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Yumber Vera

La estrategia del imperio

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A comienzos de esta semana circuló por las redes sociales una foto en la que Kim Gordon sostenía un papelito en el que escribió “SOS Venezuela. Estoy con ustedes”. Al verla, inmediatamente la retuiteé porque me sigue causando mucha sorpresa la manera cómo ha calado, más allá de lo que muestran o publican los medios internacionales, la actual situación que sacude a nuestro país. Si bien sobre este tema ya se han pronunciado desde Madonna hasta Steven Tyler (vocalista del grupo Aerosmith), al igual que el DJ Steve Aoki, y más recientemente Demi Lovato, quien incluso se puso la “Prohibida” en un concierto, el gesto de la ex bajista y cantante de la legendaria agrupación neoyorquina de indie rock Sonic Youth es una confirmación más de que los ojos del mundo están puestos en este momento en nosotros.

A contramano de lo que considera el presidente Maduro, que aseguró hace algunos días, a partir de esa dinámica tan propia de la cultura venezolana de achacarle la culpa al otro,  amplificada en la política de casa durante los últimos 15 años, que las opiniones de los músicos internacionales son parte de una campaña de Estados Unidos contra su gobierno, no es posible que Gordon o Madonna se prestaran a semejante orquesta propagandística cuando, al igual que el chavismo, tuvieron en el pasado un enemigo común: “Mr. Danger”. Antes de pronunciarse de forma simplona, a menos que tenga pruebas de lo contrario, el mandatario debería indagar con mayor profundidad acerca de los motivos que llevaron a estos artistas (aunque parece más que evidente) a reaccionar contra la actitud del gobierno venezolano.

El artista, por naturaleza, es sensible al contexto o a la coyuntura que le toca vivir. Así que al ver por la televisión o enterarse mediante la prensa de la brutalidad con que los cuerpos de seguridad del Estado arremeten contra las protestas, cualquier artífice reacciona instintivamente con animadversión frente a esos sucesos. Pese a que es cierto que sus reflexiones están fundamentadas a la distancia, pues muchas voces, como la de Deal, ni siquiera pisaron Venezuela, los exponentes sienten que su papel los obliga a denunciar la violencia. Por lo que sus pronunciamientos sin duda están alienados por las posiciones editoriales de los medios, contrastados con otras realidades sociopolíticas (por eso, erróneamente, se compara a Venezuela con lo que sucedió en Ucrania), y hasta alimentados por compatriotas que solo muestran un lado de la moneda.

Si bien me he referido al sonido “hecho en imperialismo”, la comunidad musical latina también se prendió al llamado a la paz. Al tiempo que Marc Anthony y Marco Antonio Solís apelaron por la elocuencia en los Premios Lo Nuestro, Carlos Vives y Ricky Martin coincidieron en su angustia en el Festival de Viña del Mar. No obstante, mientras Rafael Cadavieco acalló por Twitter la injerencia demagógica de Residente de Calle 13, y Aldo, del dúo de rap cubano Los Aldeanos, compuso un tema para Venezuela, Rubén Blades y Silvio Rodríguez protagonizan un debate tras las cartas que el salsero panameño le envió a Maduro en las que cuestionó la ausencia de un liderazgo que llame a la unidad. A lo que el trovador respondió: “Tengo la tristeza de que ya no podré escucharlo como ese cantor de nuestra América que quiso ser”. Esto pica, y se extiende.