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Demetrio Boersner

¿Quiénes son los fascistas?

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El régimen autoritario venezolano se empeña en calificar de “fascista” a la oposición democrática, cuando en realidad él mismo, por su conducta, sus orígenes ideológicos y su composición social, merecería ese calificativo.

El fascismo surgió en Europa como expresión brutal de una contrarrevolución oligárquica dirigida a reprimir los ascendentes movimientos obreros y socialistas junto con la democracia liberal, y a implantar el principio de la desigualdad absoluta y la dominación “natural” de los rudos sobre los mansos. Para sus fines, la oligarquía buscó el apoyo de sectores populares reaccionarios: pequeños burgueses rabiosos, nostálgicos del pasado, y elementos del “lumpen-proletariado”. A cambio de garantizar las bases económicas de la oligarquía, los caudillos fascistas plebeyos ejercieron el mando político absoluto y participaron en el disfrute del botín material. De este modo, los fascismos presentan un doble cariz: oligárquico en su esencia pero populista en su forma. A veces el componente popular incluso se mostraba rebelde y “revolucionario” frente a la cúpula oligárquica y han ocurrido algunos auténticos enfrentamientos intrafascistas.

En América Latina existen dos modelos históricas de fascismo o parafascismo: el uno, representado por dictaduras militares tradicionales (tipo Trujillo y Pinochet) y el otro, también militar pero disfrazado de “revolucionario”, capaz de entusiasmar a masas populares mediante programas de asistencia clientelar (tipo Perón). Sus diferencias son más aparentes que reales: también los peronismos están al servicio de oligarquías viejas o nuevas. En el siglo XX, ambos tipos de fascismo latinoamericano integraban la “Internacional de las Espadas”, y se apoyaban mutuamente contra las democracias.

El régimen chavista –hoy protestado por una alianza mayoritaria de clases medias y populares, dirigida por hombres y mujeres de convicción socialdemócrata, socialcristiana o liberal (ningún fascista entre ellos)– se diferencia del peronismo por su empeño en ser “socialista” y en identificarse con el otro totalitarismo, de origen y filosofía distintos pero de conducta similar: el estalinismo-castrismo. Sin embargo, la inspiración original de los conspiradores encabezados por Hugo Chávez fue de corte fascista: militarismo autoritario, concepto de la tríada líder-ejército-pueblo, influencia de los “carapintadas” y del neonazismo de Ceresole. El apego al comunismo cubano vino después, e influye sin duda, pero la realidad es la de un régimen al servicio objetivo de los intereses de una plutocracia civil y militar, corrupta y enriquecida a expensas del pueblo. Esa realidad objetiva, aunada a prácticas de represión brutal y letal comparable a la de camisas pardas y negras, indica con claridad en qué bando se ubican los fascistas en Venezuela.