• Caracas (Venezuela)

Opinión

Al instante

Alexis Correia

Una fiesta de locos

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El Mundial es show e inclusión, algo a veces difícil de comprender por los puristas. El fair play del Mundial implica aceptar que hablen de fútbol los que solo lo ven cada cuatro años, y que Román Lozinski diga en la radio, por ejemplo, que la Copa de 2018 será en Qatar (sic). Dicho esto, quizás sea conveniente delimitar el show y el fútbol y ahorrarle malos momentos a gente como el comentarista Gerardo Riccardi, al que uno le puede criticar cualquier cosa, menos un timbre de voz agradable que se relaciona ancestralmente, desde los años más vigorosos de Lázaro Candal, con días de Mundial.

En mala hora, al pobre Riccardi le tocó formar parte de una antesala del juego inaugural de Brasil 2014 en TVES que fue una fiesta de locos, como la canción de Calle 13. Flanqueado por Roberto Messuti, Layla Succar (que dijo Claudia “Lieter” en vez de Leitte) y un par de zanqueros, casi ni lo dejaron hablar. Después tuvo que mover un pie cuando la cantante Ariana Dao (el nombre lo tengo que buscar en Internet, pues ni siquiera había generador de caracteres para identificar a los artistas) interpretó versos de “Venezuela quiere paz y amor”. Tradúzcase por amor encerrar a la gente en Ramo Verde por delitos de opinión.

Una revolución corre peligro cuando se vuelve rutinaria. Y ya uno sabe que en cualquier acto público que requiera cierto barniz de pluralidad, sea el Mundial de Fútbol o el diálogo de paz en Miraflores, verá más o menos a la misma gente: Messuti, Succar, Dilia Waikkarán, Winston Vallenilla (tocándose el corazón y lanzando besos), Roberto Moll, el joven cantante al que llaman Potrillo y aquel actor de Por estas calles apodado Rodilla, entre otros, hicieron acto de presencia en el estudio de Los Ruices antes del Brasil-Croacia, a los que se agregó alguna que otra barajita nueva como Karina “la Pupy” Salaya. El segundo bloque de la antesala pasará a los anales de la entropía de la televisión venezolana: Layla gritaba “¡No tengo micrófono!”. Se coleó una pista equivocada de la ya citada Ariana Dao. Se montó en tarima un trío nunca identificado de música urbana cuyo tercer integrante, al parecer, estaba en el baño de caballeros, porque llegó corriendo cuando la canción ya llevaba como cuatro minutos. A una de las dos garotas en hilo dental (“¿qué diría Blanca Eekhout?”, se preguntó un amigo en Twitter) casi se le salía un pezón.

Winston, el presidente de TVES, se ha puesto el mono de obrero y hasta es la voz de algunas promociones de programas del canal, como De zurda, un análisis diario con Diego Maradona. No todo es blanco y negro, y la verdad sea dicha, Messuti no estuvo tan equivocado cuando calificó la inauguración del Mundial en Sao Paulo como “espectáculo mayamero”. Como novedad, vi por lo menos un anunciante privado (Movistar) y una cuña del Vergatario 3 en la que se muestra una visión amable sobre un opositor (tenía como ringtone de celular el himno de AD y un tema electoral de Capriles Radonski en versión de ardillita).

También es un mito pensar maliciosamente que uno se va a sentar a ver un juego de fútbol en TVES y escuchará un montón de barbaridades. Ya metidos en lo estrictamente deportivo, el relato del Brasil-Croacia, con César “Nanú” Díaz, Francisco de Andrade y el ex guardameta Gilberto Angelucci, fue algo aburrido y de poco vuelo, aunque aceptable. Me extrañó que De Andrade no hiciera casi mención a Óscar, analizado en frío, quizás la verdadera clave del juego ofensivo de Brasil, incluso más que Neymar, aunque estas valoraciones siempre son subjetivas. A todo canal le cae bien un estadístico-numerólogo: en el momento en que Angelucci se preguntaba (sin respuesta) cuántos primeros goles de un Mundial habían sido autogoles, Mister Chip publicaba esos datos en Twitter.

Con respecto al penal dudoso sobre Fred (el 2-1 para Brasil): nadie que haya visto la jugada antes de la repetición y que haya gritado “¡penal!” (me incluyo) tiene moral para criticar al árbitro japonés. Hay que entender que, en tiempos de fútbol-negocio, todo jugador es un maquiavélico artista del engaño. Angelucci fue uno que mordió completico el anzuelo. “¡Es penal, claro!”, soltó en primera instancia, antes de recular. César Díaz, zorro viejo, desconfió desde el comienzo: “Quiero ver esa jugada”. Punto a favor para Nanú.

En Twitter: @alexiscorreia