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Henrique Salas Römer

El fin de la era chavista

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Todo ocurrió en una pequeña población estadounidense. Un reportaje de la prensa local sobre el suicidio de un niño condujo a una cadena espantosa de suicidios infantiles. El caso lo relata Malcolm Caldwell en una de sus obras más leídas, The Tipping Point.

Caldwell, quien recorre un sinfín de acontecimientos similares, sostiene que, tal como ocurre con los terremotos, un hecho aislado, un pequeño “deslizamiento”, puede desatar “la furia de las entrañas de la Tierra” y conducir a la muerte y la destrucción.

En el mes de enero, a propósito de la conmoción que provocó el asesinato de Mónica Spear y de su esposo, Henry, en presencia de su pequeña Maya, recordé al asesinato 100 años antes, en 1914, del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa, Sofía, hecho que provocó, apenas 30 días más tarde, el estallido de una conflagración que llevó a la muerte a más de 10 millones de seres: la Guerra del 14, la Primera Guerra Mundial.

Párrafo aparte, subrayaba que la muerte de la joven madre y actriz le había puesto rostro a la violencia, al juntar en nuestra memoria colectiva los 25.000 asesinatos acontecidos el año anterior, y generar un profundo sentimiento de indignación nacional. “Solo la indignación nos hará libres”, escribí desde mi cuenta de Twitter.

Poco me imaginaba entonces que calificados analistas, dos meses más tarde, asociarían las protestas estudiantiles que desde el 4 de febrero han estremecido al país, con el conmovedor asesinato que venimos relatando. De allí mi referencia inicial al Tipping Point. ¿Será el asesinato de Mónica Spear el detonante que pondrá fin a la era inaugurada por Hugo Chávez… 15 años atrás?

No se trata de una hipótesis descabellada. Poderosas presiones se venían acumulando en el sustrato social venezolano, fruto de la criminalidad, del colapso del sistema de salud, de los frecuentes apagones, de los atropellos del CNE..., hechos a los que se había sumado en el último año un dramático colapso de la capacidad adquisitiva del venezolano y alarmantes niveles de escasez.

Tan grande era la inconformidad que al observar la resignación de la gente ante los hechos que ocurrían, muchos llegaron a pensar que el pueblo venezolano había caído en ese “letargo” letal propio de sociedades que, como la cubana, por largos años han sido sometidas.

Pero la indignación llegó. El estallido se produjo. Estalló arriba en las serranías, por donde comienza la patria, y como lava volcánica bajó a las principales ciudades, donde permanece vivo, ardiente, voraz...

La primera llamarada se produjo en San Cristóbal, 30 días después del asesinato de Mónica.

¿Habrá sido su muerte el detonante?

A veces la historia se repite… con matemática precisión.