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Ildemaro Torres

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Seré fiel a la tradicional preocupación de un cronista, un  articulista, o alguien agradecido como lo estoy de disponer de un espacio que permite la posibilidad de comunicarse, por la correspondencia entre el título de un texto y el contenido del mismo. Esta vez deseo comenzar expresando mi profundo pesar por el fallecimiento del Dr. Ramón J. Velásquez, depositario de mi más entrañable sentimiento de respeto, admiración y afecto, y quien habrá de permanecer como significativa presencia en nuestra memoria.

Fácilmente identificables Los uniformados llevan máscara, casco, bombas lacrimógenas, granadas, y un enorme escudo; y los otros, con sus franelas rojas, su mochila también repleta de bombas, montados en sus motos y con una pistola asomándoseles en el pantalón; basta, digo, para saber que unos son de alguna rama de las Fuerzas Armadas (los de pecho forrado en condecoraciones y charreteras repletas de soles) o policiales, con sus cómplices en la misión fascista de impedir toda marcha o concentración de los opositores a la pandilla oficial, en papel de agresores impunes los motorizados y como sus protectores fichas castrenses.

Y ¿qué del tal Maduro? El prefiere las relaciones en términos de violencia, porque carece de una formación mínima que le permita mirar más allá; se siente bien hablando a gente alineada firme y lista para obedecer sus órdenes, es su visión cuartelera, Un bravucón en franco hundimiento. Por todo ello y lo que aún seguramente traman, insisto en que es deber nuestro unirnos, organizarnos y trabajar por la salida del poder de esta legión de delincuentes, y no sólo para darle un alto a la degradación que padece el país, sino por nuestro derecho a la vida y a vivirla en paz dignamente.

Como ciudadanos es ineludible el compromiso del recuento consciente de qué hacemos ante el brutal desenfreno oficial que nos acosa. Vemos agredidos a nuestros médicos de sólida formación clínica y académica, entregados con definida vocación a la prestación abnegada de servicios asistenciales, padeciendo la ofensiva del régimen que insiste en desprestigiarlos para en cambio abrirles espacio a los miles de cubanos de presencia impuesta en consultorios, pero sin ninguna constancia ni certificación conocidas de su condición de médicos. Por otra parte, es de lamentar la vergonzosa conducta de abogados ubicados en cargos de la mayor importancia y prestados en tales ejercicios como magistrados o jueces, por adulancia o complicidad rentable, a que el Poder Judicial y la administración de justicia hayan pasado a ser atribución de unos cuantos subalternos   trepadores. Los niños son inducidos a decir y repetir mentiras en cuñas oficiales, en canalla abuso de adultos manipuladores; asistimos a un evidente desbordamiento en lo que a fomento de un culto a la personalidad se refiere, una descarada adoración al líder que es patológica, por quienes pretenden hacer alguien del elemental caudillo barinés, forzando homenajes a él en las escuelas públicas como obligación.

Llegados a tal foso ya nada puede ser peor en cuanto a descrédito nacional y ante el mundo.

Se trata, en síntesis, de un régimen que cerrará su bochornoso ciclo histórico con un fracaso político, pero un exitoso asalto a los bienes de la Nación, todo puesto al servicio de sus intereses personales y de su ambición, unido a su irrespeto al honor y la conciencia moral del pueblo. Este sistema financiero nuestro es una verdadera guarida de delitos, y de allí que sea un deber nuestro impedir que el llamado Presidente y su cáfila, terminen de arrasar lo poco que va quedando.