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EDITORIAL

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La feria del libro, Valencia

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Mañana se clausura en Valencia uno de los acontecimientos culturales más importantes de nuestro país, la 13ª Feria Internacional del Libro que auspicia la Universidad de Carabobo y que, con los años, se ha ido consolidando y calificando entre las buenas ferias de América Latina. En un país donde la cultura atraviesa un periodo poco propicio para el debate de las ideas y para el intercambio entre escritores y lectores, celebrar el gran éxito de la Filuc es un motivo de estímulo, y, por consiguiente debe ser resaltado.

Al inaugurar la feria, la rectora de la Universidad de Carabobo, doctora Jessy Divo de Romero, dijo que ese centro de estudios promueve la lectura como un instrumento para el desarrollo de la sociedad. No hay nada que pueda compararse con la lectura porque es a la par divertimiento y reflexión, y porque se inscribe en aquellas actividades humanas que producen paralelamente placer y sabiduría.

Convendría registrar que la organización de la Filuc fue excelente. En primer término, la programación intensa. El país invitado este año fue Colombia, muy bien merecido por diversas razones. Mencionar algunas sería pertinente, por los vasos de comunicación entre ellos y nosotros, por su extraordinaria industria editorial que está a la cabeza de la latinoamericana, por la calidad de sus escritores. En Valencia estuvieron presentes escritores colombianos como el novelista Oscar Collazos.

Se dice que participó un alto número de librerías y editoriales, y este es buen índice de la importancia de la industria editorial. Comprendemos que unos y otros atraviesan problemas muy complejos como consecuencia, en primer lugar, de la rigurosidad del control de cambios. Esto nos atrasa tremendamente con respecto a las nuevas publicaciones. Las novedades escasean, en efecto. El control de cambios tiene otros efectos negativos, además de influir sobre la importación, y nos referimos a la imposibilidad de rescatar sus inversiones los editores extranjeros. De ahí que sean pocas las casas editoriales que quedan en Venezuela.

La programación, en efecto, fue de gran intensidad. Se presentaron libros de todos los colores y de todas las ideas. Hubo recitales de poetas como Rafael Cadenas y Alejandro Oliveros, ambos editados por el sello Pretextos de España. No se olvidaron a los niños y para la literatura infantil hubo un lugar especial que llevó el nombre de Chamario, un poemario de Eugenio Montejo.  

Un capítulo que merece mención particular fueron los homenajes rendidos a dos personajes de nuestra cultura, como son la novelista Michelle Ascencio y el historiador Elías Pino Iturrieta. Este homenaje tradujo el necesario reconocimiento a quienes como ellos se desvelan por el país y han dedicado sus vidas a la interpretación de lo que somos. Una obra admirable, vasta y diversa.

La 13ª cita de Filuc fue auspiciosa, congregó a innumerables lectores y les ofreció a los venezolanos del centro de la nación una semana de convivencia y reencuentro.