo por el empeño en ponerlo pepito, con cara de hace muchos ayeres.

Ahora lo traen con equipo médico y todo para que pueda volver a apretar “durísimo” la mano de Maduro y darle las supuestas órdenes con letra de bolero a las que nos tiene acostumbrados, como esta de Consuelo Velásquez: “Quiero tenerte muy cerca, mirarme en tus ojos, verte junto a mí”... tan categóricas que tendría que ser respondida con otra de igual inspiración, como la de Luis Kalaff: “Aunque vayas donde vayas, al fin del mundo yo iré…”.

La melancolía como telón de fondo de la farsa rojorrojita ha calado hondo en la rockola oficialista, lo que no es de extrañar en un Gobierno de mucho ruido y cero nueces, capaz de organizar en el Teresa Carreño una reunión de chamanes y líderes espirituales para un ritual de curación dedicado a Corazón de mi Patria, en el marco del “Encuentro de sabios y sabias indígenas”, cuyo fin es afianzar la identidad originaria (hace ya bastantes años, cuando estaba de moda hablar de la identidad del venezolano, pidieron a Salvador Garmendia su opinión sobre el tema y éste no vaciló en responder: “¡No sé si el venezolano tenga alguna identidad, pero en todo caso debe ser muy fea!”).

Y entretanto la oposición, con el corazón encogido, hace de tripas corazón, mete el corazón en un puño y se zampa de cabeza en el debate sobre si el hombre está recuperado o si está “tan pior” que no se lo pudieron mostrar a Evo Morales… tête à tête con el vicepánfilo ejecutivo, que juega con ventaja y cuenta con el recurso de la mentira constitucional, convalidada por el TSJ.

Sin entrar en detalles, meternos en camisas de once varas ni circunstanciar los hechos, minucias aparte y pormenores al margen, es obvio que en el gobierno (minúscula por inexistente) nadie trabaja… y el botón de muestra es la Cancillería, donde Maduro dio ejemplo de ausentismo laboral mientras participaba en la campaña de Corazón de mi Patria o viajando con éste a Cuba hasta que fue nombrado vicepresidente, sin dejar el cargo de canciller, con lo cual duplicó sus funciones sin ejercer ninguna de las dos… En su lugar quedó Jaua, quien al mes de nombrado (firma electrónica), cuando llega a la Casa Amarilla, tiene que preguntar dónde queda el despacho del canciller.