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Froilán Barrios

El 14 de febrero de 1936

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Luego de las protestas de 2007 contra el cierre de RCR vuelven a la calle las manifestaciones estudiantiles, esta vez con mayor intensidad ante la profundización de la crisis política y los efectos devastadores de la errática economía promovida en nombre del socialismo del siglo XXI, generadora de la precarización del nivel de vida de la población y la masacre impune de la juventud por el hampa y la inseguridad. De los partes de guerra semanales 70% de los decesos es de venezolanos menores de 30 años.

Lo sucedido el pasado 12 de febrero en Caracas y el asesinato de tres venezolanos en lucha por la democracia forma parte de la historia venezolana, siendo febrero un mes de anécdotas que han signado profundos cambios para bien o para mal en el destino nacional. En tal sentido, Mariano Picón Salas manifestó tras las jornadas de febrero de 1936 que estas marcaban el inicio del siglo XX venezolano, tras el efecto profundo de las movilizaciones civiles, obreras y estudiantiles que sacudieron al país en ese convulsivo año.

El 14 de febrero de 1936, cuenta Luis Cortés, hubo 6 muertos y resultaron heridos alrededor de 150 ciudadanos. Los manifestantes gritaban: “No somos comunistas”, “queremos prensa libre”, “queremos garantías”. Sin embargo la manifestación no se disolvió. Algunos manifestantes llegaron a tomar sangre de los fallecidos y escribir con ella en las paredes de la odiada sede de la Gobernación, antiguo símbolo del gomecismo.

Por la tarde de ese mismo día salió a la calle otra manifestación, tan multitudinaria como la de la mañana, apoyada esta vez por la Junta Patriótica, compuesta por Jorge Luciani, Miguel Acosta Saignes, Rolando Anzola, el poeta Manuel Felipe Rugeles, Ernesto Silva T., Hernani Portocarrero y Raúl Osuna, seguida por organizaciones obreras y estudiantes de la Universidad Central de Venezuela, encabezada por el eminente médico doctor Francisco Antonio Rísquez, su rector, y el estudiante Jóvito Villalba. Fue tal movilización un innegable triunfo de la llamada “Generación del 28”, la cual ocho años antes había insurgido contra la autocracia gomecista.

De la fuerza de la movilización surgió el Programa de Febrero contenido por un diagnóstico inicial  de las áreas problemáticas y posibles soluciones, comenzando por la promulgación de una Constitución Nacional a tono con los  cambios que el país había experimentado, la creación de una Oficina Nacional del Trabajo, el desarrollo de una campaña sanitaria, la reorganización de la educación, la reforma del sistema tributario, el establecimiento de un Banco Central, el fomento de la inmigración, la modernización del Ejército y el estímulo del alicaído aparato productivo. Estas medidas fueron un logro político inmediato, pues pudieron apaciguar el clima de crispación nacional que campeaba.

La dimensión de la protesta nacional actual nos ratifica que los estudiantes son profetas del cambio que integre al resto de la nación de trabajadores, empresarios, partidos políticos, Iglesia, academia en el objetivo de la reconstrucción nacional y la democracia.

*Movimiento Laborista