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José Valor Oquendo

A favor de los gorditos eternos

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Nunca he sido un tipo atlético. La mayor parte de mi vida me la pasé inventando excusas para no hacer ejercicio como el pie plano o el hecho de que sudaba cada vez que el correcaminos me hacía sudar cuando corría para alejarse del coyote, y ese era mi ejercicio; por eso a nadie le sorprende que vaya al gimnasio dos veces al año: para inscribirme y para retirarme. Es costumbre mía que tengo que llamar para suspender el cobro de la mensualidad en mi tarjeta de crédito cada vez que paso dos meses sin ir porque “me tengo que ir de viaje a trabajar” cuando en realidad tengo un trabajo tan aburrido y monótono como el de un vigilante sin café.

Lo incómodo no está en el hecho de que me cueste ir al gimnasio, sino que siempre tengo que encontrarme al entrenador que solía atenderme en cualquier lado. Pareciera que estuviese arreglando su vida social para encontrarse conmigo donde voy. Y no es como que yo me la mantengo yendo a ventas de proteínas o ventas ilegales de esteroides, no. Yo por lo general, como buen gordito, me la paso en lugares donde expenden carbohidratos y grasas saturadas, como ventas de empanadas o dulcerías para evitar encontrarme con la gente del gimnasio. Y siempre tengo que contestar sus preguntas que, aunque las respuestas sean obvias, las repite cada vez que me ve: “¿Y eso que no fuiste más?”. Por lo general, le doy la misma excusa que le doy a la administración del gimnasio, pero ya me cansé. Esto es para ti, entrenador de gimnasio, que sé que me estás leyendo y no tengo la fortaleza para responderte en persona.

¿Por qué no fui más? ¿Cómo que por qué? ¿Tú acaso alguna vez en la vida has probado una empanada frita con salsa tártara? ¿Un vaso de refresco con un plato de pasta? ¿El aire acondicionado? Sí, te nombro el aire acondicionado o la temperatura agradable, porque yo creo que no hay nadie en este mundo que prefiera estar sudando que estar sentado en una mesita con un tecito frío sabroso, como japonés de karaoke (¿Saben? Cuando cantas en un karaoke cualquier canción y de fondo aparece un japonés tomando tecito o corriendo en la playa). ¿Ejercicio? Yo sé que es bueno para mi salud, pero si no lo hago, por favor, no me hagas sentir culpable. Si hacer mucho ejercicio y verme fitness es la mejor manera de encontrar a la mujer de mi vida, entonces me conformo con la segunda mejor, o la tercera… En fin, quizás ella sea buena y si no lo es, trataré de no casarme por la iglesia y de hacer capitulaciones. Aunque te doy la razón en algo, entrenador de gimnasio: la ropa de hacer ejercicio es la más cómoda porque está llena de elásticas por todos lados, aunque al final termina siendo la más cara y terminas pareciendo un señor que trabaja en mudanzas. Así que te agradezco, entrenador de gimnasio, cuando me vuelvas a ver en la calle no me preguntes por qué más nunca fui… Pregúntame más bien una buena receta de tequeños rellenos con jamón y queso, porque los gorditos eternos como yo no tenemos remedio. Solo tenemos ropa de muchas tallas para seguir disfrutando de esa montaña rusa en la que vivimos, como Oprah o una participante de Miss Venezuela que nunca lo logró.