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Francisco Paz

El éxodo venezolano y la oposición

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Otra vez en el 14, como cuando los caraqueños, entonces aspirantes a paisanos de la época, corrieron al Oriente tratando de escapar de Boves, una gruesa de venezolanos huye despavorida empujada por unas circunstancias que bien podría resumirse como un país en liquidación. Como mi punto de vista sobre cuál de ambos éxodos deriva de una peor situación es más bien aburrido por obvio, me ahorraré ese espacio al no decirlo y les ahorraré tiempo a los osados lectores que ya empezaron a darle una mirada a esto. Lo que sí no puedo tapar es que el retroceso del país ha sido tal que la obra de Boves, prolífica en asesinatos, torturas, violaciones, saqueos y pare usted de contar, no le toma mucha ventaja a lo que vivimos los venezolanos por las acciones u omisiones de quienes vienen ostentando y usufructuando el poder desde hace poco más de quince años.

Dicho eso, no desperdiciaremos tiempo y espacio en hablar de las razones del éxodo de hoy, evidentes, claras e indiscutibles. Nos queremos referir más bien a las consecuencias y a si algo hay que hacer con respecto a esto. Podemos enumerar ventajas y desventajas; consecuencias internas y externas; graves y leves. Si empezamos por las malas noticias, encabezaremos la fila con cómo ese éxodo se nutre de jóvenes profesionales que, tras una rápida constatación de que sus posibilidades están neutralizadas por una dirigencia que se empeña en sacar a patadas la confianza de propios y extraños en este pedazo de tierra, y por unos obstáculos que devoran cualquier atisbo de esperanza que pueda surgirles. Y se están yendo, cada día, llevando como primer equipaje lo que la sociedad venezolana ha invertido en ellos, en su formación, para favorecer otras sociedades que procurarán quedarse solo con los mejores. Y sí hay consecuencias buenas. El solo hecho de que muchas familias venezolanos abran embajadas a lo largo y ancho de la bolita del mundo en esta sociedad global, en mucho ha contribuido a mitigar el desamparo en que nos encontramos como sociedad. No estamos solos en el mundo en buena parte gracias a eso. O solo, quizás, estamos menos solos.

Claro que la sola idea de tratar de convencer a un venezolano que ha logrado pegarle la mano a un boleto aéreo decidido a buscar la vida que aquí le es esquiva, asusta. Y asusta porque con qué ánimo puede uno venir a decirle a un ser querido, a un amigo o al hijo de un amigo, con el pretexto de las dificultades que uno ha oído que se viven al emigrar, que sigan arriesgando sus vidas cada segundo que prolongan su permanencia aquí. Nos dirán que es como si en 1814 se le pidiera a la familia que esperaran la llegada de Boves. La diferencia estaría ahora, hay que responder, en que ahora nos quedaremos con la familia, no la dejaremos mientras vamos “un momentico” a Oriente. Tratar de hacerlo es una tarea difícil, dura y penosa, pero es una tarea que la dirigencia opositora debe asumir.La agenda de la oposición debe incluir el desafío de insuflarle esperanzas a la juventud venezolana.

Si bien la sola precariedad de las instituciones basta para disuadir a cualquier persona de permanecer en Venezuela, es afincándonos en los escombros de éstas que debemos empujar ese esfuerzo. La MUD tiene que proponer una agenda clara que se sacuda las impaciencias y le muestre a nuestra juventud un horizonte que siendo realistas, está lleno de posibilidades que lucen prometedoras. Sí, no más que eso, pero eso basta. La agenda está marcada y no hay mucho que mirar hacia los lados. Las elecciones de 2015, sin duda, son una encrucijada importante que puede constituirse en un primer paso en la reconstrucción institucional en el marco del hoy maltrecho Estado de Derecho (muchos dirán siguiendo al eminente cirujano Germán Aranguren, que “maltrecho” es un piropo). Hay que ponerle entusiasmo a ese proyecto y propagarlo. Que la oposición pareciera convencida de lo contrario y sus actitudes visibles desanimen a muchos de quienes no creen en este despropósito quinceañero al que hemos logrado sobrevivir, forma parte de los panoramas que veremos a lo largo de este proceso social.

Cabe recordar a cada momento que la MUD no es un partido político, sino un milagro político. Tiene tropiezos y los seguirá teniendo, pero debemos estar persuadidos de que luego de las discusiones y revisiones de estos días – que en realidad son envidia de quienes se proclaman demócratas y son hijos del dedazo – vendrán los reacomodos y comenzaremos a remar de nuevo. Espero, por cierto, que entre las cosas que se logren, esté el reacomodo de Ramón Guillermo Aveledo, de vuelta en la Secretaría Ejecutiva de la Mesa. Carambola o táctica, el momento escogido para el debate en la MUD luce inigualable y favorable en superlativo. Cada partido que diga lo que piense, como siempre, sobre lo que hace y, más importante, lo que no hace el gobierno. Que cada quien se pronuncie como mejor le venga en gana sobre la inmoral pretensión de aumentar la gasolina mientras se sigue despilfarrando hasta lo que no tenemos. Que la agenda incluya que, todos a una, tratemos de impedir el remate de Citgo y que la renta petrolera, o lo que queda de ella, no la siga manejando una camarilla incivil a su antojo.

Motivos para seguir en el país, luchando como creemos y por lo que queremos hay suficientes. Mejor aún: hay con qué. Más allá de las invitaciones cordiales, veladas y no tan veladas, que recibimos para abandonar el país a cada momento desde el poder.  Hay que sembrar el entusiasmo y hay que centrarse en la agenda. Tenemos que venderle la idea, desde ya, sobre todo a quienes huyen despavoridos ante el aparente avance indetenible de un Boves reencarnado.Y, por supuesto, va de suyo que hablo de aquí y de ahora.