El Nacional

• Caracas (Venezuela)

Opinión

Leopoldo Tablante

El filo de Matisse

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Más de 10 años después de constatarse su desaparición del antes llamado Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber, fue hallada la Odalisca con pantalón rojo de Henri Matisse en una habitación del hotel Loews de Miami.

La localización de la pintura -valorada en 3 millones de dólares, aunque quienes la poseían, Pedro Antonio Marcuello y la mexicana María Martha Ornelas, pretendían negociarla por menos de la cuarta parte de ese monto- fue llevada a cabo por funcionarios encubiertos del FBI.

Al día siguiente, la fiscal general de la República, Luisa Ortega Díaz, se pronunció y dijo que era necesario ajustar los mecanismos diplomáticos pertinentes para confirmar la legitimidad de la pintura y para que, en caso de que la experticia diera positivo, fuera repatriada.

Esta declaración ex post facto pone en evidencia la capciosa languidez del Estado venezolano y su vulnerabilidad para salvaguardar el patrimonio público. En 2000 el presidente Chávez se hizo fotografiar al lado del falso Matisse durante una visita oficial al Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

Ningún experto había certificado todavía que la pieza no era genuina, aunque la réplica fuera más bien grosera. Sin embargo, la inconsciencia del primer mandatario simboliza la política oficial en materia de artes plásticas durante los últimos 10 años.

Se sabe que entre las prioridades del presidente Chávez no figura la conservación de una pieza pictórica que, a su juicio, connotaría los valores del arte burgués.

Por ello la "revolución de la conciencia" de su política cultural ha preferido convertir los espacios expositivos del Estado en ámbitos de promoción masiva de artistas nacionales sin reconocimiento oficial, anteriormente desdeñados debido a la institucionalización de una noción "aristocrática" y excluyente de cultura.

En ese espíritu, los museos venezolanos se han transformado en ámbitos opacos que se caracterizan por acoger actos oficiales y por inhibir a los visitantes. Sin embargo, el arte, como la energía, se transforma.

Por ejemplo, la interpretación de las editoriales del Estado en ramas de divulgación ideológica del régimen ha ayudado a diseminar una noción de riesgo entre los autores y editores que le son adversos, de entre quienes han surgido nuevas voces, nuevos sellos y un movimiento que reivindica una tradición venezolana.

Ese esfuerzo, que ha madurado desde listas de correo electrónico, blogs y páginas web -aunque también desde actividades apoyadas particularmente por alcaldías de oposición- ha fraguado en un movimiento literario que ya tiene sus autores de cabecera, sus editoriales, sus títulos de culto y, por supuesto, sus celos y sus rencillas.

Mientras que el Estado bolivariano fija su propia agenda ideológica, privilegia obras prioritarias y sacrifica otras que contrarían sus valores, las piezas purgadas y sustraídas -¿por quién?- de los museos nacionales encuentran su tasación por los caminos verdes.

Junto a la Odalisca con pantalón rojo, otras 14 piezas habrían abandonado los depósitos del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas según un inventario realizado en 2001 cuando la directora de la institución era Rita Salvestrini. Y como el lienzo de Matisse (aunque seguramente con más discreción que éste), la fortuna de ese patrimonio es, en el mercado del arte, inversamente proporcional a su supuesta devaluación política en la Venezuela polarizada.

El destino de la Odalisca... pone de manifiesto el itinerario natural de una dama arribista caraqueña (en este caso, de una caraqueña por adopción) desde el aeropuerto internacional de Maiquetía: Miami, parada obligatoria del dinero latinoamericano expatriado, donde la vitalidad y la frivolidad de un cierto cosmopolitismo tropical -apuntalado desde los años ochenta por los dólares del Cartel de Medellín- son el eslabón de un sueño, con o sin visa, con filo suficiente para rajar el cuero curtido y el alma resteada del Hombre Nuevo bolivariano, ese engendro anacrónico que, como la réplica de nuestro Matisse, no ha sido más que una mala copia.

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